Jornada Nacional de Agroalimentos y sustentabilidad en la UNVM

El aporte del campo para mitigar el efecto del cambio climático

En el programa de la jornada de alimentos (JONAS), que se realizó en la UNVM, se conformó un panel con la exposición de un productor lechero de Ucacha que apostó por lo orgánico, y la del trabajo del INTA para mejorar el periurbano de Marcos Juárez

El cambio climático, aunque negado por algunos sectores, es una realidad que se puede advertir no solo desde la ciencia, sino también en la percepción desde las ciudades y el campo.

Por eso es que ayer uno de los paneles que tuvo la Jornada Nacional de Agroalimentos y Sustentabilidad (JONAS), que organiza la Universidad Nacional de Villa María, trató sobre el cambio climático.

En el panel, moderado por Mónica Moretto, titular de la agencia de Extensión del INTA Villa María, participaron Augusto Carreras y Marcelo Cravero para hablar de las estrategias para mitigar el impacto que impulsa el Gobierno provincial.

Entre otros expositores, el panel contó con el productor lechero y médico veterinario Diego Pipino y la agrónoma del INTA Marcos Juárez, Melisa Defagot.

Hablamos con ellos para que nos cuenten sus experiencias.

Diego Pipino, de El Campito, un tambo orgánico

 

Un tambo orgánico y rendidor

Pipino dijo que comenzó en 2007 con un proyecto de cría de vaquillonas para venderlas “pensando a futuro en una jubilación, dado que, en el caso de los veterinarios, es paupérrima”, dijo.

“Para 2013, siempre digo que nos chocamos con el tambo, porque nos quedaron 15 vaquillonas que no podíamos vender y empezamos a ordeñarlas en un campo alquilado de 92 hectáreas”, señaló.

La escasez económica hizo que, a medida que avanzara la producción lechera, fuera pensando en un cambio en los procesos para economizar recursos.

“La tecnología de procesos no es nada de otro mundo, es agudizar el sistema para producir a menor costo”, afirmó.

Esos cambios en el proceso permitió empezar a entender que hay diferentes maneras de suministrar el silo: “Por ejemplo, en vez de tener un tractor con un mixer se podía ofrecer el alimento bajo la modalidad de autoconsumo, que para mi era mala palabra porque como asesor, siempre recomendaba los mixer”, señaló. 

“Pero, después de medir, nos dimos cuenta de que las pérdidas que hay son menores que en otros sistemas”, agregó.

“Otro cambio en El Campito (así se llama el establecimiento) es que en lugar de que la vaca vaya al agua, el agua va a la vaca. La leche está compuesta por más del 80% de agua y así es que facilitamos el consumo. Se la llevamos con caños desde un tanque que está en altura. Nada de otro mundo, pero en vez de tener una bomba presurizada, que significa electricidad y otros costos, subimos el tanque”, aseveró Pipino.

“No es una receta aplicable a todos. Hay que ver el campo, ver el sistema y buscarle la vuelta para hacerlo sustentable”, dijo.

Mientras desarrollaba su producción, hizo un doctorado con una tesis sobre cruzamiento de razas lecheras a fin de mejorar lo que él llama “la herramienta”, que es cada vaca.

Así caminó hasta el año 2019, cuando compartió una charla con la gente de Nestlé, empresa que industrializa leche orgánica que venden en mercados europeos.

“Encontramos un nicho para vender lo que hacemos, pero si no lo hubiera no saldríamos de la producción orgánica, porque ya vimos lo que significa estar en un suelo sano, el pasto sano, la vaca sana y nosotros sanos también. No retrocedemos”, afirmó.

El pago de la producción orgánica certificada -se inspecciona regularmente para verificar que así sea- es un poco más del valor del litro del resto de la leche, lo que, de alguna manera, compensa los costos más elevados que representa comprar maíz orgánico y otros insumos.

Lograron así hacerlo sustentable desde el punto de vista ambiental y económico. El Campito, que tiene en ordeñe unas 100 vacas, permite vivir dignamente a cinco familias, producir leche sana y abrir la mente para que todo comience a funcionar. “Vemos que mejora el suelo, que vuelve la fauna benéfica y que producimos alimentos sanos”, concluyó.

Melisa Defagot, del INTA Marcos Juárez, expuso sobre el periurbano

Entre el campo y  la ciudad

Melisa Defagot trabaja en el INTA de Marcos Juárez en un proyecto que acompaña a los productores que son dueños o explotan tierras que están en el periurbano, es decir, en esa franja que está entre el campo y la ciudad, en la que no se puede, por las ordenanzas vigentes destinadas a cuidar la salud de la población, utilizar los mismos agroinsumos que en el resto.

Vienen trabajando desde el año 2011 con tal éxito que muchos de los productores quieren aplicar los mismos manejos en todo el campo.

“Implementamos polinizadores, pasturas, cultivos de servicio, lo que nos permite ir en transición para reducir insumos, no solo los de síntesis química, sino también los fertilizantes, entre otros”, explicó.

“Son más de 1.000 hectáreas que se encuentran bajo esta oportunidad que permiten ir a sistemas más diversos”, agregó.

“Con todo lo que vamos haciendo, sistematizamos los resultados y se los entregamos al productor que está convencido de que es el camino. Tenemos que entender que hay algo que cambió, que llegó para quedarse, y el INTA está para acompañarlo”.

Finalmente, Defagot explicó que esas acciones mitigan los efectos del cambio climático, “tanto en el suelo con pasturas que capturan mejor el carbono, lo fija y lo predispone para otros cultivos. También por el aporte de los cultivos de cobertura, que controlan las malezas, nos aportan nitrógeno y disminuyen el uso de fertilizantes”, concluyó.