'He disfrutado más del oficio de técnico que del de jugador”
Como jugador, está considerado entre los mejores defensores de la historia. Ganó todo en Independiente[/caption]
Escribe Sergio Vaudagnotto
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Glorias de Independiente: Pepe Santoro, Emilio Comisso, Miguel López, Pancho Sá, Luis Garisto y Ricardo Pavoni[/caption]
“Me gusta irme de Villa María para empezar a extrañarla al día siguiente... Disfruto muchísimo de lo lindo que es volver. No te imaginás las sensaciones que me produce llegar acá, a donde llegué por primera vez desde Ticino cuando tenía unos 9 o 10 años. Aunque esta vez ha sido diferente… Llegué, ando por acá y sé que no me voy a encontrar con dos grandes amigos que ya no están… El Cacho Juan Carlos Destéfanis, que se fue ahora, en diciembre del año pasado, y el Nene Iván Miranda, que partió en 2017...
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El Zurdo es ídolo en Junior de Barranquilla, club al que le dejó muchas enseñanzas[/caption]
-Y hace unos días, a poco de comenzar este año, tuvimos que dar la noticia del fallecimiento de Aldo Carassai…
-Carassai fue el mejor de todos; hoy valdría 100 millones de dólares...
-¿Tan así?
-Tenía todo, era completísimo. ¡Cómo se hamacaba, cómo acomodaba el cuerpo, cómo definía! Daba la sensación de que definía como quería y cuando quería... Se le presentaba la oportunidad y a cobrar. Jugando él para Instituto y yo para Universitario, tuve que enfrentarlo, pero no me privé de disfrutar con su juego. Repito, tenía todo. Hay goleadores de racha y goleadores de raza; Carassai era un goleador de raza. Hoy sería jugador del Real Madrid, de cualquiera… ¡Lo que hubieran sido jugando juntos con la Pepona Reinaldi, que era un 9 con mucho juego y cumplía una función como la de Griezmann!… En la actualidad, esos dos no hubieran durado nada acá.
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El Rojo siempre fue el equipo del Zurdo López, donde es un referente del actual técnico, Ariel Holan[/caption]
-Surgieron grandes jugadores en la Liga Villamariense…
-Y… en Unión Central nomás nos jactamos de haber tenido a la Pepona, a la Mechuda, algunos me agregan a mí… Pero hubo muchísimos grandes jugadores. Yo iba a Plaza Ocampo y con los chicos nos ubicábamos detrás del arco de la calle San Juan para ver al arquero Terreste, que entraba a la cancha encabezando a su equipo y le pegaba un puñetazo a la pelota y la mandaba a las nubes. Era emocionante verlo a él, a los hermanos Orsi, al Baba Forgioni, a Virgolín, a Caballero… Había un combinado de la Liga que recibía la visita de los equipos de primera y daba pelea…
-Algo que se ha perdido…
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Jorge Burruchaga, el autor del gol de la victoria en la final del Mundial 86, se reencontró tiempo atrás con el DT que lo hizo debutar y lo destacó en su tuit. Burru también se consagró con Independiente en la Supercopa 95 con el Zurdo de técnico[/caption]
-Una pena. ¿Cómo la Liga no va a tener un combinado para recibir a Talleres, a Belgrano, al que sea...? A ellos también les sirve para hacer fútbol. Antes venían Boca, River, San Lorenzo... Sí, nos ganaban, generalmente, pero el roce de los integrantes del combinado con el fútbol grande, elevaba el nivel de campeonato de la Liga porque esos jugadores transmitían la experiencia en sus equipos y la gente se acostumbraba a ver buenos partidos y se volvía más exigente. Además, los clubes podían mostrar su potencial, la Plaza se llenaba y la Liga recaudaba para sus cosas, para el semillero…
-Usted venía de ganar todo como jugador con Independiente (incluidas cuatro Copas Libertadores, la Intercontinental en Italia ante la Juventus…) y un título con Atlético Nacional de Medellín, en Colombia, y empezó como DT en Alumni, pero paralelamente en un combinado de la Liga, para pasar a dirigir el Argentinos Juniors de Maradona. Diego siempre los nombra a Bilardo y a usted como los mejores entrenadores que tuvo…
-Diego ha sido muy generoso conmigo.
