Un campeo?n en todo sentido
lunes, 31 de diciembre de 2018 · 00:00
LIGA VILLAMARIENSE DE FUTBOL - Torneo Clausura - Tercera final
Desde los pies de Ayrton Pa?ez hasta las atajadas en los penales de Omar Montiel, Atle?tico Ticino justifico? su tercer ti?tulo en la historia, a pesar que Sportivo Playosa no perdio? en el mano a mano. Una fiesta roja y blanca se desato? en la Placita, despue?s del 4-3 en los doce pasos y el 1-1 en los 90 reglamentarios
Escribe Juan Manuel Gorno
Fotos: Ce?sar Carballo y Vi?ctor Alves
Sonríe Ticino, sonríe hasta las lágrimas. Es un paisaje de felicidad absoluta que no tiene horizontes ni cercos. Se extiende por Plaza Ocampo como una pradera roja y blanca donde todos quieren estar, pero que resulta exclusiva para los campeones de raza.
Y está bien que sonría Ticino. El fútbol dice que se lo merece, aunque sea en los penales, porque si no puede con la supersónica presencia de Ayrton Páez, por las dudas tiene la sapiencia en esas definiciones de Omar Montiel. Entonces por un lado o por el otro, Atlético tiene con qué justificar un campeonato inolvidable, que solo puso en aprietos la hidalguía de Sportivo Playosa.
Es que otra vez la historia de los 90 minutos fue empate, solo que anoche había que dirimir al campeón y el escenario era el coliseo de los dioses del fútbol de entrecasa, una Plaza Ocampo abarrotada en sus tres principales tribunas, que tuvo color, tensión, nervios, júbilo, sufrimiento y éxtasis, como debe ser ante dos equipos que nunca se pudieron ganar.
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Por abajo no
Pocos campeones en la última década tuvieron a un jugador tan influyente como Páez con Ticino, pero esto no va en detrimento de la estructura del Atlético, más bien habla de un jugador sensacional que siente esa camiseta en la sangre.
Germán Vicario, ganador repetido en el fútbol local, sabe sacarle provecho al máximo a la figura del diez, entonces anoche trató de acompañarlo con las proyecciones de Javier Bergese y los movimientos de pivote de Matías Bendazzi, como para dominar los primeros minutos de un partido que fue de Ticino desde el arranque, volcando el juego por la izquierda de su ataque.
El propio Páez sacó un remate apenas desviado, a los 11’, habilitado por el Diablo, como para finalizar las acciones que hilvanaba.
Sin embargo, Playosa demostró que el fútbol también se juega por arriba. Y en la primera aproximación seria, a los 13 minutos, marcó el 1 a 0 con la fórmula de la pelota parada bien coordinada: Rubén Beltramo le pegó con rosca, al primer palo, y Roberto Aimar se elevó más que todos para acomodar la cabeza y colocar la pelota al otro poste.
Así, sin tener demasiado la pelota, pero con eficacia, el Albo se acercaba al objetivo más querido. Y lo hizo en el juego aéreo, la misma vía por la que también intentó Ticino con un cabezazo de Monjes que encontró una buena respuesta de Garetto.
Si era injusto o no el resultado, lo tenía que demostrar Atlético. Por eso intensificó la búsqueda de su gol, con un Páez más incisivo, un Coria más activo y un Bertola más intermitente, pero claro.
Tardó en llegar el empate porque Garetto -con mano cambiada- volvió a lucirse ante un remate de Páez, después de un tiro libre rápido que encontró al diez de cara al gol.
Sin embargo, fue tanta la insistencia de Ayrton que Playosa no aguantó hasta el final del primer tiempo y, en la primera que Garetto quedó a medio camino, Bergese encontró a Páez con pase elevado y el diez la peinó para definir por encima del arquero. El 1 a 1 se ajustó así a la realidad. Y Ticino empezaba a sonreír, jugando por abajo, pero empatando por arriba.
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Páez ya metió la cabeza para dormir a Ciancio y a Garetto. El 10 de Ticino fue determinante[/caption]
Cambiados
Playosa necesitaba de algún cambio para no seguir estancado ante la supremacía rival.
