Más de tres décadas después, volver a transitar los mismos caminos
Cursar la asignatura pendiente y la gran razón del profesor Calvo
Eduardo Belloccio, titular de la filial villamariense de la SADE, viene de recorrer los mismos senderos que transitó con el historiador, depositar libros de autores locales en majestuosas bibliotecas europeas..., y de corroborar la sapiencia del gran Bernardino“Tuvieron que pasar más de 30 años. Concretamente, 31. A finales del siglo pasado se hablaba del próximo arribo de nuevas tecnologías, de otra inteligencia… Bernardino Calvo no creía que con esas invenciones llegaríamos a un mundo mejor. Prefería mirar atrás para entender el porvenir; era historiador”.
Lo dice el presidente de la Filial Villa María de la Sociedad Argentina de escritores, Eduardo Belloccio, luego de un periplo que lo llevó semanas atrás a recorrer los mismos caminos europeos que transitó hace más de tres décadas junto al profesor Bernardino Calvo. Iban, entre otras cosas, en busca de sus raíces. “Y de la tierra de nuestros antepasados brotaban explicaciones para aquel presente”, recuerda el poeta.
“Nos quedó la asignatura pendiente; la muerte de Bernardino, el de los más de treinta libros, nos impidió cumplir la promesa que nos hicimos de regresar juntos a ver cómo serían las cosas a la vuelta de los años. Llevó tiempo, pero pude hacerlo ahora, gracias a la invitación de un amigo ligado al mundo de las letras. Y el nuevo viaje me permitió acrecentar mi admiración a Calvo, porque..., tenía razón. La vida sigue siendo del humanismo, en los lugares más pequeños que vimos entonces”.
-¿Cuáles son esos lugares?
-En aquella oportunidad quisimos recorrer lugares icónicos de la literatura universal, como el pueblito de Villanueva de los Infantes, en Castilla-La Mancha, España, donde Miguel de Cervantes Saavedra escribió algunos tramos de El Quijote. También allí vivió y murió Francisco de Quevedo. O un lugar especialmente conmovedor para mí, un pequeño pueblo ubicado en la suela de Italia: Roccella Jónica, en la provincia de Reggio Calabria, donde nació mi abuelo y aún hoy habitan muchos parientes con los cuales compartimos el apellido.
“En esos puntos del mapa la vida se ha detenido y todavía ve pasar a los hombres, a la humanidad”, sostiene Belloccio.
“De un lado a otro, de España a Italia, fui visitando bibliotecas y dejando libros de autores de Villa María, como Clepsidra, de Rubén Ruiëdi, otro de Ricardo Kestli, los míos y algunos de Calvo, claro, con quien coincidíamos en que el mejor lugar para un libro no era una vidriera, sino una biblioteca…”, comenta.
Agrega algo a ese punto: “Quiero decir algo que habla muy bien de nuestra Biblioteca Mariano Moreno: tanto en la Biblioteca de Villanueva de los Infantes como en Roccella y en la Nazionale de Italia, en Roma, los libros son catalogados y cuidados de la misma manera que se hace en nuestra biblioteca municipal y popular. Tanto Cristina Fuentes, la responsable de la Biblioteca de Villanueva de los Infantes, como Laura Ursino, de Roccella, y en la Nazionale de Italia, procedieron exactamente igual que lo hizo Anabella Gill, cada vez que llevé libros aquí y me atendió personalmente”. El mismo método también de la Casa de la Cultura, de nuestra querida Villa Nueva.
“Párrafo aparte para Samuele Sppaletta, el mayor responsable del Archivo de la Monumental Biblioteca Nazionale de Roma, quien recibió los libros villamarienses como un tesoro más a guardar en sus anaqueles”, señala.
Y concluye: “Calvo era mucho Calvo, como tituló elDiario el día posterior a su muerte. Desde la historia, corría con ventaja sobre nosotros. Tenía razón: la vida, como los viajes, es mejor transitarla en compañía y pensando en el otro, en los demás”.
