Al arco de los inolvidables
lunes, 17 de diciembre de 2018 · 00:00
A los 75 años, murió Juan Carlos Destéfanis
Cacho fue un grande del fútbol villamariense. Atajó en el Boca de los 60, siendo suplente de Antonio Roma. Quedó en la historia grande de Alumni, defendiendo el arco del equipo de Hernán Ríos. Salió de River, pasó por Unión Central, Alem y fue campeón con Central Argentino
[caption id="attachment_34161" align="alignright" width="300"]
River VM, campeón del 62. Arriba: Destéfanis, Requena, Raspo, Aguilar, Flores, Vivian y Orsi. Abajo: Berterame, Arias, Chearo, Ermácora y Pacheco[/caption]
Escribe Juan Manuel Gorno
Si los chicos no encuentran demasiada data en Google y necesitan saber de los grandes arqueros que dio Villa María, díganle que ayer falleció uno que está en el podio: Juan Carlos Destéfanis.
A los 75, Cacho le dijo adiós al mundo tras afrontar una larga enfermedad que lo llevó a la muerte, esa que nunca nadie va a poder atajar en su vida.
[caption id="attachment_34162" align="alignleft" width="300"]
Un equipo alternativo de Boca del 63. Arriba: Destéfanis, Rulli, Da Silva, Mori, Heredia y Novarini. Abajo: Corbatta, Pizzutti, Sangiovanni, Loayza y Pérez[/caption]
El pesar del triste final no oculta remarcar que quienes lo conocieron pueden dar fe de que Cacho transitó a fuego fuerte su camino antes de esta despedida, sobre todo cuando el fútbol le abrió fronteras hacia lo desconocido, siendo aún el pibe que acababa de salir del barrio cerca del Club Unión Central, pegadito a las vías.
[caption id="attachment_34163" align="alignright" width="175"]
En Alumni atajó en una época dorada[/caption]
Tenía apenas 17 años cuando debutó en la Primera de River de Villa María, en un partido contra Juventud River de Ausonia. Y desde entonces dejó por sentado que iba a ser un arquero de antología local, más allá de su suerte.
Lo sabían de antes los Sánchez, los Aráoz o el Zurdo López, los amiguitos del barrio que disfrutaban con él los picados con la pelota de trapo y lo hacían volar de poste a poste para sostener esa teoría de que los buenos hacen al otro más bueno.
Imagine a Destéfanis de arquero y al Zurdo López de central... El parto que habrá sido para los rivales marcarle un gol a esa dupla de amigos inolvidables, que compartían mucho más que un partido, un café o un traguito por la noche.
El caso es que Cacho todavía era un pibe, tenía 19 (tras un paso por Unión Central) cuando llegó nada menos que Boca a jugar un amistoso en Villa María contra el campeón local, River.
Esa noche el arquero del equipo doméstico, ese gringo atrevido de gestos adustos, se sacó “hasta las naranjas”, como una vez reconoció en diálogo con El Diario. Por eso el equipazo de Rattín, Valentim, Menéndez, Pezzi y Corbatta apenas ganó 1 a 0.
“¿Quién es ese arquero? Lo quiero para mí”, dijo José D’Amico, el técnico del Xeneize, cuyo objetivo fue llevarse a Destéfanis a la Capital Federal, además de Luis Raspo, que se fue primero porque el arquero se “hacía desear”.
“No me quería ir, no tenía expectativa por algo importante ahí”, reveló después Cacho. Eran otros tiempos, evidentemente.
A lo grande
Después de un encontronazo con Oreste Omar Corbatta en aquel amistoso en Villa María, fue la propia gloria del fútbol argentino quien le dio una bienvenida en La Boca.
“¿Qué hacés, cordobesito? ¿Te venís a tomar revancha?”, le preguntó Corbatta a Cacho, en su primer día de entrenamiento, aunque luego terminaron siendo amigos.
El problema para Destéfanis fue que nunca pudo ocupar el puesto que estaba sellado con uno de los históricos arqueros de Boca: Antonio Roma.
Un par de veces logró entrar Cacho, pero casi siempre fue suplente de semejante estrella y a veces de Néstor Errea, de quien decía que era mejor arquero que el propio Roma.
