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Juan Müller: maestro y pionero
El nombre le fue impuesto por Ordenanza Nº 1.572, del 22 de octubre de 1975, durante la Intendencia de Carlos PizzornoJuan Müller era entrerriano, había nacido en Diamante el 24 de junio de 1894. Su padre, Raymundo Müller, era alemán y herrero de profesión; y su madre, Justa Peralta, era argentina. Una vez finalizados sus estudios primarios, comenzó a desarrollar su vocación por el perfeccionamiento técnico y posteriormente ingresó a la Escuela de los Padres Salesianos San José de Rosario.
Miguel Andreis, en una publicación de El Diario del sur de Córdoba del 17/02/1991, lo recordaba: “Un lamentable accidente en los primeros años le corta cuatro dedos de su mano izquierda, situación esta que afrontó con un temple que le transmitía esa mezcla de sangre germana con nativa de sus padres. En el año 1918 ingresa como profesor en la Escuela General Belgrano de Tucumán (también de curas Salesianos). Al pasar muy poco tiempo y en reconocimiento a su capacidad, se le entrega la conducción y dirección técnica de la gran reforma que se estaba desarrollando en tal institución, trabajo que concluye junto a un grupo de docentes en 1924, por encargo del rector de la Universidad de Tucumán.
En 1920 se había casado con María Amparo Parajón (de Tucumán), prima de quien fuera intendente de nuestra ciudad, Eugenio Parajón Ortiz, y con quien tuvieron tres hijas: Frida, Elsa y Nely.
En 1930 el “Manco” Müller, como cariñosamente lo llamaban, se traslada a nuestra ciudad con toda su familia.
A la vez, Bernardino Calvo en “Historia de la Educación en Villa María”, nos señala: “La Unión Industrial Argentina, en oportunidad de la presentación de un proyecto de reformas educativas propiciadas por Saavedra Lamas en el marco de las consecuencias de la Primera Guerra Mundial, remarcaba que "los alumnos de los colegios nacionales y de las escuelas normales e industriales, aún los de la Escuela Intermedia recientemente creada, pertenecen, en general, a la clase media, y una vez que han cursado las materias que allí se enseñan, difícilmente se someten a la vida de taller como simples obreros". Para satisfacer esa necesidad, “el problema se resolvería creando las escuelas de artes y oficios”. El carácter acentuadamente artesanal de estos establecimientos técnicos, era, precisamente, la formación de artesanos y no de obreros calificados para el trabajo industrial y, en consecuencia, atendía los requerimientos de una franja social de hijos de trabajadores o de colonos a los que se proporcionaba alimentación y ropa, impronta social que, por muchos años, singularizó las actividades de la Escuela de Artes y Oficios o Escuela del Trabajo”.
A la vez, el exintendente e historiador Horacio Cabezas recordaba: “Müller fue convocado para ejercer la Dirección de la ex-Escuela del Trabajo o de Artes y Oficios, cuya nueva modalidad tenía como antecedente la ex-Escuela de Maestros Rurales. Fue una renovación y modernización a través de la concepción pedagógica puesta en práctica por iniciativa del Dr. Amadeo Sabattini, durante su paso por el Ministerio de Gobierno de la provincia. Desde ese sitial docente que ejerció durante 24 años, irradió una fuerza que brotaba espontánea, claramente positiva hacia el porvenir -que no debemos confundir ni olvidar- en bien de nuestras generaciones presentes y futuras.”
Don Juan -como le llamaban los profesores- fue un forjador de realidades, un revolucionario del sistema educativo.
Puso aires de progreso que se diseminaron por toda la Nación, fraguando voluntades que se vieron refrendadas en miles de hombres. “Él había creído en una juventud que, sabía, no lo iba a defraudar y vio en sus hijas la continuidad de su ser. Este hombre había sido artífice del destino de una importante parte de la sociedad villamariense, transformando junto a un eximio grupo de docentes que lo rodeó permanentemente, a una escuela de maestros rurales en una de las más importantes de su género en el país”.
PIONEROS DE LOS RAYOS ULTRASÓNICOS
En la Escuela del Trabajo de nuestra ciudad, cuando se recibió la promoción del año 1948, la institución había facilitado un espacio físico al ingeniero doctor Máximo Elbe, alemán, quien experimentaría la fabricación de aparatos emisores de rayos ultrasónicos para aplicación en enfermos de reuma.
Las primeras pruebas se realizaron en 1949 y la planta de fabricación se instaló en la calle Buenos Aires 1702. La empresa funcionaba con el nombre de “Elcin Ultrasonido” y sus ventas se iniciaron en 1950, siendo Lutz Ferrando y Cia., el comprador de toda la producción. Colaboraban en dicho trabajo los ingenieros Félix Gottlieb, austríaco, y Otto Klisertel, alemán. (Foto y texto: Julio A. Benítez)
