INTA

Ganadería sustentable

En un mundo que exige sustentabilidad, la ganadería vuelve a demostrar que, mediante estrategias de manejo planificadas, es posible fijar carbono y mejorar la salud del suelo.

Así lo creen los especialistas del INTA que aseguran las ventajas del pastoreo planificado para ser más eficientes y sustentables. De acuerdo con José Otondo -referente en pastizales naturales del INTA Cuenca del Salado, Buenos Aires-, “la planificación del manejo de pastoreo permite utilizar de la manera más eficiente, desde el punto de vista productivo y ecológico, cada uno de los potreros”.

Para esto, el especialista consideró “clave” armar un esquema organizado y planificado de rotación de los potreros, de manera tal de dar los descansos necesarios a cada tipo de pastizal en cada época del año. “Hay que identificar la heterogeneidad de pastizal y darle mejor manejo a cada uno, así como conocer el ambiente en el que se desarrolla la actividad, entender cómo se desarrolla y, con base en eso, diseñar una estrategia”, recalcó.

En esta línea, explicó que el equipo de especialistas en pastizales del INTA, al que pertenece, estudia y evalúa 13 establecimientos ganaderos que buscan incrementar la productividad de un modo más amigable con el ambiente. “Como en los otros establecimientos, realizamos una evaluación anual de la evolución del estado de salud de los pastizales que tiene el campo, el ritmo de recuperación de las especies nativas, así como lo que sucede en el suelo y el análisis de indicadores como el stock de carbono”, detalló Otondo.

Según Otondo, es “fundamental” tener en cuenta cuestiones eco fisiológicas de cada comunidad del pastizal. Es decir, dar un manejo específico diferenciado, de acuerdo a la época del año, respetando los tiempos de pastoreo y descanso necesarios y realizando, además, pastoreos estratégicos puntuales.

Así, los potreros con lomas y medias lomas son óptimos para su uso durante el invierno, por producir abundante forraje todo el año, por tener especies de invierno y de verano y ser más seguros en casos de inundación. “Allí, es necesario un pastoreo estratégico a fines de verano, que elimine el forraje estival, favoreciendo el recambio por invernales que iniciarán su nuevo ciclo y proveerán de comida al ganado”, explicó el técnico.

Este manejo de recambio se hace a la inversa en los potreros conocidos como bajos dulces, que son los sectores que permanecen encharcados en gran parte invierno y están dominados por especies de verano de muy buena calidad nutricional. Por esto, son excelentes productores de forraje a la salida de primavera y durante el verano.

Finalmente, los bajos alcalinos -conocidos como de “barro blanco” o de “pelo de chancho” - son menos productivos debido a fuertes limitaciones edáficas y están dominados por especies de verano de menor calidad forrajera. Para llevar adelante estos manejos se dividen los potreros, mediante alambrados eléctricos, según el ambiente y oferta de forraje para no más de 3 o 4 días de pastoreo. Finalmente, Otondo recomendó:  “Hay que mantener el suelo cubierto y favorecer la fijación de carbono, ser eficientes en el uso de energías no renovables, con menos insumos derivados del petróleo y aprovechar las consociaciones con leguminosas en verdeos o cultivos de cobertura”.

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