Lo dominaba Ticino por el peso individual de sus hombres y una diferencia de velocidad en la frecuencia de sus ataques. Pero mientras Sportivo trataba de tapar huecos y aplacar el ritmo, llegó un “golpe psicológico” que modificó el partido: Garetto sacó milagrosamente un tiro de Páez, que empezaba a preocuparse, y desde el banco saltó a la cancha Jorge Servetti, quien le aportó la cuota de fútbol ofensivo que le faltaba al conjunto de Paulo Velasco.
De ahí en adelante, lo que significaba un aluvión de Ticino pasó a ser un encuentro equilibrado, con la Copa pendulando entre cualquiera de los dos equipos en cancha.
Playosa le agregó también más velocidad con el ingreso de Nicolás García, a medida que Ticino sufría el desgaste físico que hizo en los minutos anteriores.
En ese lapso de paridad, Servetti armó una jugada formidable que finalizó con un tiro cerca del palo, mientras en el arco del frente, otra vez Páez elevaba un remate por encima del travesaño y Bertola estrellaba su disparo en el mismo parante superior.
Luego aparecieron las polémicas: Playosa protestó un penal por mano de Bianchi, y el Atlético dudó por un gol de cabeza que convirtió Coria, a los 40 minutos, pero en posición adelantada, según el asistente.
Los dos equipos se fueron ajustando al empate como destino escrito. Y el árbitro, Cristian Arreguez, lo terminó sin demasiada adición, a pesar de la expulsión de Roberto Aimar (doble amarilla).
La Placita era un hervidero del bueno, pero todavía no había llegado a su punto de ebullición.
Loco vos
Omar Montiel tiene en su haber definiciones de penales exitosas.
Hasta un equipo ascendió de categoría en el fútbol nacional (Complejo de Posse) gracias a sus manos salvadoras. Por eso cuando el partido de anoche le abrió puertas a la novela de los doce pasos, no fue extraño que el papel protagónico haya sido para el Loco, más allá de las grandes tapadas que arrastraba Garetto.
Ni el goleador de la Liga (Dino Gagliese) ni el mejor jugador de Playosa (Servetti) pudieron con Montiel en el cierre de la noche. Entonces el corolario quedó en los pies de un histórico, Juan Bianchi, que definió con clase y estableció el 4-3 definitivo para salir a revolear la camiseta por toda la Placita, como saltando por la luna.
El paisaje fue así un verdadero lugar en las nubes para Ticino, un paraíso de felicidad que disfrutaron sus cientos de habitantes que viajaron a Villa María. Ticinenses sonrientes, felices por el campeón, por Páez, por Vicario, por Bertola, por Coria, por Bendazzi, por Bianchi, por éste y aquél otro, por el Zurdo López, por la mar en coche, por lo que venga... Ticinenses alegres, envueltos en humo rojo, transpirando la Copa, revoleando trapos, como Bianchi, tocando el cielo con las manos.
Páez ya metió la cabeza para dormir a Ciancio y a Garetto. El 10 de Ticino fue determinante[/caption]
Cambiados
Playosa necesitaba de algún cambio para no seguir estancado ante la supremacía rival.
Lo dominaba Ticino por el peso individual de sus hombres y una diferencia de velocidad en la frecuencia de sus ataques. Pero mientras Sportivo trataba de tapar huecos y aplacar el ritmo, llegó un “golpe psicológico” que modificó el partido: Garetto sacó milagrosamente un tiro de Páez, que empezaba a preocuparse, y desde el banco saltó a la cancha Jorge Servetti, quien le aportó la cuota de fútbol ofensivo que le faltaba al conjunto de Paulo Velasco.
De ahí en adelante, lo que significaba un aluvión de Ticino pasó a ser un encuentro equilibrado, con la Copa pendulando entre cualquiera de los dos equipos en cancha.
Playosa le agregó también más velocidad con el ingreso de Nicolás García, a medida que Ticino sufría el desgaste físico que hizo en los minutos anteriores.
