Alta, muy alta La Rinconada
Por el Peregrino Impertinente
La Rinconada, en el sur de Perú, es conocida por sus impresionantes paisajes de montaña, sus minas de oro y, paradójicamente, por alojar más miseria que Argentina antes de ser salvada de los abismos por el mejor equipo de los últimos 157 mil años y lograr la pobreza cero.
Con todo, el principal rasgo distintivo de la localidad perteneciente a la Provincia de San Antonio de Putina (sí, así se llama el distrito, por Dios y la Virgen), en la plenitud de Los Andes, es ser considerada la ciudad más alta del mundo. Y no porque mida 2,38 metros, onda Shaquille O’Neal o cobrador de la firma crediticia “Pagá así no te Rompemos las Piernas”. Si no, por estar ubicada a casi 5.100 metros de altitud.
Esta cualidad, hace que la vida en el municipio sea de lo más compleja: sus habitantes no tienen acceso al agua potable ni acceden a servicios que en otras latitudes son catalogados de esenciales “Esenciales son las re cantadas de frío que nos pegamos en invierno. Las temperaturas son más bajas que esperanza de vida de formoseño”, comenta con polémico sentido del humor y repudiable malicia un aldeano del lugar.
Otra notable característica de La Rinconada, como ya se dijo, es la presencia de grandes minas de oro, pilar de la economía vernácula. Gracias a ellas, buena parte de los casi 30 mil habitantes de la pequeña urbe pueden llevar un plato de comida a la mesa “Qué comida ni comida, tráeme una salamandra, o un Split Comfortroom Plus Turbo 7.000”, exclama tiritando otro lugareño. Prioridades, que le dicen.
