TEATRO

“Culpable”, una obra interactiva

martes, 20 de octubre de 2026 · 08:30

El domingo 25 de octubre, a las 21, el Teatro Verdi será escenario de un juicio bastante particular. No habrá que buscar abogados entre el público ni revisar expedientes para saber de qué se trata: quienes ingresen a la sala podrán encontrarse con un estrado, asumir distintos roles y terminar participando de una causa judicial en la que hasta el final está en sus manos. La acusada es una actriz que recibe una demanda sin saber quién la denunció ni por qué. La responsable resulta ser uno de sus propios personajes. Así comienza “Culpable”, la nueva propuesta de Carla Dogliani, quien escribió la obra.

“Es una comedia con humor, pero tiene un formato en el que se combinan un montón de estructuras”, explica Dogliani en charla con elDiario. La obra reúne actuación, improvisación, recursos multimedia, cambios de vestuario y una dinámica participativa que rompe con la distancia habitual entre el escenario y las butacas. La dirección está a cargo de Gastón Mori, con asistencia de Agustín Bazán y producción de Quality Producciones.

 

Una actriz frente a sus personajes

La historia comienza cuando la protagonista recibe una carta documento y debe presentarse ante la Justicia. Sin embargo, el conflicto toma un rumbo inesperado: quien la demanda es Janette, uno de los personajes que ella misma creó. A partir de allí surgen otras figuras que complican el caso y alimentan una trama donde las situaciones se desbordan con humor.

Dogliani interpreta cuatro personajes y realiza alrededor de ocho cambios de vestuario a lo largo de la función. El desafío no pasa solamente por sostener la historia en soledad, sino también por darle identidad a cada figura y hacerlas convivir dentro de una misma situación dramática.

“A esta obra la empezamos a escribir en febrero y empezamos a ensayar”, dijo. El trabajo exigió coordinar las distintas escenas, las entradas y salidas, los cambios de personaje y los momentos de interacción con el público.

En “Culpable”, los espectadores no se limitan a observar lo que sucede. La producción les asigna diferentes funciones: algunos pueden convertirse en jueces, fiscales o integrantes del jurado popular. Incluso, durante el desarrollo de la obra deberán cumplir consignas del juego escénico.

“Vos vas a ver la obra y te puede tocar ser juez, ser fiscal, ser jurado popular”, relata la actriz. El público también interviene en la resolución del conflicto: el final depende de sus decisiones.

La propuesta se apoya, además, en una escenografía que reproduce un juzgado a tamaño real y en un importante despliegue audiovisual. Las imágenes proyectadas permiten asomarse a la antesala del tribunal y seguir los encuentros entre los personajes.

Aunque el humor ocupa el centro de la propuesta, la obra reserva un espacio para la reflexión. Detrás del disparate judicial aparecen preguntas sobre la identidad, las máscaras que construimos y aquello que mostramos -o escondemos- ante los demás.

“El 90% es humor y es esa parte la que por ahí invita a la reflexión”, señaló Dogliani. La actriz asegura que las primeras funciones tuvieron una respuesta muy positiva: “Se prenden, se ríen, se emocionan”, cuenta, sobre la manera en que el público acepta entrar en el juego de la ficción teatral.

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