En ese lapso de paridad, Servetti armó una jugada formidable que finalizó con un tiro cerca del palo, mientras en el arco del frente, otra vez Páez elevaba un remate por encima del travesaño y Bertola estrellaba su disparo en el mismo parante superior.
Luego aparecieron las polémicas: Playosa protestó un penal por mano de Bianchi, y el Atlético dudó por un gol de cabeza que convirtió Coria, a los 40 minutos, pero en posición adelantada, según el asistente.
Los dos equipos se fueron ajustando al empate como destino escrito. Y el árbitro, Cristian Arreguez, lo terminó sin demasiada adición, a pesar de la expulsión de Roberto Aimar (doble amarilla).
La Placita era un hervidero del bueno, pero todavía no había llegado a su punto de ebullición.
Loco vos
Omar Montiel tiene en su haber definiciones de penales exitosas.
Hasta un equipo ascendió de categoría en el fútbol nacional (Complejo de Posse) gracias a sus manos salvadoras. Por eso cuando el partido de anoche le abrió puertas a la novela de los doce pasos, no fue extraño que el papel protagónico haya sido para el Loco, más allá de las grandes tapadas que arrastraba Garetto.
Ni el goleador de la Liga (Dino Gagliese) ni el mejor jugador de Playosa (Servetti) pudieron con Montiel en el cierre de la noche. Entonces el corolario quedó en los pies de un histórico, Juan Bianchi, que definió con clase y estableció el 4-3 definitivo para salir a revolear la camiseta por toda la Placita, como saltando por la luna.
El paisaje fue así un verdadero lugar en las nubes para Ticino, un paraíso de felicidad que disfrutaron sus cientos de habitantes que viajaron a Villa María. Ticinenses sonrientes, felices por el campeón, por Páez, por Vicario, por Bertola, por Coria, por Bendazzi, por Bianchi, por éste y aquél otro, por el Zurdo López, por la mar en coche, por lo que venga... Ticinenses alegres, envueltos en humo rojo, transpirando la Copa, revoleando trapos, como Bianchi, tocando el cielo con las manos.
Síntesis del partido
Atlético Ticino 1 (4)
Montiel, 7 Acosta, 5 Peralta, 6 Bettiol, 6 Bergese, 6 Monje, 5 Bianchi, 5 Bertola, 7 Coria, 6 Páez, 8 Bendazzi, 5 DT: Germán VicarioSportivo Playosa 1 (3)
Garetto, 7 Aimar, 5 Ciancio, 6 Genre, 5 Troxler, 6 Albornoz, 5 G. García, 6 Brussa, 4 Beltramo, 5 Piva, 5 Gagliese, 5 DT: Paulo Velasco Goles: 13 m PT Aimar (P), 32 m PT Páez (AT). Penales: en Ticino convirtieron Bertola, Páez, Martino y Bianchi. Marró: Monje. En Playosa convirtieron Albornoz, Beltramo y N. García. Se lo atajaron a Gagliese y Servetti. Cambios: 19 m ST Servetti (6) x Brussa (P), 16 m ST Martino x Bendazzi (AT), 21 m ST Demichelis x Bergese (AT), 32 m ST N. García x Piva (P). Amonestados: Bergese (AT), Genre, Troxler y Piva (P). Expulsado: 45 m ST Aimar (P). Jugado en: Plaza Ocampo. Arbitro: Cristian Arreguez. Público: .3.800 personas, aproximadamente.La figura
Ayrton Páez. Siempre decisivo, fue imparable en el primer tiempo, marcó un gol y generó opciones en el complemento. Fue el emblema de un equipo que jugó por él y para él, como es debido a un talento de su naturaleza.El árbitro
Cristian Arreguez. Le faltó frenar algunas situaciones con tarjeta, como lo ameritaba. Prefirió el diálogo en algunos momentos que requería aplicar el reglamento, como simulaciones o faltas groseras, como lo hizo en la expulsión de Aimar. Igual, no le pesó el partido.Los penales
