DESTINOS/Las Grutas (Río Negro)
Las mejores playas patagónicas
En un rincón de la provincia patagónica, esta colorida aldea destaca con sus playas de aguas cálidas. Onda veraniega, actividades paralelas y la tradición de los pulperosEscribe: Pepo Garay ESPECIAL
PARA EL DIARIO
Dicen que es la mejor playa de la Patagonia, y no se equivocan. Envuelta en un aura propio del sur argentino, Las Grutas alberga unas costas que, a entender de muchos viajeros, supera incluso a los balnearios de Buenos Aires. En ese devenir, juegan un rol vital las cálidas aguas del golfo San Matías. Sí, cálidas. Con eso, a la pequeña localidad del sureste de la provincia de Río Negro ya le alcanza para sacarle varios cuerpos de ventaja a las mar del platas, a los pinamares, a las villas geselles, y a sus etcéteras.
Mil cincuenta kilómetros al sur de Villa María y a apenas 15 kilómetros de San Antonio Oeste, la villa convida con una cara distinta. Es la chance elemental de pasarse un verano en la arena, pero en alquimia con la naturaleza.
Días de playa
El pueblo se llama como se llama merced a las grutas que el Atlántico labró durante milenios en los acantilados de la línea de mar. Son pseudo cavernas labradas a golpe de viento, oleaje y lluvias, que convirtieron a la mera roca en una bonita acuarela de la creación.
Claro que, como se dijo, el principal anzuelo de Las Grutas radica en sus bellas playas, recostadas ellas en la extensión de la bahía. Una decena de “bajadas” (sí: están bajo el nivel de la urbanidad, bajando, literalmente) o paradores, de esbelta arena y mar azul, de agradable temperatura éste, con todo lo que se agradece.
Actividades paralelas
Pero no todo es cuerpos tirados al sol, mates en reposera, lectura, crucigrama y bemoles del estilo. A la oferta de relax, hay que agregarle actividades como el avistaje de lobos marinos (en Punta Villarino, a tres kilómetros del centro), la pesca deportiva (en embarcaciones, que se alquilan) o incluso el buceo.
También se puede ir de paseo a sitios vecinos corporizados por extrañas formaciones rocosas como Cañadón de las Ostras, El Buque, El Sótano, La Rinconada y el muy tranquilo Piedras Coloradas, con sus tonos rojizos.
La alternativa, siempre a mano, siempre atractiva y siempre tan familiar, es recorrer las tranquilas callecitas de este pueblito pesquero (en realidad, las arterias se alborotan bastante con el gentío de los veranos, aunque muy lejos de la locura de las playas bonaerenses), bien pertrechadas de emprendimientos turísticos de todo tipo.
Tradición pulpera
En tal sentido, sobresalen la Feria de los Artesanos (que en la temporada estival llega a cobijar a más de 120 puestos de expositores al unísono) y los restaurantes que ofrecen pescados y mariscos.
Allí, uno de los platos estrella es el pulpo, “gentileza” del trabajo de los pulperos locales y su dilatada trayectoria. De hecho, el viajero podrá acceder a los tour denominados “pulperos por un día”, guiados por los pescadores en persona.
