DESTINOS/Corrientes capital

Tesoro arquitectónico y una costanera espectacular

La urbe litoraleña luce uno de los cascos históricos más notables del territorio nacional. A ello, le suma su soberbia costanera, de playas, paseos y mucho Paraná

Escribe Pepo Garay

ESPECIAL PARA EL DIARIO

Muchísimo menos explotada turísticamente que otras capitales de nuestro país, Corrientes bien podría ser catalogada como una de las ciudades más atractivas del suelo patrio. Y es que la urbe ubicada 870 kilómetros al noreste de Villa María, es dueña de un tándem que la hace irresistible: patrimonio arquitectónico notable y una bellísima costanera bendecida por el Paraná que es para alquilar balcones. A ello, le suma cultura a manos llenas, paisanos que son un encanto y sabores del Litoral.   

 

Edificios históricos

Corrientes fue fundada en 1522. Entre sus calles, pareciera revivir ese aura de antaño. No son tan ancianos sus edificios icónicos (tienen entre uno y tres siglos de vida), pero lo suficiente como para que el viajero se sienta en otro tiempo. Casonas, iglesias y construcciones públicas son algunas de las joyas más loadas.

El tour bien podría iniciarse por la Plaza 25 de Mayo, de aires señoriales y antiguos que cuenta entre sus vecinos más ilustres a la Casa de Gobierno (Siglo XIX, estilo renacentista), la Jefatura de Policía (ayer Cabildo), el Palacio Vedoya (una pinturita de la “Belle Epoque”, con su impronta francesa) y la Iglesia de la Merced (barroca en el interior e italianizante en la fachada).

Esos son los nombres propios de ese sector, que en general está habitado por inmuebles viejos pero dignísimos. En rigor, ocurre lo mismo a lo largo y ancho de todo el casco céntrico, donde también sobresalen tesoros como el Palacio de la Legislatura, el Colegio Nacional (siglo XVII, sirvió de hogar de los jesuitas, grupo religiosos de marcada influencia en la Mesopotamia), la Casa Molina (siglo XVIII), los museos Histórico, de Bellas Artes y de Ciencias Naturales, e incluso la agitada peatonal.

Especial mención merecen los siete templos que componen el “Circuito Religioso”, entre ellos las iglesias Catedral, San Francisco y de la Cruz de los Milagros (muy bellas todas). Lo mismo que el Teatro Juan de Vera. Una joya afrancesada donde no faltan los conciertos de diversos géneros musicales, entre ellos el infaltable chamamé. Un estilo que por estos pagos es casi religión, y que se disfruta tanto en el campo como en el cemento por jóvenes y viejos, pobres y ricos, intelectuales y gente de a pie.

 

Espléndido Paraná

Una vez recorrido el centro con sus múltiples preseas, hay que acercar los sentidos a la extensa costanera local. Allí es donde el orgulloso Paraná se luce a sus anchas, trayendo en la correntada naturaleza, historia y magia en partes iguales, y regalándole a los ojos de locales y forasteros una preciosa acuarela litoraleña. 

Todos asisten felices al espectáculo. Los que transitan caminando o corriendo, tan lindo está para hacer el ejercicio. Los que pasean en barquitos, y los que pescan desde una balsa o una canoa. Los que se sientan a degustar una cerveza o alguna comida en los tradicionales carritos, a la sombra de los árboles o bajo la luz de la luna. Todo, en torno a construcciones célebres de la zona como el Club Regatas, el Puente General Belgrano (que conecta con Chaco y su capital, Resistencia, que está ahí nomas) y el propio Casino local. 

Pero no queda ahí el disfrute del Paraná. Al contrario: lo mejor viene en playas como Islas Malvinas o Arazatay, ideales para hacerle frente al intenso calor con chapuzón y días de arena, sombrilla y reposera. Incluso en rincones como Punta Tacurú o Punta Tacuara las tardes de verano se pasan a pleno, con el sol brillando a más no poder.

Bienaventurado sea el astro rey, que hasta en la despedida diaria deja su marca, entregando unos atardeceres que potencian aún más la belleza de Corrientes.

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