El músico por encima del personaje, aunque los códigos del barrio te lleven a tomar Fernet con los Stones
El Bocha Sokol no está solo...
Uno de los creadores de Sumo y voz de Las Pelotas sigue dialogando con sus fans en un cementerio de Traslasierra. Una de las tantas anécdotas, surgida durante uno de sus pasos por Villa María “Que tanto anhelo
me lastima”
Alejandro Sokol
Por estos días de enero hay un desfile silencioso, respetuoso, hacia el fondo del Cementerio de la Colina, en Nono, en el Valle de Traslasierra. Muchas personas llegan desde otros sitios turísticos cercanos o viajan especialmente desde el Gran Buenos Aires y otros puntos del país para pasar unos minutos junto a Alejandro Sokol, el Bocha.

Desenfundan la guitarra, tocan algunas de sus canciones: Cría de lobos, En el andén, El cazador, Flores negras… Le acercan latas de cerveza…
Si la música que hizo con Sumo, o con Las Pelotas, o con El Vuelto, sigue viva, si llega todavía nítida su voz al oído de tantos fans, el compositor y vocalista no está tan muerto…
Sokol nació en Hurlingham el 30 de enero de 1960 y murió en Río Cuarto el 12 de enero de 2009, cuando esperaba un colectivo para ir a visitar a su hija. Enero.
Es verdaderamente conmovedor “el espectáculo” en el cementerio del pueblo que eligió para pasar muchos de sus días (junto al vecino paraje de Las Calles).
El cronista de elDiario toma discretas fotografías, se aparta, toma asiento y contempla la belleza del paisaje y también lo bello de esa fusión mística entre el artista, el arte y el público, más allá del final de show.
“Una de las veces que vino a Villa María...”
Ya en la Redacción, hace un comentario sobre aquellas imágenes y surgen las anécdotas: “Una de las veces que vino con Las Pelotas a tocar a Villa María salió a la puerta del Hotel República a charlar y sacarse fotos con los fans. Uno de los seguidores había llegado en moto y el Bocha le preguntó si era suya. Ante la respuesta afirmativa, le pidió que lo llevase a dar unas vueltas para conocer la ciudad. Y allá fueron, con varios motociclistas más siguiéndolos en todo el recorrido”.
Es que, como acertadamente años atrás Gastón Calvo en Infobae, “cantaba, tocaba la guitarra, el bajo y la batería, pero, fundamentalmente, era un tipo de barrio, con códigos de barrio”.
El trompetista Marcelo Rodríguez, más conocido como Gillespi, quien formó parte estable de Las Pelotas, recordó la experiencia de haber sido teloneros de los primeros cinco recitales de los Rolling Stones en el estadio de River. Y otra vez surge la bohemia barrial. “Lo vivimos con un nivel de normalidad que, para que te des una idea, nunca habían venido los Stones a la Argentina y eran la tapa de la revista Gente, de los diarios, salían en Telenoche… Todo era sobre los Rolling Stones y estábamos ahí Las Pelotas y Los Ratones Paranoicos. Las Pelotas subíamos a tocar como si estuviésemos tocando en un club de Berazategui”, comentó Gillespi.
“Alejandro (Sokol) lo primero que hizo fue usarle la pasarela a Mick Jagger. Lo perseguían los negros y no lo podían agarrar. El chabón gambeteaba… Todo lo que nos prohibían que hiciéramos él lo hizo el primer show. En el segundo ya estaba tomando Fernet con ellos” (hay una foto de los cinco en las redes, que se puede googlear).
Cuando se fue de Sumo en 1984 le buscaron la boca y... otra vez los códigos: “Nos dábamos con todo; si no me iba, me moría… Pero quedó todo bien. Me acuerdo de que una de las últimas veces que lo vi a Luca (Prodan) me puso la mano en el hombro y me dijo: ‘Alejandro, vos sos un Sumo’”.
Y cuando Sumo se volvió a juntar en 2007 para un show en el Quilmes Rock, el Bocha no tuvo inconvenientes y fue la voz principal, más allá de que llevaba 20 años alejado de la banda, que se partió en Las Pelotas y Divididos tras la muerte de Prodan en 1987.
Tampoco hubo malas palabras cuando dejó Las Pelotas: “Quedó una linda experiencia, porque todavía sigo aprendiendo. Tengo un agradecimiento enorme, pero se terminó”, dijo Sokol, mientras buscaba una clínica donde tratar su adicción a las drogas y se volcaba a su otra banda, en la que tocaba junto a su hijo Ismael, llamada El Vuelto.
Tenía planeado lanzar un disco con esta banda en marzo de 2009, pero la muerte lo sorprendió en el andén un mes antes. Enero. Tenía 49 años.
El cazador
Las escenas de este primer mes del año en el Cementerio de la Colina, en Nono, en el Valle de Traslasierra, le dan la razón al autor del libro “Alejandro Sokol. El cazador”, Isaac Castro, quien hizo una profunda investigación del músico y prefirió quedarse con su creatividad, el significado de su obra para el rock nacional, antes que caer en la tentación y el facilismo de sumergirse en una historia de adicciones y de vida al límite, que hubiera puesto al personaje por encima del artista, que es en verdad a quien tantos van a visitar en enero.
S.V.
