Actuará el viernes próximo en el Teatro la Panadería
Vuelve Devalis, con todo su humor y a cara descubierta
Después de cinco años, el artista de Colazo, con exitoso desempeño en teatros y medios de comunicación, pisará nuevamente las tablas en la ciudad“Si yo le contara” es el título del show que traerá la semana próxima Mario Devalis a la ciudad. “Lo presenté en diciembre en Córdoba. Es algo realmente nuevo, diferente a lo de años anteriores, en el sentido de que ya no uso la máscara, no imito a un personaje determinado, sino que voy narrando cosas, historias. Hago como un repaso de cuando empecé, en Colazo, haciendo imitaciones hasta pasar por los medios y llegar al teatro...”.
-Bueno, en ese pasar por los medios, supongo que está también Radio Centro...
-Por supuesto. Allí empecé a hacer las primeras imitaciones, entre comillas, profesionales. Ahora veo los videos de aquellos años en YouTube, los de la radio, de Cadena 3..., y los veo completos, porque me hacen acordar de tantas cosas... Pero, bueno, en el espectáculo voy metiendo cosas de la vida cotidiana, hablando de las cosas que nos pasan, sin ser un stand up. Son conversaciones donde la gente se siente llamada a participar, te pide cosas; yo no le pido al público, es el público el que reacciona de forma espontánea, porque a todos les ha pasado algo de lo que uno va contando.
-¿Por ejemplo?
-Hay como una parodia de Dante Gebel, que es el mediático este que es medio pastor, que está en Miami, llena el Estadio Arenas. El tipo es porteño, está radicado allá y es un ídolo; cuenta chistes y después lee algo de la Biblia, le habla a la gente... Y después, no es que deje de lado todas las imitaciones, porque a medida que yo iba haciendo las funciones veía que la gente se quedaba con ganas de que yo imitara. Entonces, entre una cosa y otra empecé a meter más imitación. Y no te dejan de pedir Fabuleti, por ejemplo, que es el primer personaje que me piden.
Sin máscaras: “Las máscaras tuvieron su momento. Causan gracia porque aparecés igual al personaje del que se trate, pero no deja que el público vea cómo sos, los gestos, cómo disfrutás lo que estás haciendo”.
-Vas mechando...
-Es que un buen día yo sentí el afán de renovar y cambiar, y fue la gente la que me dijo hasta dónde. Porque, a la salida del teatro, la gente empieza: “Me hubiera gustado pedirte De La Sota”, “Me hubiera gustado pedirte Menem”, y yo no los había hecho por renovarme, pero notaba que esa gente que me había visto en el teatro o escuchado la radio se quedaba con ganas de pedirme. Ahora me lo piden directamente en la sala. Se animan, dialogan; es la riqueza que tienen estos teatros más chicos que, afortunadamente, están surgiendo en muchos lugares de nuestra provincia.
-¿El primer personaje fue Aldo Rico?
-No. Mi primer personaje fue Gustavo Tobi, aquel del noticiero del mediodía. Después sí fui creando personajes. Y la gente los recuerda y empieza a pedir uno u otro, porque por alguna razón se identifica o se ríe más. Y de una y quince minutos de duración que yo había pactado en Córdoba, empecé a ver que ya lleva una hora y cuarenta y cinco minutos. Yo me doy cuenta de que la gente quiere más y, si me piden, yo les hago. La única diferencia es que deje las máscaras.
-¿Cómo surgió esa decisión de subir a cara descubierta?
-Las máscaras tuvieron su momento. Causan gracia porque aparecés igual al personaje del que se trate, pero no deja que el público vea cómo sos, los gestos; cómo disfrutás lo que estás haciendo. Es así, con la máscara, la gente no te ve la cara. Hoy te aseguro que se ríen más con los gestos que con la máscara.
Cosas de chicos: “Era tomar leche del lechero, que era un tambero. Después de que pasaba el camión, se quedaba con tres tarros para repartir en el pueblo. Y yo digo que era una “leche fernet”, porque era 70/30 (setenta de leche y treinta de agua). Ahora, las madres van y leen todo, si tiene probióticos, si tiene esto, si vence...”.
-¿Cuánto hace que no venías a la Villa María?
-Hará cinco años. La última vez que fui, fue en Club Sarmiento. Hoy es así, como antes fue en el Verdi, con mucha gente. Eran otras épocas, en que la gente iba mucho al teatro. Y el Verdi se llenaba. Ahora, esta experiencia de llenar teatros chicos también es linda, porque la gente se siente parte en la medida en que participa más y uno también siente esa cercanía, que entraña mucho afecto. Es el camino que estoy andando: salir al interior, conocer esas salas nuevas. Yo nací en uno de esos pueblos, Colazo.
-Y ahí, ¿cómo eran las cosas?
-Como las cuento al comienzo del espectáculo. Nos criamos como los yuyos, en forma natural, con el cuidado de nuestros viejos, pero andábamos por todos lados y ellos sabían donde estábamos nosotros... Era tomar leche del lechero, que era un tambero. Después de que pasaba el camión a recoger la leche, se quedaba con tres tarros para repartir en el pueblo. Y yo digo que era una “leche fernet”, porque era 70/30 (setenta de leche y treinta de agua). Ahora, las madres van y leen todo, si tiene probióticos, si tiene esto, si vence... El lechero nuestro metía el brazo en el tacho en verano, todo traspirado, venían hasta los pelitos del brazo... Después, todas las bacterias morían cuando las hervías. Y que no se vuelque, porque ensucia la cocina y se arma... Y los ojitos nuestros se clavaban como hipnotizados y tu mamá te decía: “Ya hirvió la leche y vos, por mirarla, la vas a cortar”. Después veíamos el Zorro en blanco y negro... Es lo que voy contando y la gente va sumando. Para los carnavales había un tipo, el Loco Amaya, que se disfrazaba de Zorro, porque si vos te disfrazabas no pagabas entrada en el corso. Tenía un caballo que quería ser como Tornado, pero daba ocote porque era flaco; era de cualquier color, menos negro, pero él participaba. Voy contando todo esto... Y después, cuando íbamos a la Estación de Tren a ver quién llegaba. Los jueves era todo un acontecimiento, una diversión. Y un día llegó un tipo así, de pelo largo, barba, raro, y se instaló en Colazo con una pequeña Pyme. Puso un cartel tan ambiguo que nosotros no sabíamos a qué se dedicaba: “Se tejen sillas a mano y se le arregla el culo a las viejas”. No sabíamos si era artesano o cirujano plástico.
