El de las delirantes figuras
domingo, 24 de marzo de 2019 · 00:00
PROPUESTA/Los Terrones
Se elevan las piedras anaranjadas, los paredones eternos combinando, y zumban los pájaros por el rededor, ante una cadena impoluta que se llama Sierras Chicas, coronada por el omnipresente Cerro Uritorco. Estamos en Los Terrones, en el norte de la provincia de Córdoba. Un lugar único y siempre a mano, al que no pocos viajeros consideran uno de los rincones más bonitos de nuestro suelo mediterráneo.
Se trata de un espacio único, ubicado 15 kilómetros de ripio al norte de Capilla del Monte (alrededor de 260 kilómetros desde Villa María). Es ese domicilio, umbral de la zona de Ongamira y sus colinas de algodón, Los Terrones brilla con luz propia. Lo hace al compas de ese paisaje casi de otro planeta, tan acorde a la mística y las historias de ovnis y extraterrestres que abrazan la región.
El nido del asunto
En concreto, el “Parque Autóctono Cultural y Recreativo” (tal es su “definición oficial”) se expande en un terreno escarpado que mezcla los ya citados naranjas de las rocas con manchones profundamente verdes, tan propios del vecindario. El nido del asunto es de subidas y bajadas, de encontronazos con cavernas, y miradores notables que regalan panorámicas soberbias del área norte del Valle de Punilla. La misma que pisaban ayer los comechingones, cuyas almas aún deambulan por las quebradas.
A 1.400 metros de altura sobre el nivel del mar, el parque ofrece dos circuitos de baja intensidad, que tranquilamente pueden ser aprovechados por personas de todas las edades. Sobre todo el “básico”, que tiene apenas 200 metros de extensión y que, sin embargo, sirve como muy buen resumen de las virtudes del lugar. El mirador que corona dicho sendero, regala lo esencial de la parada: el alma de cañón y lo anaranjado de los muros y de las piedras como tótems.
Llegados a este punto, las comparaciones con el Parque Nacional Talampaya de La Rioja o el Valle de la Luna de San Juan son inevitables. Aún cuando Los Terrones le aporta a la causa los ya citados verdes muy verdes, demasiado ausentes en las adyacencias de la cordillera.
Circuito mayor
En tanto, el segundo circuito propone una marcha de entre una y dos horas, dependiendo el ritmo de cada cual. El camino potencia sobremanera lo ofrecido por el primero, alcanzando las cuevas antes nombradas y un punto panorámico realmente espectacular.
Aquí y allá, refulgen las piedrotas, las de la presencia majestuosa, las de figuras extrañas que despiertan la imaginación de cada mortal: por su parecido, a una le pusieron “El Rostro del Indio”, a otra “El Honguito”. Incluso, alguno con ganas de poesía le mandó “Dedo de Dios” a una tercera. Inspirado estaba. El ambiente amerita.
DONDE
15 kilómetros al norte de Capilla del Monte (260 desde Villa María)
CUANDO
Los 365 dias del año.