El Medio Oriente más exuberante

domingo, 7 de abril de 2019 · 00:00
Viajeros Villamarienses/Dubái (Emiratos Arabes) Pasaporte Nombre: Gabriela Giarola Viangula Edad: 30 años Profesión: traductora de inglés y agente de viajes Lo que más me gustó: el “crisol de culturas” que se ve en las calles. Lo que menos me gustó: algunas costumbres que para nosotros pueden ser “ilógicas”.   De las personas que han estado en Dubái, algunas hablan maravillas y otras se sienten algo decepcionadas, ¿cómo fue en tu caso?¿El lugar colmó tus expectativas? -Dubái me dejó sin palabras, superó mis expectativas ampliamente. -¿Por qué? -Principalmente porque es una ciudad (como todas en los Emiratos) con una planificación a futuro, que les permitió crecer y desarrollarse en tan poco tiempo. Es ordenada, limpia y segura. Si bien no se ven policías en las calles, está toda la ciudad monitoreada por cámaras de seguridad, esto hace que sea seguro caminar a cualquier hora. -¿Qué lugares conociste? -Tuve la suerte de conocer el centro de la ciudad, el desierto y hacer un paseo en 4x4 al atardecer. También, conocer el Zoco del Oro, que es un mercado tradicional donde venden joyería y está exhibido el anillo de oro más grande del mundo (64 kilos de oro 21 quilates). En otra zona de este mercado venden también especias, dátiles, aceites y cremas, incienso. Es al aire libre y un poco más austera que el Zoco del Oro, pero igual de interesante para conocer. Fuimos también a Abu Dhabi, ahí tomamos el famoso café con oro en el Hotel Emirates Palace acompañado por dátiles y chocolates. Ese mismo día visitamos en el Ferrari World, lugar de visita obligada para los fanáticos ya que hay autos exhibidos de esta marca y está la posibilidad de manejarlos también. -Pocas ciudades en el mundo han experimentado un crecimiento como Dubái. ¿Qué sensaciones te dejó ver semejante desarrollo, esos rascacielos inmensos, esa infraestructura colosal? -Es increíble, están en el medio del desierto, no tienen agua potable y sin embargo se han desarrollado de tal manera que superan a ciudades que tienen muchísimos más años de vida. El jeque actual planifica a largo plazo, y esa planificación se mantiene y se respeta por el jeque que viene, eso fue en parte lo que les permitió tener el desarrollo que hoy lograron. Lo digo y pienso “y sí, es lógico”, pero la realidad es que en muchos países, el nuestro incluido, lamentablemente no funcionan así. Ojalá pudiéramos imitarlos. -Claro que aquello también puede tener una parte negativa. ¿Se ve demasiada frivolidad para tu gusto? -Dubái es lujo por donde se lo mire, claramente no estamos acostumbrados y todo parece exagerado. Si bien te deslumbran los autos de alta gama estacionados en los hoteles, la vajilla de plata en donde te sirven el café con oro, la opulencia de los edificios y del Burj Al Arab con las canillas de oro y la fuente de aguas danzantes en el hall, la pista de esquí en un shopping; sí, en cierto punto, aunque suene raro, me sentí un poco incómoda con tanta ostentación. -Aparte de eso, ¿pudiste salir del circuito convencional? ¿Se ven carencias en algún sector de la ciudad o todo es así de reluciente? -Dentro de las zonas turísticas, del centro de Dubái, no se ven personas durmiendo en la calle o pidiendo como sí se ven en otras ciudades del mundo, pero las clases sociales están muy marcadas. Está el jeque y su familia, que tienen una posición económica muy alta, impensada para nosotros. Luego vienen unos pocos de clase “media”, aunque muy holgada también, y finalmente muchos inmigrantes, generalmente obreros, que trabajan largas jornadas, muchas veces de noche porque en verano la temperatura puede alcanzar los 50° centígrados; cobran un sueldo que les alcanza para compartir una habitación con otros obreros y vivir el día a día. -Inevitablemente surge la pregunta relacionada con el machismo, en un país donde los derechos de la mujer no son precisamente muy tenidos en cuenta. ¿Te sentiste incomoda en algún momento? -La verdad que no mucho. Una de las preguntas que me surgió cuando me preparaba para el viaje fue: “¿Cómo me visto?”, no quería que en la calle me miraran raro por un short o una musculosa, pero la verdad es que nunca me sentí observada ni juzgada. Hay lugares donde sí necesitas determinada vestimenta, para entrar a una mezquita, por ejemplo, tenés que ir completamente cubierta, desde la cabeza hasta los pies, es una costumbre y se respeta, así como ellos respetan las costumbres de los turistas. Es distinto para las mujeres que nacieron allí, ya que tienen costumbres muy rigurosas que desde este lado del mundo nos resultan casi imposibles de aceptar.