José Luis Ponce, el inolvidable bajista de Los Tekis, falleció en la madrugada de este miércoles, dejando un enorme vacío en sus seguidores

Emotiva despedida al Pucho

El nacido en Villa María, pero villanovense de corazón, se fue cuando seguía muy activo tocando con la banda que lo llevó a la gloria; sin embargo, deja un legado enorme a través de su música, del amor y admiración de quienes conocieron a un ser humano excepcional
jueves, 20 de agosto de 2026 · 10:09

Hay despedidas que tienen algo de silencio, del que parece un ruido tal que deja a todas y todos sordos de dolor. Y hay otras que, aun en medio de la tristeza, parecen venir acompañadas por una música que se niega a terminar. Ni terminará.

La muerte de José Luis “Pucho” Ponce, ocurrida en la madrugada de ayer, a los 68 años, dejó precisamente esa sensación en el mundo del folclore. Porque Pucho no fue solamente el bajista de Los Tekis, sino que durante más de tres décadas fue parte de una familia musical, un compañero de caminos, escenarios, carnavales, viajes, risas y sueños. Además de ser esposo y padre de un hijo y una hija.

La propia banda fue la encargada de comunicar la noticia y lo hizo con palabras que dicen mucho más que cualquier currículum: “Amigo, hermano, cumpita de la música y de la vida”, escribieron sus compañeros, antes de confesar que no encontraban palabras para explicar el vacío que dejaba. Recordaron las charlas, los abrazos, las anécdotas y esos años compartidos que terminaron convirtiéndose en una vida entera.

Y cerraron con una frase que parece escrita especialmente para alguien como Pucho: “Hasta el otro carnaval, ya nos reencontraremos, cuando sea la hora. Te amamos por siempre”.

 

El chico del Rivadavia

Pucho vio la luz de la vida en Villa María, el 29 de diciembre de 1957. Estudió en la Escuela Normal Víctor Mercante y, luego, en el Instituto Secundario Bernardino Rivadavia. Allí, en esas calles y entre esas escuelas, comenzó a construirse una historia que muchos años después llevaría el nombre de Villa María y Villa Nueva –y es que su  corazón era, sobre todo, villanovense– a escenarios de todo el país.

La música se hizo carne en él, a los 16 años, cuando comenzó a tocar el bajo eléctrico. Primero llegaron las orquestas de baile y luego el rock, con el grupo Universo. Más tarde, mientras estudiaba en Córdoba, siguió desarrollando su carrera musical. A fines de los 80 viajó a Italia y permaneció allí durante unos siete años, integrando una banda de música latina y latin jazz, experiencia que amplió su universo musical.

El encuentro decisivo llegaría en 1995. Después de regresar a la Argentina, un amigo -técnico de sonido- le habló de Los Tekis, una joven formación jujeña que acababa de recibir la Consagración en Cosquín. Pucho fue convocado inicialmente para algunas presentaciones y terminó convirtiéndose en uno de los integrantes históricos de la banda.

Desde entonces, su bajo acompañó más de tres décadas de historia del folclore argentino.

 

Un bajo por todo el país

Los Tekis nacieron en Jujuy y construyeron una identidad musical alrededor de los carnavalitos, huaynos, bailecitos y taquiraris, con una fuerte presencia de instrumentos andinos. Debutaron oficialmente en 1991 y alcanzaron la Consagración en Cosquín en 1995. Y con Pucho en el bajo, la agrupación se convirtió en uno de los grandes nombres de la renovación del folclore popular argentino.

Pucho estuvo allí en buena parte de ese recorrido: discos, giras, festivales, carnavales y escenarios multitudinarios.

De hecho, en febrero de este mismo año volvió a tocar con Los Tekis en el Festival de Peñas de Villa María, regresando a la ciudad donde había nacido. Su presencia allí fue, de cierta manera, un puente entre sus dos mundos: el del hombre que se había ido lejos y el del pibe que nunca había dejado de pertenecer a estas tierras que abrazan al Ctalamochita.

En julio todavía aparecía junto a sus compañeros en la formación que llevó a Los Tekis a la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho. La banda hablaba entonces de un nuevo disco y de nuevas giras. Pucho seguía arriba de los escenarios, donde prentendía seguir estando en el presente y en el futuro.

 

Un gran compañero

Quizás el dato más revelador de quién fue Pucho no esté en los escenarios, sino en las palabras que comenzaron a aparecer después de conocerse su muerte.

Soledad Pastorutti, compañera de tantos festivales y escenarios, escribió un mensaje atravesado por la tristeza: “Qué pena tan grande… Cómo vamos a extrañar a este gran compañero”, y envió un abrazo a Los Tekis y a la familia de Pucho.

También llegaron mensajes de Ceibo y de numerosos artistas y grupos del folclore. Entre ellos aparecen Axel, Campedrinos, Los Chaza, La Cantada de Jujuy, Nico Galleguillo, Canto del Alma, David Leiva,?el Cacho Aiello, Cuqui Soria, Santi Fiuri y muchos otros músicos que expresaron su sentir por la triste noticia.

Además, el Club Atlético Talleres, otra de las pasiones que acompañaban al músico, también expresó su pesar y lo despidió como un referente de la cultura popular argentina, destacando sus tres décadas de trayectoria junto a Los Tekis.

En Villa Nueva, donde Pucho tenía fuertes vínculos y era reconocido como un artista  más que propio –de hecho reconocido como uno de los músicos villanovenses más importantes en el país– su nombre también quedó ligado a momentos importantes de la vida cultural de la ciudad.

Y es que Los Tekis habían sido, por ejemplo, protagonistas de los Carnavales Gigantes de Villa Nueva; y, en 2024, el entonces músico villanovense fue recibido por el intendente Ignacio Tagni.

 

El músico que dibujaba

Pero, además, había otro Pucho detrás del músico.

En los últimos años había retomado con fuerza una pasión que lo acompañaba desde chico: el dibujo. Era autodidacta y encontraba allí otra manera de expresarse. En 2024 expuso sus obras bajo el nombre “El lápiz me lleva”, mostrando una faceta artística que muchos conocían y que él cultivaba con la misma libertad con la que había vivido la música.

De hecho, iba a exponer sus dibujos nuevamente en Villa María ahora, en septiembre, en el marco del aniversario de la ciudad.

Los propios Tekis lo recordaron también desde ese lugar. Hablaron de su “alma creativa, alegre, optimista”, del artista y del poeta que había en él y que ahora, dijeron, seguirá acompañándolos.

Porque quizá esa sea la mejor manera de entender la despedida que recibió.

Ponce no se fue dejando miles de canciones, sino que dejó compañeros que lo llaman “hermano”, músicos que lo recuerdan como “un gran tipo”, escenarios en los que su bajo seguirá sonando y una historia que comenzó acá, entre Villa María y Villa Nueva, y terminó extendiéndose por todo el país.

Pucho Ponce falleció con 68 años. Había recorrido miles de kilómetros, vivido en otros países, tocado para multitudes y compartido más de 30 años con Los Tekis.

Pero, para quienes lo conocieron de cerca, probablemente haya una definición mucho más sencilla y mucho más precisa de quién era: “un tipazo”.

Y cuando vuelva a sonar un carnavalito y el bajo marque el pulso de la fiesta, seguramente habrá alguien que piense en él, bailando y cantando esas canciones a las que dio vida, dejando su huella en todas y todos.

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