Los que patearon una pelota de papel

Escritores argentinos y el fútbol, emociones y la razón

Que el mejor escritor argentino haya odiado el fútbol es parte de la contradicción permanente que tenemos. Aun así, otras plumas destacadas han sabido transmitir aquello que todos sentimos cuando una pelota empieza a rodar
domingo, 19 de julio de 2026 · 07:30

La Argentina y el fútbol son prácticamente sinónimos. En un día donde la “manija” es total, nos dedicamos a recorrer qué escritores de nuestra Patria le dedicaron líneas al “deporte más hermoso del mundo”.

Aparecen -no todos, obviamente- aquellos que lo amaron,  pero también está la figura del mejor escritor de nuestra tierra que, por el contrario, nunca logró entenderlo.

 

Roberto Fontanarrosa

Hincha fanático de Rosario Central, el “Negro” es el gran maestro del humor y la pasión futbolera. Con cuentos antológicos como “Memorias de un wing derecho” y “El 12 de marzo se apaga la luz”, supo retratar la liturgia de los estadios. Además, sus textos también fueron llevados a las pantallas, donde se destaca “Fútbol y arte”, protagonizado por Luis Brandoni.

 

Eduardo Sacheri

Escritor, hincha de Independiente y famoso por su novela “La pregunta de sus ojos” (llevada al cine como El secreto de sus ojos -ganadora de un Oscar). Sacheri se especializa en capturar la épica cotidiana y los vínculos humanos que se generan alrededor de la pelota. Su libro de relatos “La vida que pensamos” es un pilar del género. Obvio que hay más como “Esperándolo a Tito” o “Papeles en el viento”, obra que también fue llevada a la pantalla grande, donde se habla de un amor eterno por el equipo.

 

Osvaldo Soriano

Hincha de San Lorenzo, periodista y escritor, reflejó como pocos la épica de los perdedores y la política detrás del fútbol en un texto de lectura obligatoria: “El penal más largo del mundo”.

 

Juan Sasturain

Un referente que combinó el policial con el deporte, destacándose en el título “Manual de perdedores” y su rol como impulsor de antologías dedicadas al tema.

 

Alejandro Dolina

Hincha de Boca, hombre de radio y también escritor. En su libro de “Crónicas del Ángel Gris”, inmortalizó a los “hombres sensibles de Flores” y elevó los picados de barrio a la categoría de mitología urbana.

Existe también una frase destacada:  “Más vale compartir la derrota con amigos, que la victoria con extraños o indeseables” (Instrucciones para elegir en un picado).

Queda en el camino Hernán Casciari, quien se dedicó en su momento a describir a Lionel Messi.

Visto por las redes. Algo que Borges jamás hubiera imaginado, dado su rechazo al fútbol

Jorge Luis Borges

Hasta ahora hablábamos de aquellos que aman al fútbol y se rinden a los pies de tal pasión. Pero... a diferencia de la mayoría de los escritores argentinos, Jorge Luis Borges no era amante del fútbol, sino que todo lo contrario: lo consideraba un deporte estéticamente feo y un fenómeno social peligroso.

Anécdotas hay miles, y frases también. Pero intentaremos hacer un racconto no tan extenso. En primer punto, Borges vinculaba el fútbol con el nacionalismo ciego. Decía que el deporte fomentaba el fanatismo irracional y la idea de que “un país es mejor que otro solo por ganar un partido”.

Cuando decimos que no le encontraba belleza visual es porque alguna vez definió algo que hoy suena elitista: “El fútbol es popular porque la estupidez es popular”.

Y?hay más: “El fútbol son once jugadores que corren detrás de una pelota, y cuando la alcanzan, la patean”, dijo una vez. Obviamente no entendió jamás el deporte. Lejos de juzgarlo, podemos compadecerlo porque -dueño de un genio absoluto- nunca pudo disfrutar eso que nos tiene “boquiabiertos”.

En el cuento  “Esse Est Percipi” (escrito con Adolfo Bioy Casares bajo el pseudónimo de Bustos Domecq) plantean un escenario que el fútbol ya no existe como deporte real, sino que es una ficción armada por la televisión y la radio para mantener entretenida a la masa.

Existe un mito, que puede ser cierto o no: pero muchos aseguran que el 2 de junio de 1978, mientras la selección argentina debutaba en el Mundial organizado por la dictadura militar, Borges dictó una conferencia sobre la inmortalidad en la Universidad de Buenos Aires. Lo hizo a la misma hora del partido a propósito, para demostrar su desinterés.

“En la víspera de la Copa del Mundo de 1978 hizo algunas declaraciones que luego le costarían caro: “Mientras dure el campeonato iré a cualquier parte donde no se hable de fútbol. El Mundial será una calamidad que por suerte pasará”.

Los detractores del torneo, que basaban su rechazo en que estaba organizado por un gobierno de facto, con todas las implicancias que eso conllevaba en la época, se hicieron eco de sus palabras para afirmar que hasta Borges, abiertamente conservador y antiperonista, cuestionaba el accionar militar. Y los defensores del gobierno mostraban aquellas famosas fotos en las que el escritor estrecha la mano del dictador chileno Augusto Pinochet y de Jorge Rafael Videla.

Durante mucho tiempo, Borges quedó en el medio de esa guerra sin cuartel por la ambigüedad de sus dichos.

Borges, que inicio su obra literaria traduciendo a los británicos James Joyce, Oscar Wilde y G. K. Chesterton, incluyó a Inglaterra en la volteada: “Qué raro que nunca se les haya echado en cara a los ingleses, injustamente odiados, haber llenado el mundo de juegos estúpidos, deportes puramente físicos como el fútbol, que es uno de sus mayores crímenes”, escribió en el año 2016, Matías Rodríguez, para la revista El Gráfico.

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