-¿Mantiene algún contacto con él?
-Lo tengo acá, en el WhatsApp, y cruzamos algunos saludos de tanto en tanto… Recuerdo cuando llegué a Buenos Aires, antes del primer entrenamiento había gran expectativa y tuve que dar una conferencia de prensa. Algunos periodistas porteños, con ese tono imperativo que le es propio, me decían que había malestar por mi contratación. Les pregunté quiénes eran los que estaban molestos y claro, no dieron nombres. Para ellos “la gente” estaba molesta “porque Argentinos tenía una manera de jugar y yo era discípulo de Zubeldía”. No había realizado la primera práctica y ya hablaban de malestar porque supuestamente iba a hacer jugar como don Osvaldo. Me calenté y les dije: “Ser discípulo de Zubeldía es haber hecho un máster en Harvard”. Más allá de ese episodio digo que sí, que Zubeldía era el más grande.
-No se llevaba bien con la prensa...
-Con Argentinos terminamos subcampeones de River... A mitad de campeonato me quiso llevar Independiente, pero yo tenía un compromiso asumido y me quedé. Y sí, esa forma de periodismo que necesita impactar a cada momento te cansa, no te deja trabajar tranquilo... En parte, eso hizo que buscara después lugares más tranquilos para desarrollar mi trabajo, como Colombia, México, Arabia Saudita, España… algo que además te permite conocer otras culturas y crecer personal y profesionalmente…
-¿Es verdadera la consabida frase que dice que en ningún lado se vive el fútbol como en Argentina?
-Pasé por tantos lugares, el Al-Ahli de Arabia Saudita, Badajoz de España, San Luis y América de México, Barcelona de Ecuador… la lista es muy larga. Pero yo he visto a jugadores de mis equipos en Colombia y en México firmando autógrafos después de una derrota. Acá te tiran un ladrillazo…
-¿Por qué decía que Zubeldía era el mejor?
-Sabía todo de los rivales hace casi 60 años, cuando no había forma de ver un partido por televisión. Además, era un señor… Cierto día se me acerca en una práctica de Estudiantes y me dice: “Mire, López, yo necesito a Ribaudo, pero Ferro solamente lo suelta si usted va a cambio. Si decide quedarse, acá puede seguir jugando…”. Le di la mano y me fui a Ferro, después a River, después a Independiente, después a Nacional… Bien, cuando estuve en Nacional se murió el entrenador, que era una gloria del fútbol colombiano. Entonces el presidente me pidió si no quería ser jugador y técnico a la vez, y le dije que no, que no me sentía preparado. Me preguntó a quién podíamos traer para remplazar a aquella persona que era casi un irremplazable. Sin dudar le dije: “A Zubeldía”. Habían pasado unos diez años de aquel trueque por Ribaudo. El presidente me preguntó si yo me vendría a la Argentina a convencerlo y le dije que sí. Entonces hizo un cheque por 10.000 dólares. “Si acepta, usted le da el cheque para que resuelva sus cosas, la mudanza y todo eso y se venga rapidito”, me pidió.
-¿Qué pasó?
-Vine y me junté con Zubeldía, que estaba con Bilardo, porque Bilardo estaba siempre a su lado, ya que a los dos les gustaba hablar todo el tiempo de fútbol. Cuando vio que yo lo quería como técnico nuestro, me preguntó si el equipo tenía alguna chance de pelear algo importante. “Con usted, salimos campeones”, le aseguré. Y aceptó y le di el cheque y fue y salimos campeones de Colombia. Pero en aquel encuentro con Bilardo presente me preguntó si yo no me había quedado “caliente” con él por la salida de Estudiantes a Ferro. Le dije: “Usted es el mejor técnico del mundo. Si usted necesitaba que fuera a Ferro, ¿cómo me iba a negar?”.