P: Gagliese ejecuta no tan cruzado y ataja Montiel: 0 a 0 AT: Bertola define bien, a la izquierda de Garetto: 1 a 0 P: Albornoz asegura al medio: 1 a 1 AT: Páez, a la derecho de Garetto, que quedó parado: 2 a 1 P: Beltramo le pega perfecto, al ángulo: 2 a 2 AT: Monje la tira arriba. Afuera: 2 a 2 P: Nico García define cruzado: 2 a 3 AT: Martino le pega fuerte: 3 a 3 P: Servetti no puede cruzarla. Ataja Montiel: 3 a 3 AT: Bianchi define por abajo y cruzado: 4 a 3
El equipo campeón
Arqueros: Fabián Montiel, Rodrigo Trecco y Patricio Karl. Defensores: Adrián Peralta, Javier Bergese, Elías Acosta, Lautaro Monje, Matías Bettiol y Silvio Cavaglia. Mediocampistas: Juan Bianchi, Gonzalo Bertola, Emanuel Coria, José Demichelis, Jorge Martino, Delmo Becchero y Matías Bianchi. Delanteros: Ayrton Páez, Matías Bendazzi, Facundo Marín, Rubén Calderón y Martín Giacri. Cuerpo técnico: Germán Vicario (DT); Sebastián Villa (PF); Maximiliano Burello (AC); Leandro Molina (PD); Alberto Ludueña (auxiliar); Marcelo Becchero (delegado) y Edgar Camargo (prensa).Para el año nuevo
Escribe Daniel Rodríguez
Sí: fue un mundo aparte. Con su atmósfera, su música y su naturaleza tan particular. El fútbol volvió a entregar un nuevo campeón y la Plaza Manuel Anselmo Ocampo se vio colmada. Desde las fuentes policiales, hasta las palabras de los mismos organizadores, planteaban una cantidad cercana a 3.500 personas alrededor del partido más esperado.
Es que sí, tenía que haber un campeón y ya lo sabían ellos mientras emergían al campo de juego bajo la lluvia de papelitos y las bengalas que dibujaban la más hermosa postal. Habían quedado atrás esos empates de más de 35 grados de temperatura bajo el sol y, en medio de la noche villamariense se planteaba un nacimiento a la luz de las estrellas. Y al hablar de clima y de convocatorias no se puede dudar: la tribuna de cemento era un hervidero de gente que terminaría yéndose última tras los festejos. En tanto, la conocida “techada” y la que da sus espaldas a calle San Juan también se destacaban por su blanco y negro permanente al grito de “dale Albo” o bien de “dale Blanco”.
Viejas (y no tan viejas) glorias del fútbol local se cruzaron por las plateas en medio de todo el nerviosismo que era marcado. Se lo vio a Diego Catoca Rivera, quien no hace mucho tiempo fue técnico en Alem de Villa Nueva, asimismo a René “el Gaucho” Beltramo, conocido ex-Alumni. Abrazados y saludados por la gente coterránea, y siempre bien recordados por sus laureles, estaban los volantes Ignacio Negrini y José Luis Oggero, quienes fueron campeones con el Atlético (año 2004). Pablo Vicario, campeón con Hipólito Yrigoyen de Tío Pujio tampoco disimulaba su alegría por un título más para la familia, entre tantas otras personas; es que nadie quería perdérselo.
Un poquito más allá, en un edificio colindante, un pequeñito cercano a los siete años cantaba las canciones de las dos hinchadas y, de alguna manera, se metía en un clima que era ensordecedor y que terminó viajando a tierras albirrojas en una caravana inmortal.
Ya desde el ingreso, el deseo de que sea una fiesta estaba marcado. “Somos 33 efectivos, entre infantería y canes”, comentó un oficial de la Policía de la Provincia; de igual modo, y afortunadamente, no fue necesaria su actuación.
La lotería de los penales fue la que pudo romper el maleficio de la marcada paridad (¡por fin!) y desatar la alegría para un equipo que levantará bien en alto su propia Copa para festejar el año que está llegando con la misma alegría que tiene por el año que ya casi se marcha. ¡Salud!
