LVF / Clausura / 8va. fecha / Zona Centro
Un milagro aurinegro
Unión Central le arruinó el festejo a San Lorenzo de Las Playas empatando el partido en la última jugada, lo que generó lamentables disturbios sobre el finalEscribe/ Fotos: Pablo Luna Broggi / Victoria Araujo
Comenzaba la segunda ronda del campeonato para Unión Central y San Lorenzo de Las Playas. El local quería cambiar su suerte y comenzar a sumar de a tres para acercarse más a la idea de soñar con la clasificación. Por su parte, el Santo, bajo el mando de su nuevo técnico Jonathan Aguirre, intentaría sumar por primera vez en el torneo.
Luego del pitido inicial del árbitro, fue Unión quien llegó primero al arco rival, tras un tiro libre de Mayco Basualdo que se fue demasiado alto. Luego, el visitante avisó tras una gran apilada de Gómez, que culminó con un remate cruzado de Machado que se marchó por la línea de fondo.
Luego, un desborde de Perello derivó en un córner, el cuál género una “palomita” del exdefensor aurinegro Coco Reinoso que se fue al lado del palo derecho defendido por Dante Alanis y evitó la presencia de la “ley del ex” en el marcador.
Los primeros 10 minutos se jugaban en terreno de Unión. San Lorenzo era superior a su rival, que no podía pasar la mitad de cancha.
El conjunto de Marcelo Zucotti sólo atinaba a tratar de abrir el marcador a través de la pelota parada. La pegada de Rodrigo Solís era la arma más letal que tenía el local para marcar el primer gol.
También, el equipo de calle Rucci intentó persuadir al árbitro para que cobre penal en dos faltas cometidas en el área santa, pero el juez del encuentro, con mucho criterio, obvió las simulaciones y amonestó a los jugadores de Unión.
El primer tiempo culminó con un 0 a 0 que dejaba mejor parado al visitante que al dueño de casa.
En el complemento, Zucotti intentó un “cambio de timón” que modificara un poco lo visto en la primer mitad y para ello cambió de banda a su hijo Francisco.
Sin embargo, rápidamente llegó la merecida apertura del marcador para la visita. Un disparo de Gómez fue atajado por Alanis, pero en el rebote Facundo Perello definió cruzado para adelantar a su equipo en el tanteador.
A partir del gol marcado por el veloz mediocampista santo, el conjunto de Aguirre creció futbolísticamente y estaba más cerca de marcar el segundo que su rival de lograr el empate.
Más allá de que Solís falló un claro mano a mano (gran atajada de Bonetto), el partido se le complicó mucho al rival luego de la expulsión del recién ingresado Díaz Hidalgo.
El triunfo parecía inobjetable, porque defensivamente San Lorenzo estaba muy bien, firme, concentrado y seguro. Y en la faz ofensiva generaba peligro en cada ataque.
Sin embargo, en el fútbol nada es imposible y una muestra de ello se vivió en barrio Mariano Moreno: en la última jugada fue expulsado el recién ingresado Martín “Pato” Delfino. De allí se generó un tiro libre que derivó en el córner que culminó con el certero remate de Francisco Zucotti que le dio el agónico empate a los de calle Rucci.
La igualdad generó una lamentable pelea entre jugadores de Unión e hinchas de San Lorenzo, que podría haber sido evitada, pero el accionar policial tardó más de la cuenta para frenar luego un enfrentamiento entre ambas parcialidades en el que se observaron golpes de todo tipo. Bochornoso.
San Lorenzo sumó su primer punto del campeonato, pero perdió otros dos que merecía. Unión logró de milagro un empate impensado, pero sigue sin jugar bien y la clasificación ya parece casi imposible.
La figura: Gastón Bonetto: el arquero santo se mostró muy seguro. No tuvo responsabilidad en el gol del local.
El árbitro: Mario Schwartzman: muy bien. Dirigió con mucho criterio y lo que se le reprochó fue más por impotencia que por negligencia del juez principal.
El empate de Unión Central, a los 50 minutos del complemento, ocasionó una inentendible y acalorada discusión entre jugadores aurinegros y la hinchada de San Lorenzo. Luego, la pelea se trasladó hacia el entorno del campo de juego, donde se enfrentaron simpatizantes de ambos clubes. Hubo golpes de todo tipo y se vieron involucrados hombres y mujeres, grandes y niños. Se podría haber evitado, pero la Policía tardó más de la cuenta en detener la barbarie.
