Al ritmo de los Balcanes
domingo, 31 de marzo de 2019 · 00:00
HUMOR VIAJERO
Por El Peregrino Impertinente
Aquel lector que tenga intereses más allá de Instagram y del programa de Sergio Lapegüe (a quien uno arde en deseos de regalarle un fin de semana con todo pago en un campamento del ISIS), sabrá encontrar en la música balcánica una verdadera fuente de inspiración viajera.
Y es que el variopinto estilo de origen gitano -que en realidad está compuesto de múltiples géneros- transporta a quien lo escucha a esa zona del este europeo.
Región conocida por sus efervescentes habitantes, sus paisajes de playa y montaña, y por haber tenido más conflictos que el estado con Baradel. “La culpa la tienen los gobernantes”, se queja (seguramente con razón) el gremialista, a quien si uno no conoce podría confundir tranquilamente con el parrillero del comedor “La Salmonella Alegre”.
Características
De ritmo divertido y brioso (mucha percusión, trompeta, acordeón y violín), la música balcánica nació aparentemente en épocas del rey de Persia Bahram V Gour (“¿eso fue antes o después de Alfonsín?”, pregunta un adolescente, antes de ser golpeado por la profesora con un cortafierro).
Desde entonces (siglo IV aC), el estilo ha ido ganando protagonismo por toda el área del eximperio, traspasando sus barreras a través de Turquía y llegando a lo que hoy es Serbia, Croacia, Albania, Montenegro, Bosnia y Herzegovina y otros países del género. Zona que, como ya se dijo, ha debido soportar múltiples vicisitudes y que acaso por ello hoy tiene menos índice de desarrollo que parque industrial santiagueño.
En concreto, los amantes del cine podrán disfrutar de la dichosa música a través de las películas del célebre Emir Kusturica. Delirios en formato pantalla grande cuyos máximos referentes son títulos como “Underground”, “Tiempo de gitanos” y especialmente “Gato negro, gato blanco”.
“Me llevo los dos”, dice un rosarino, dándole vida a un chiste que debería ser censurado inmediatamente.