El último show del año en Ribera Vivo presentó a Toch, la original banda cordodesa que provocó una particular comunión entre sus fieles
Ritual musical a la vera del río
Además del trío que este 2025 cumple 17 años tocando, en el escenario sonó, como lo hizo en febrero pasado, Rayos Láser; además, Bonsai y Taharroh, en el marco de una noche perfecta y con la mejor entrada de público en la temporadaEn el Día de los Inocentes no hubo inocencia -ni malicia- que valga. Al menos, en el predio abierto de Ribera Vivo, que presentación tras presentación se va convirtiendo en un espacio musical y cultural con tintes de clásico, a pesar de sus pocos años de existencia, porque además de que han tocado importantes figuras de la escena de la música local, provincial y nacional, tiene la particularidad de estar en unos de los rincones más lindos de la Villa y ofreciendo espectáculos gratuitos.
Una grilla de nivel
Todo comenzó con Taharroh haciendo lo suyo sobre el escenario. Luego tocó el turno de Bonsai, quienes con buena música y la fuerza refrescante de la voz de su cantante comenzaron a calentar los motores en el ambiente y en la vibra energética del público que fue llenando el predio, haciendo que sea la noche con más gente de todas las que han habido desde que comenzó la nueva temporada en Ribera Vivo.
Y bueno, todo terminó por estallar con Rayos Láser, la banda villamariense que no para de crecer y de gustar, tocando por todo el país y en el extranjero, como lo hizo en octubre en varias ciudades españolas. De esta manera, poco a poco, pero inevitablemente, va internacionalizando su impronta musical, con ese rock pop sutil, contagioso, que tantos seguidores tiene y que hace bailar a quien sea con una energía que conecta con el público de una forma por demás especial, eléctricamente.
Fue una presentación, la del sábado, a la altura de la que tuvieron en febrero pasado, en el que quizá fue uno de los mejores shows de Ribera Vivo de la temporada 2023-2024.
En aquel momento subieron al escenario como banda principal, y ayer, como orgullosos y humildes teloneros de lujo de una banda con 17 años de trayectoria, 5 discos de estudio, uno en vivo (hecho este año), con un sonido muy particular, casi inclasificable, una mezcla de sonido por instantes litúrgico, con música latinoamericana, folclore, rock, reggae, jazz, cumbia e, incluso, con ese bandoneón que parece exhalar notas sonoras celtas, como si en lugar de bandoneón sonara a gaita.
Esa banda se llama Toch. Está conformada por los hermanos Juan Paio (bajo y voz) y Andrés Toch (batería y vos) y Martín Ellena (bandoneón, bajo y voz), y la verdad que es alta banda. No solo por lo que hacen con apenas tres instrumentos y tres voces, que parecen muchos y muchas más, y sonidos que inventan, así como los temas que tocan como si fueran parte de una misa agnóstica, que ahí, a la vera del río Ctalamochita, le daba tintes de pagano, por lo chamánico, por el aura mágica que sus composiciones llevan en sus entrañas criollas, mestizas, híbridas.
Levitar con la música
Sí, parecía que la gente se elevaba unos centrímetros de la tierra, del polvo, mientras Toch hacía todo eso que solo ellos hacen: una música de autor que parece hipnotizar a muchas y muchos, y cada vez más. O hacerlos bailar una chacarera intensa y festiva en el epicentro del predio, como para invocar con ese folclore tan nuestro, pero a la vez tan de Toch y nada más que de Toch, a todos los dioses de la música. Y así fue durante toda la presentación, donde unos ratificaron su devoción y otros se convirtieron en fieles seguidores de ese sonido único y original, con temas como Voy a encenderme, Como flotando, Milonga del mar, Ves mi sombra, A dividir, y otros salmos musicales para levitar.