No fueron solo estos nombres-hombres los compañeritos destacados de Cacho. También estaban José Sanfilippo, Carmelo Simeone, Pizutti, Valentim, Orlando, Rattín y tantos otros. Después apareció y fue su compañero también Angel Clemente Rojas.
La salida
Destéfanis se fue de Boca después de mandar al diablo al entrenador Adolfo Pedernera cuando lo exigió en un entrenamiento.
D’Amico, que se encontraba en Rosario Central, lo llevó al Canalla y allí también entendió Cacho que iba a ser suplente de otro histórico, el Gato Andrada, por eso estuvo un par de años y arregló por mejor dinero en clubes del interior. De hecho, hasta recaló en Oncativo, donde le pagaban muy bien para controlar los tres palos.
Luego atajó en Oliva (una lesión en un brazo lo alejó temporalmente de las canchas), después vino a Central Argentino para ser campeón en el 71 y posteriormente -junto a un grupo de futbolistas de buen pie y “buena noche”, según contó- emigró a la Liga de Hernando.
En el 75, Destéfanis llegó a Alem, dirigido por el Chueco Alonso, pero se fue mal porque acusó que no le pagaban.
En Alumni
Cuando llegó a Alumni, en tiempos donde no cabía un alfiler en las canchas, Destéfanis ya era un arquero encumbrado y se erigió luego en una de las piezas fundamentales del equipo histórico que armó Daniel Ríos y que ganó títulos.
El club villamariense lo recordó ayer por las redes sociales con una foto y un texto donde envía las condolencias “a sus familiares y amigos”.
Destéfanis fue también ayudante de campo del Nene Miranda en el Fortinero. Y fue en ese momento que decidió dejar el fútbol, “cansado de que los partidos se resolvieran por los árbitros, que estaban todos comprados”.
Así era el Gringo, un tipo frontal y sin medias tintas. De la misma manera en la que recordaba la “buena vida” que se pasaba por las noches cuando era jugador, con los mismos rasgos gestuales que esbozaba mientras se devoraba un cafecito bajo el Hotel Presidente, flanqueado siempre por amigos o junto a Cristina, su compañera fiel.
Quizás todos ellos seguirán el legado de contar quién fue el Gringo, pero por las dudas, si a usted le preguntan por algún arquero “bueno bueno” que tuvo Villa María, tengan a mano la palabra Cacho Destéfanis.
River VM, campeón del 62. Arriba: Destéfanis, Requena, Raspo, Aguilar, Flores, Vivian y Orsi. Abajo: Berterame, Arias, Chearo, Ermácora y Pacheco[/caption]
Escribe Juan Manuel Gorno
Si los chicos no encuentran demasiada data en Google y necesitan saber de los grandes arqueros que dio Villa María, díganle que ayer falleció uno que está en el podio: Juan Carlos Destéfanis.
A los 75, Cacho le dijo adiós al mundo tras afrontar una larga enfermedad que lo llevó a la muerte, esa que nunca nadie va a poder atajar en su vida.
[caption id="attachment_34162" align="alignleft" width="300"]
Un equipo alternativo de Boca del 63. Arriba: Destéfanis, Rulli, Da Silva, Mori, Heredia y Novarini. Abajo: Corbatta, Pizzutti, Sangiovanni, Loayza y Pérez[/caption]
El pesar del triste final no oculta remarcar que quienes lo conocieron pueden dar fe de que Cacho transitó a fuego fuerte su camino antes de esta despedida, sobre todo cuando el fútbol le abrió fronteras hacia lo desconocido, siendo aún el pibe que acababa de salir del barrio cerca del Club Unión Central, pegadito a las vías.
[caption id="attachment_34163" align="alignright" width="175"]
En Alumni atajó en una época dorada[/caption]
Tenía apenas 17 años cuando debutó en la Primera de River de Villa María, en un partido contra Juventud River de Ausonia. Y desde entonces dejó por sentado que iba a ser un arquero de antología local, más allá de su suerte.
Lo sabían de antes los Sánchez, los Aráoz o el Zurdo López, los amiguitos del barrio que disfrutaban con él los picados con la pelota de trapo y lo hacían volar de poste a poste para sostener esa teoría de que los buenos hacen al otro más bueno.
