Entre canales, bicicletas y muchos atractivos

domingo, 31 de marzo de 2019 · 00:00
Villamarienses de Viaje / Amsterdam / Holanda Escribe Pepo Garay Especial para El Diario [caption id="attachment_47836" align="alignright" width="300"] Rodrigo Schwerdt[/caption] Pasaporte Nombre: Rodrigo Schwerdt Edad: 31 años Profesión: contador público Lo que más me gustó: el sonido de las campanas, los canales y sus bicicletas Lo que menos me gustó: no hay nada que no me haya gustado de esa maravillosa ciudad -Amsterdam no es de las capitales europeas más visitadas por los argentinos, si se la compara con otras referentes como París o Roma, por ejemplo. ¿Qué lugares has visto de la ciudad que puedas recomendar? -Uf, hay tanto... el parque Vondelpark, el Mercado de las Flores, Begijnhof (muy recomendado para desconectarse), los coffee shops, la Estación Central de Trenes, la plaza Dam, la plaza Leidseplein, el Barrio Judío, sus muchos museos de historia (como la Casa de Ana Frank) y arte (como el Van Gogh), las cervecerías y por supuesto los canales (¡la ciudad tiene más de 100 kilómetros de canales!). -¿Qué sensaciones te dejó esa multiplicidad de cursos de agua y sus puentes? -Es algo totalmente único, recorrerlos desde adentro. Con mi amigo fuimos a pasar Año Nuevo, el escenario estaba plasmado de fuegos artificiales en muchos de los puentes, era inevitable no pararse a ver el espectáculo. -Otro emblema son las bicicletas. Se dice que los holandeses son fanáticos de este medio de transporte, ¿es tan así? -Totalmente. En Amsterdam no importa la clase social, todos andan en bicicleta, es impresionante. La ciudad está preparada para albergar un gran tráfico de ellas. Allá, la persona que va en bici es más respetada que el peatón y en otro tipo de transporte. Son fanáticos de verdad. Incluso siguen las carreras de ciclismo en la tele y la radio con fervor. Recomiendo alquilar una bici y recorrer todo al estilo local. -Seguimos con los “lugares comunes”: Amsterdam también es famosa por la política “algo liberada” de venta de drogas. ¿Cómo funciona el tema de los famosos coffee shops? -Visitar Amsterdam y no entrar a un coffee shop es imposible, es un atractivo turístico más, para quienes consumen y para quienes no. Una experiencia cultural. Dentro de estos lugares se comercializa marihuana de distintos tipos y variedades, es legal. Lo raro es que allí se puede fumar marihuana, pero no tabaco, y en la mayoría de los casos no está permitido el consumo de alcohol. -¿Y qué nos podés contar de la llamada Zona Roja? -Hay tres sectores de Zonas Rojas en la ciudad. La verdad que causa gran impacto al principio porque uno no está acostumbrado a verlo a diario. Lo cierto es que es un trabajo más, las mujeres están inscriptas en dicha actividad y tributan sus impuestos como cualquier trabajo común y corriente. La prostitución en Amsterdam no es forzada, no es obligada, no hay trata. Es legal. Los que trabajan de ello tributan al Estado por hacerlo. -Acaso menos conocido resulte lo que algunos denominan “el mal humor de Amsterdam”. ¿En general la gente te resultó antipática? ¿Cómo definirías al amsterdamer? -Amsterdam es una de las ciudades más cosmopolitas del mundo, encontrás gente de más de 140 nacionalidades, imaginate. Con nosotros el amsterdamer siempre fue muy amable. Aunque, claro, quizá los locales están un poco cansados de ver tanto turismo. Es todo el año y en parte los entiendo (risas), pero siempre nos trataron con respeto. -Regresemos ahora a los sitios propiamente dichos, ¿qué te pareció la arquitectura del casco histórico? -Realmente impresionante. Las casas y edificaciones en Amsterdam son algo único, pegadas unas con otras y todas con su particularidad. Amsterdam mezcla la tradicional arquitectura holandesa con edificaciones modernas, nada convencional. Los inmuebles de ese estilo se multiplican por cientos. Uno de los más emblemáticos es la Estación Central de Trenes, a la que nombré antes. -¿Estuviste en el Museo de Ana Frank? ¿Qué nos podés decir de ese lugar tan especial? -Sí, el museo muestra la vida y la persecución que vivió Ana con su familia y otras personas por parte de los nazis. En la casa estuvieron escondidos por más de dos años, y ahí Ana escribió su famoso diario. Una historia impactante donde ella relata la escalofriante persecución. Hoy en día hay que hacer largas horas de cola para poder ingresar. El lugar emociona realmente.