Carreras de aventuras / Carola Doñate

“Fue una experiencia maravillosa”

Hacía una década que no participaba de ninguna competencia atlética, pero cambió la pista por las carreras de montaña y acaba de participar de El Cruce Columbia, una de las pruebas emblemáticas que se desarrolla todos los años en la cordillera de los Andes
martes, 10 de diciembre de 2019 · 09:00

El Cruce Columbia 2019, una de las pruebas de aventuras extremas de las de mayor exigencia física y mental que se disputan en distintos puntos del planeta, tuvo su desarrollo días atrás en nuestro país y contó con la presencia de un team local.

El objetivo de la prueba es cruzar la cordillera de los Andes, uniendo Argentina y Chile, en una distancia de 100 kilómetros dividida en tres etapas. Participaron más de dos mil competidores de todo el mundo, de alrededor de 40 países y durante tres días”.

En esta exigente prueba se mezclan varones y mujeres de distintas edades, gran parte de ellos amateur, que comparten la pasión con los de las categorías Elite, en una prueba donde se ponen en exigencia los límites físicos y mentales de los participantes, en medio de paisajes bellísimos.

La prueba se desarrolla en categoría individual y por equipos de 2 personas (damas, caballeros o mixtos) que deben realizar juntos el recorrido.

De nuestra ciudad participaron Carola Doñate (profesora de la Universidad Nacional, de 45 años y que por muchos años fue atleta federada) y Gustavo Pedernera (de 50 años y sin experiencia en competencias atléticas de cualquier tipo).

La dupla villamariense, que conformó el team Por Un Sueño, participó en la categoría Mixtos B. Este equipo fue 23º en su categoría y quedó 139º en la general, luego de realizar la primera etapa en 11 h 7 m 32 s (por una penalización); la segunda en 7 h 34 m 43 s y la tercera en 7 h 10 m 53 s, para un total de 25 horas, 53 m 8 s, para los 100 kilómetros de recorrido.

Para Doñate, una recordada atleta de la década del 90, con varias presencias en campeonatos provinciales y nacionales, con récords obtenidos, la prueba marcó el regreso a las competencias luego de más de una década, pero cambió las pistas por la montaña y las carreras de velocidad, por la de resistencia, lo que obliga a otra preparación.

Los cambios de topografía, la temperatura, la altura y los desniveles son elementos que muestran lo rigurosa que es esta prueba.

“Es tremenda la carrera. Nos fue bastante bien en la categoría. Creo que hubiéramos podido quedar más arriba. Corrimos en el primer grupo, entre 1.300 corredores de Elite y Team”, le dijo Doñate a El Diario.

 

Las etapas

“La primera etapa fue el ascenso al volcán Lanín, con 31 kilómetros a 2.249 metros de altura. Tuvimos un solo puesto de hidratación, cruzamos un río y dos arroyos; me apuné y como tuve que detenerme para recuperarme, por reglamento nos sancionaron con una carga de tiempo, que nos dejó algo atrás en la esa etapa. En las siguientes tuvimos que salir a recuperar. Creo que hubiéramos podido estar más adelante”, relató Carola.

“La segunda etapa fue el ascenso al volcán por la cara sur, más de 1.500 metros de altura, con 33 kilómetros, 7 cruces de ríos y arroyos, descensos peligros, arena, piedra. Acá tuvimos dos puestos de hidratación”, agregó.

“La última etapa fue la más sufrida, con casi 65 kilómetros encima, tuvimos dos cruces de ríos y hubo dos puestos. Tuvimos altas temperaturas, sin sombras, la ansiedad por terminar, pero disfrutando los últimos momentos. Corrí los últimos 12 kilómetros sin descanso, fue terrible esfuerzo, pero estoy feliz. La llegada fue en San Martín de Los Andes. Las dos últimas etapas las corrimos muy fuerte, y logramos subir varios puestos. La segunda y la tercera se largaban de acuerdo a como se llegaba el día anterior. En la segunda etapa largamos en el puesto 178 de 1.300 y la tercera en el 583, por supuesto que en el camino hubo va superando atletas”.

 

La prueba

Sobre el circuito comentó que “estaba perfectamente señalizado, cada una determinada distancia había equipos de rescate por si a alguno le pasaba algo, helicópteros sobrevolaban el lugar, gente a caballo. Hubo nieve, en el primer ascenso largamos con 24 grados y cuando llegamos a la cima hacía -1 grado. Hubo que abrigarse y en el descenso recuperamos la temperatura. Fue complicado correr con esa mochila para mí, que he sido toda mi vida una atleta de velocidad”.

En cuando a lo que se podía llevar en la mochila contó que “llevábamos elementos obligatorios, como el camelback (mochila hidratante), manta térmica, una bolsa de emergencia, otra bolsa con alimentos, geles y la bandera de nuestro país, que desde este año fue obligatoria para todos los participantes, además de llevar en forma visible el número en el pecho y mochila. “Nos revisaban las mochilas, no se podía llevar alimentos con papel”.

Cabe agregar que en cada campamento había carpas que ya estaban asignadas desde la largada y además la organización trasladaba el equipaje de cada atleta. Con la entrega del kit les ponían una pulsera electrónica y el chip que va en las zapatillas”.

La atleta, que ya proyecta volver a las pistas el año próximo, comentó: “Estoy muy orgullosa de mi experiencia y la performance realizada. Fueron 11 meses de preparación. Pudimos sortearla todos los obstáculos, no tenía experiencia en este tipo de prueba y estuvimos a la par de grandes corredores de montaña. Gustavo, mi compañero de equipo, no tenía experiencias en pruebas atléticas de ningún tipo y pudo correr las tres etapas”.

Sobre las características de la prueba, contó que “los ascensos se hacían caminando, salvo los de elite. Era difícil correr, con muchas pendientes. En los descensos se corría un poco más y luego en el final. En mi caso, en la última etapa corrí 12 km sin parar, hasta el arco final”.

 

La llegada

“El último kilómetro lloré de emoción. Cerca de 500 metros antes ya empezás a escuchar tu número y nombre por los parlantes. A la llegada se abre una pantalla con tu nombre, el team y número. Es imposible no llorar. Yo llevaba una remera con la foto de mi hija abajo. Es una experiencia de vida y física maravillosa. Soporté 100 kilómetros, siempre que toda mi vida fui velocista. Fue una gran decisión volver a correr, me encontré conmigo misma, está uno y la cordillera y volví a mis raíces. Fue una gran experiencia”.

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