Imagine a Destéfanis de arquero y al Zurdo López de central... El parto que habrá sido para los rivales marcarle un gol a esa dupla de amigos inolvidables, que compartían mucho más que un partido, un café o un traguito por la noche.
El caso es que Cacho todavía era un pibe, tenía 19 (tras un paso por Unión Central) cuando llegó nada menos que Boca a jugar un amistoso en Villa María contra el campeón local, River.
Esa noche el arquero del equipo doméstico, ese gringo atrevido de gestos adustos, se sacó “hasta las naranjas”, como una vez reconoció en diálogo con El Diario. Por eso el equipazo de Rattín, Valentim, Menéndez, Pezzi y Corbatta apenas ganó 1 a 0.
“¿Quién es ese arquero? Lo quiero para mí”, dijo José D’Amico, el técnico del Xeneize, cuyo objetivo fue llevarse a Destéfanis a la Capital Federal, además de Luis Raspo, que se fue primero porque el arquero se “hacía desear”.
“No me quería ir, no tenía expectativa por algo importante ahí”, reveló después Cacho. Eran otros tiempos, evidentemente.
A lo grande
Después de un encontronazo con Oreste Omar Corbatta en aquel amistoso en Villa María, fue la propia gloria del fútbol argentino quien le dio una bienvenida en La Boca.
“¿Qué hacés, cordobesito? ¿Te venís a tomar revancha?”, le preguntó Corbatta a Cacho, en su primer día de entrenamiento, aunque luego terminaron siendo amigos.
El problema para Destéfanis fue que nunca pudo ocupar el puesto que estaba sellado con uno de los históricos arqueros de Boca: Antonio Roma.
Un par de veces logró entrar Cacho, pero casi siempre fue suplente de semejante estrella y a veces de Néstor Errea, de quien decía que era mejor arquero que el propio Roma.
No fueron solo estos nombres-hombres los compañeritos destacados de Cacho. También estaban José Sanfilippo, Carmelo Simeone, Pizutti, Valentim, Orlando, Rattín y tantos otros. Después apareció y fue su compañero también Angel Clemente Rojas.
La salida
Destéfanis se fue de Boca después de mandar al diablo al entrenador Adolfo Pedernera cuando lo exigió en un entrenamiento.
D’Amico, que se encontraba en Rosario Central, lo llevó al Canalla y allí también entendió Cacho que iba a ser suplente de otro histórico, el Gato Andrada, por eso estuvo un par de años y arregló por mejor dinero en clubes del interior. De hecho, hasta recaló en Oncativo, donde le pagaban muy bien para controlar los tres palos.
Luego atajó en Oliva (una lesión en un brazo lo alejó temporalmente de las canchas), después vino a Central Argentino para ser campeón en el 71 y posteriormente -junto a un grupo de futbolistas de buen pie y “buena noche”, según contó- emigró a la Liga de Hernando.
En el 75, Destéfanis llegó a Alem, dirigido por el Chueco Alonso, pero se fue mal porque acusó que no le pagaban.
En Alumni
Cuando llegó a Alumni, en tiempos donde no cabía un alfiler en las canchas, Destéfanis ya era un arquero encumbrado y se erigió luego en una de las piezas fundamentales del equipo histórico que armó Daniel Ríos y que ganó títulos.
El club villamariense lo recordó ayer por las redes sociales con una foto y un texto donde envía las condolencias “a sus familiares y amigos”.
Destéfanis fue también ayudante de campo del Nene Miranda en el Fortinero. Y fue en ese momento que decidió dejar el fútbol, “cansado de que los partidos se resolvieran por los árbitros, que estaban todos comprados”.
Así era el Gringo, un tipo frontal y sin medias tintas. De la misma manera en la que recordaba la “buena vida” que se pasaba por las noches cuando era jugador, con los mismos rasgos gestuales que esbozaba mientras se devoraba un cafecito bajo el Hotel Presidente, flanqueado siempre por amigos o junto a Cristina, su compañera fiel.
Quizás todos ellos seguirán el legado de contar quién fue el Gringo, pero por las dudas, si a usted le preguntan por algún arquero “bueno bueno” que tuvo Villa María, tengan a mano la palabra Cacho Destéfanis.