Emblema de la Quebrada
domingo, 21 de abril de 2019 · 00:00
Escribe Pepo Garay ESPECIAL?PARA?EL?DIARIO
1) Sinónimo de Humahuaca y de tiempos idos
Tilcara se alza en el centro-sur de la provincia de Jujuy (a 1.100 kilómetros de Villa María), orgullosa de ser uno de los máximos emblemas de la Quebrada de Humahuaca y del norte argentino en general.
Y es que, abrazada justamente por la sierra de Tilcara, la adorable localidad es un canto a una de las regiones más loadas de Sudamérica. Tierra de espectaculares paisajes, magia y costumbrismo nativo que el pequeño municipio refleja en sus calles vitales, tan encantadoras con construcciones añosas. Esas que decoran todo el mapa, en ladrillos tipo colonial y adobe de antaño, en torno a calles adoquinadas y de piedra.
En el recorrido urbano, merecen especial atención la plaza central, la iglesia Nuestra Señora del Rosario (mediados del siglo XIX, dueña de varios tesoros de la escuela cusqueña materializados en pinturas), la media docena de museos (como el Arqueológico "Dr. Eduardo Casanova" y el de Pintura "José Antonio Terry") y la variedad de casonas anónimas y hermosas.
2) Pucará
Sin dudas, el máximo atractivo del pueblo (o al menos el más conocido) es el Pucará. Una joya construida por los nativos tilcaras hace aproximadamente 1.100 años.
El sitio histórico y arqueológico, de unas 12 hectáreas de extensión, puede ser recorrido de forma autónoma o con guía, visitando las casas de piedra, corrales, cementerio, murallas de protección (contra los ataques de tribus enemigas) y área de ceremonias religiosas (donde se realizaban sacrificios de animales). Ayer hogar de la comunidad local, el espacio a cielo abierto está inmerso en el típico paisaje de la Quebrada de Humahuaca. Lease: coloridos cerros, cactus por doquier y horizontes inolvidables.
3) La Garganta del Diablo
Son varios los sitios naturales ubicados en los alrededores de Tilcara. Pero ninguno se luce tanto como la Garganta del Diablo.
La misma, es accesible desde pleno centro, tras una caminata de entre una y dos horas (aunque también se puede acceder a sus cercanías en auto y posteriores 15 minutos de peregrinaje). El sendero se interna entre unos paredones tremendos (las venas de la montaña), hasta acceder a una portentosa cascada de 15 metros de altura, tributaria del río Huassamayo. Además, regala fascinantes postales de la Quebrada de Humahuaca.
4) Cuevas impresionantes
Las cuevas de Huayra, por su parte, son accesibles tras unas dos horas y media de caminata mediante, a través de la cercana Quebrada de Sarahuaico (4 kilómetros desde el centro).
Se trata de una grieta natural formada por siglos de erosión, que demuestran el poder infinito de la naturaleza. Los visitantes que no sufran de claustrofobia, pueden ingresar a la cueva, que tiene una profundidad de alrededor de 50 metros y maravilla al más piantado.
Apenas separada por un camino de cornisa, la Cueva de Aguirre presenta una estructura similar a la de Huayra, conectando a través de sus estrechos pasadizos con un “mirador” de la Quebrada de la Cruz. Una aventura que vale la pena.
5) Noches de peñas y alegría
Las noches de tradición, sobre todo durante la temporada (verano, fundamentalmente con el afamado “Enero Tilcareño”, y vacaciones de invierno y fines de semanas largos), son otra marca registrada de Tilcara. Lunas que mezclan movimiento ameno pero intenso en las calles céntricas, con peñas a corazón abierto (sobresale una lindera a la plaza, aunque hay varias), donde cantores, guitarristas y bombistos se dejan el alma en cada samba, gato o chacarera.
Los puestos de artesanos y comercios de productos regionales (los tejidos, muchos traídos desde la cercana Bolivia, son estelares), también hacen a la postal. Lo mismo que la multiplicidad de restaurantes que ofrecen manjares típicos de la zona, como locro, humitas, empanadas, cordero y hasta la más exótica llama (en distintas presentaciones: al horno, a la parrilla, en estofado o en milanesas, por ejemplo).