-¿Aquel Independiente con el que ganó las cuatro Libertadores fue el mejor equipo en el que jugó?
-¡Cómo habrá sido aquel equipo que ganamos las cuatro Copas con cuatro técnicos diferentes! Y había códigos… Mirá, nosotros nos repartíamos el 50% de la recaudación; era el acuerdo con los dirigentes. Después de los partidos, una montaña de plata en la camilla del masajista y a contar los billetes y a repartir.
-Ustedes, los consagrados, Santoro, Sá, Pavoni, Pastoriza, Raimondo… se llevarían algo más…
-No, señor. El reparto era en partes iguales. Mirá, al primer contrato de Bochini y Bertoni lo peleé yo mismo ante el presidente, a quien le pedía que a los chicos les hiciera firmar por lo mismo que ganábamos nosotros. “No, de ninguna manera, la trayectoria que tienen ustedes…”, decía él. “Pero ellos dos son los mejores”, le respondía yo. Bien, fue peleado el asunto, pero lo conseguimos, aunque el presidente quedó muy enojado. Y cuando viajamos a Europa a jugarnos la Intercontinental contra la Juventus, el tipo le pidió al técnico, que era Pipo Ferreiro, que me dejara afuera, que me bajara del avión… Y Pipo, que había jugado conmigo en River, le dijo: “Si no va López yo tampoco voy”. ¿Entendés por qué digo que había códigos?
-¿Se perdieron esos códigos?
-Bastante. La experiencia no cotiza como antes. A un representante le resulta más fácil colocar a un técnico nuevo, que agarra por menos dinero para darse a conocer, que a uno experimentado que es más caro. A mí me llaman y se hacen los asustados con el precio. Yo les pregunto: “¿Si usted se va a operar del corazón, elige a un cirujano que está dando sus primeros pasos o a uno que hizo treinta operaciones?”. Después, muchas veces terminan agarrándose el corazón. Pero, ojo, hay algún joven bueno, también.
-¿Como cuál? ¿Cuál es el mejor?
-Beccacece.
-¿Por qué?
-Ese hace jugar de verdad. Están los que te dicen ¡ah, no, pero yo salgo jugando desde abajo! Y después ve a su equipo y el 4 se la pasa al 2, el 2 al 6, el 6 al 3, el 3 al arquero y el arquero al 4. Puro verso...
-¿Todavía tiene ganas de dirigir?
-Sí, todavía no me considero retirado. Tengo mi escuela de fútbol en Colombia, vivo de ello, pero todavía me seduce el profesionalismo.
-Más allá de los títulos como DT con el América en México, con Juniors en Colombia, con Independiente… ¿qué es lo qué tanto le atrae de esa profesión?
-Es lo mío. Lo disfruto tanto… No es solamente el éxito, no son solamente los títulos. Haber subido a primera a Teo Gutiérrez en Colombia o a Cuauhtémoc Blanco en México, considerado el mejor jugador de ese país en toda la historia, me produce la certeza de haber hecho lo justo, de haber acertado, de estar en lo mío. Cuando lo puse a Cuauhtémoc se me vino al humo el presidente, porque lo puse en lugar de un ídolo. Yo le pregunté si no quería que jugara el mejor, acaso. Me dijo que sí. Y le expliqué que el mejor era el pibe. Después hizo más de 150 goles en el club y 40 en la selección de México.
-¿Habla como si disfrutara más la dirección técnica que ser jugador?
-Es así. El manejo de un grupo, compuesto de personas muy diferentes una de otra, es algo apasionante. Me ayudó haber estudiado en la Escuela de Psicología Social Doctor Enrique Pichón Rivière y ejerzo la profesión con mucha disciplina. Realmente me apasiona. Jugar es más fácil. El jugador va desarrollando su virtud y cuando aprende, cuando ya está hecho, es casi siempre lo mismo. Para el técnico es diferente cada vez, diferente después de una victoria o de una derrota, diferente según el rival, diferente el trato con cada dirigido... y eso te enriquece mucho más como persona.