Pilar Monesterolo presenta el libro con la historia del Teatro Estable de Villa María
“Llegamos a juntar cuatro mil espectadores”
Un recorrido por 30 años repletos de trabajo desinteresado de un grupo -encabezado por él- que forjó su sello y hasta creó su sala propiaHay libros que cambian la historia e historias que merecen un libro. En esta ocasión suceden las dos cosas…, y a la vez.
El próximo viernes 30 desde las 20 en el Centro Cultural Leonardo Favio se presentará “El Teatro Estable de Villa María 1972-1998”, un libro editado por Escritores Argentinos donde Pilar Pedro Monesterolo narra y cuenta todo.
Se trata de un testimonio completo de su tarea como ideólogo, fundador, director y líder del Teatro Estable de Villa María (de ahora en adelante, TEVM).
El mismo texto, que fue declarado de Interés Cultural por el Concejo Deliberante local, concentrará todas las emociones junto a grandes protagonistas que, página a página, se van sumando.
De la presentación también formarán parte Celia “Puqui” Charras -una pieza clave en la historia- y la apertura y conducción estará a cargo de Ana Gloria Fiuri.
El TEVM marcó una época con su tarea y se convirtió en un referente cultural de la región. Con sus propios recursos este espacio construyó una sala de su exclusiva propiedad, la que se encuentra ubicada hoy en el segundo piso del edificio del Club Sarmiento.
Previo a la presentación, Monesterolo -abogado de profesión e impulsor cultural desde su infancia- dialogó con elDiario.
-Estás publicando un libro trabajoso y necesario. ¿Cómo fue el proceso?
-Esto es la historia desde que comenzó el TEVM, en el año 1972, hasta 1998. Trabajamos casi 30 años con un elenco que logró sumar a distintos actores y llegamos a más de 320 personas. Esto mismo generó que yo escriba la historia en 400 páginas donde se habla de 50 puestas en escena, 300 fotografías, casi 200 programas y muchos facsímiles de artículos periodísticos de la época. Fundamentalmente, las fuentes fueron elDiario, el “Noticias” y “Momento”.
-Aquello que fue emoción hoy es historia.
-Es la historia de 30 años, 50 obras y de la construcción de la sala propia en los Altos del Club Sarmiento, que es propiedad del Teatro Estable.
-Y fuiste archivando todo.
-Son archivos de recortes que fuimos haciendo junto a integrantes del teatro, en su momento.
-¿Me nombrás algunas de las obras que llevaron adelante?
-Claro, hicimos “El diario de Ana Frank”, “El conventillo de la paloma”, “100 veces no debo”, “El acompañamiento”, “Los prójimos” y muchos más… Todo teatro de texto.
-Y esta semilla de acá viajó hasta otras localidades.
-Sí, como hijos del TEVM surgieron contactos con gente de Pasco e Idiazábal, con quienes sumamos algunas relaciones profesionales y otros teníamos una relación familiar. Terminamos armando “grupitos” en esos lugares.
-¿Y cuán difícil fue sostenerlo todo?
-Se consiguió darle estabilidad a la actividad. De las obras hacíamos hasta 42 funciones y llegábamos a juntar 4 mil espectadores… es un número hoy imposible. Eso lo conseguimos desde cero, porque el teatro fue el esfuerzo de un grupo que se reunía. No hacíamos dos trabajos y se terminaba todo.
-Se hizo parte de la ciudad...
-Sí, conseguimos darle estabilidad y no solo eso, sino que lo institucionalizamos. Éramos una organización con participación. Inicialmente, en la Comisión Municipal de Cultura, con actores y alumnos, creamos una escuela de teatro con el libro que estaba inserto en el programa de estudio que se cursaba en la formación de la universidad Nacional.
-Y hubo grandes protagonistas
-Muchísimos, como Jorge Bonino, Mario Grasso, Maldonado Daniel Tieffemberg y más. Bonino, específicamente, trabajó con nosotros en los inicios, cuando estaba de regreso de Francia. Marta y Hugo Mansutti, por ejemplo, también estuvieron y luego iniciaron su actividad de un modo distinto.
-Eran un grupo ecléctico, también.
-Supimos movernos con los tiempos. La intención del teatro era abrirlo a todas las inquietudes, cualquiera fuera su característica… y eso generó que pasara gente. En la diversidad estaba lo valioso.
-Imagino que económicamente la cosa se ponía brava...
-Nunca tuvimos un aporte oficial, sino que se sostenía con aportes personales de los integrantes y de algunos amigos. A pesar de la participación de la Comisión de Cultura, mucho se cortó con la llegada del “Proceso” (se refiere a la dictadura militar).
-¿Y cómo fue trabajar en tiempos de dictadura?
-En aquel momento la municipalidad nos convocó y nos pidieron que retiráramos la representación. El teatro iba a poder seguir funcionando, pero no contábamos con ningún apoyo.
-¿Los intervinieron?
-No. Inclusive hicimos autores que estaban censurados en aquel momento como Humberto “Cacho” Constantini, Carlos Gorostiza o Roberto “Tito” Cossa. Lo que pasaba era que en el ámbito que actuábamos no había trascendencia. Eso llegó después: tuvimos una actuación internacional cuando nos invitaron a Ecuador y también, acá, llenamos el Teatro del Libertador.
-Y es difícil mantener la tarea cuando, en el mundo del arte, hay mucho ego también.
-Y, no fue fácil. Cuando desaparecieron los “espíritus de los fundadores” fue el comienzo del fin. Desaparecieron cuerpos como Raúl Martínez, Antonio Giacardi y Mabel De Comini y se fue perdiendo la mística. Obviamente, también había otras inquietudes y otras necesidades. Estamos hablando del año 1972, cuando la actividad era más fácil y no había que multiplicar el trabajo.
En aquellos momentos hacer una obra de teatro era como hacer un cumpleaños: hacer la invitación, llamar a tu familia y solamente iban una noche…
-Los tiempos han cambiado…
-Por eso es importante, se marcó un tiempo distinto. Y puede servir para aunar criterios o para iluminar la actividad. Nosotros llegamos a integrar elencos con más de 50 personas y hoy no llegamos a 4 o 5 personas. Eso también hizo desaparecer el teatro de texto. Los trabajadores hoy lo hacen con su propia creación e hizo que la literatura teatral haya menguado.
También desapareció el criterio estético, ya no hay tareas de escenografía complicada o decorados importantes porque todo se ha simplificado.
Perfil
Pilar Pedro Carlos Monesterolo nació el 24 de agosto de 1940 en Villa María. Es abogado en ejercicio, viudo con tres hijos y exdocente. Fue funcionario municipal, provincial y convencional constituyente. A?los 14 años se inició como actor y no paró.
