Entrevista - Juan José Torres, ganador histórico en el Festival del Malambo
“Nadie es profeta en su tierra”
El villamariense que celebró en Laborde algo que la provincia de Córdoba no lograba hace más de 30 años, tiene una historia de sacrificio, da clases de danzas folclóricas en Bell Ville y es reconocido en gran parte del país, aunque no tanto en su ciudad. Hoy resiste para que no se cierren los espacios artísticos y que la danza no sea solo un “relleno” en los eventos populares
El Festival de Malambo de Laborde, que reúne a delegados de todas las provincias argentinas, llevaba más de 30 años sin tener un representante de Córdoba en algún premio.
El villamariense Juan José Torres y su compañera, Raquel Magarzo, rompieron con ese maleficio ganando el título de mejor pareja de danza, y demostraron un nivel superlativo en el escenario, bailando una jota cordobesa.
Desde entonces, el teléfono de Juanjo no paró de sonar con requerimientos de entrevistas y notas de medios cordobeses.
No fue fácil para Torres, que parece perfil bajo en esto de prestarse a las entrevistas. Pero mucho menos fue fácil llegar hasta donde llegó, convirtiéndose hoy en uno de los mejores bailarines del país.
A los 46 años, el hombre que tiene en su poder uno de los premios más buscados por los folcloristas del país, puede dar cuenta de que el sacrificio valió la pena.
Sentado en la Redacción de El Diario cuenta que conoció la danza a los 6 años, cuando vio un cierre con malambo de la Agrupación Folklórica. Y que desde entonces nada fue igual.
Desde pequeño
“Hace muchísimo que bailo, desde los 6 años. Empecé con un taller en el barrio Beletti (Bello Horizonte). Fui a ver a mi hermano que bailaba; no me gustaba la danza, pero vi un cierre con malambo de la Agrupación y dije: ‘Listo, empiezo el año que viene’”, contó Juanjo.
A los 7 años, Torres ya estaba entonces en la Agrupación. Se capacitó, se perfeccionó y empezó con profesorados.
Hizo una carrera en Córdoba que resultó “una truchada”, como luego contó, pero volvió e inició el técnico en danzas folclóricas en Bell Ville.
Torres no era uno más. Hizo en dos años la carrera que llevaba tres, y debió lidiar con trabajos fuera de lo artístico, ante la enfermedad de sus padres.
“A la mañana laburaba en una casa que vendía filtros, salía a las 13; a las 13.30 limpiaba en la Escuela Abraham Juárez, y a las 18.20 me tomaba el Coata para ir a Bell Ville. Y los fines de semana cortaba el pasto en casas”, recuerda.
A pesar de todo, Torres terminó con el promedio más alto de la provincia, ganó un premio en Bell Ville y, aunque su título no llegaba, el profesor de entonces dejó un escrito para que le dieran la posibilidad de rendir para dar clases.
“Bajo ese escrito me presenté a rendir y empecé a agarrar horas. Hoy ya tengo 28 horas de titular y hace 17 años que soy docente en Bell Ville”, revela.
Concretamente, Torres da clases en la Tecnicatura de Danzas Folclóricas, la única pública (dependiente de la provincia)?que hay en el territorio cordobés. Un espacio de resistencia a la música de nuestras raíces.
“Por camada tengo 20 o 30 alumnos, pasa que cuesta ahora revalidar el título y seguir con la carrera. El que sale tiene que esperar que un director avale una jornada extendida en la que se dé folclore”, cuenta Juanjo.
Además, se lamenta porque “se están cerrando todos esos espacios de formación artística. Quedan muy pocos”.
“Hace 17 años que trabajo en el polivalente y en todos los años rezás para que se abra y no se cierre. Antes estaba Cosquín, Río Tercero, Deán Funes... En Las Varillas abrieron una cohorte y luego se cerró”, enumera.
-¿Falta gente o presupuesto?
-Presupuesto. Se achica con el arte. El año pasado trabajamos en Las Varillas, pero hubo un recorte municipal y empezaron por nosotros. Cortaron tres años de trabajo y yo pienso: “Qué lamentable que tengan que sacrificar el arte”, que sea el espacio de ajuste.
Pasa también en los festivales. He podido trabajar en varios, coordinar, dirigir. Estuve en Villa María, Cosquín, Alta Gracia, Malargüe (Mendoza)… Y en todas, la presencia escénica de los ballets o de las personas que hacen arte sobre la danza, no es tratada de la misma manera que otras. Te dicen “hagan esto y se van”, y quedás afuera.
En el Anfiteatro te cambiás en la calle o en el club más cercano.
-¿Lo sufriste?
-Una vez cuando estuve de director en una apertura en el Anfi, el Chaqueño venía la noche anterior y su productora nos llamó para bailar para que entráramos a hacer los copetes de él. En el Festival nos habían dicho que no entrábamos, así que lo esperamos cambiados afuera, frente a la puerta de rejas, y él se bajó de su chata y preguntó: “¿Por qué no los dejan entrar?”. Y le respondieron que no porque no podíamos. Entonces él les dijo: “Si ellos no entran, yo no toco”. Y ese año nos abrieron la puerta, armaron una carpa y nos dieron agua, copetín”. Él les dijo en su momento: “Respeten al ballet de acá porque son de acá”.
-¿Por qué crees que sucede?
-A veces lo artístico no está medido con la misma vara. Una vez quise dar clases de danzas folclóricas y presenté un proyecto en la Municipalidad. Me dijeron que no, porque no tenía experiencia. Eso pasó y me encontraron luego en un acto público, un 25 de Mayo, en una gala. Yo estaba dirigiendo la Agrupación y el intendente me dijo luego: “El lunes te quiero ver en mi oficina”. Me presenté entonces con la gente de Cultura y me ofrecieron dirigir una escuela de danza. Entonces le dije: “Mire, yo vine a pedir un trabajo acá y esta gente me dijo que no, porque no tenía experiencia; mi trabajo que lo haga otro, porque hoy ya no me hace falta”. Y me fui.
Lo hice porque hay situaciones que lastiman. La danza te lleva por caminos y nadie sabe el sacrificio que uno hace.
Un largo camino
Hace 10 años que Torres baila con Raquel Magarzo, con quien se consagró en Laborde.
“Ella vive hoy en Santiago del Estero y nos juntamos una vez al mes, un fin de semana, a ensayar en Córdoba, como punto de encuentro”, cuenta.
En ese contexto, ellos se solventan los gastos, que no son pocos.
“Damos talleres, capacitaciones y, con esa plata, nos subsidiamos los viajes y certámenes”.
Lo mismo sucede con sus presentaciones, donde llegar es costoso.
En Laborde, de hecho, la pareja de baile debió costear (entre viáticos y el cobro diario)?a cuatro músicos que debían tocar en vivo.
En noviembre, la pareja se presentó al selectivo para el Festival del Malambo, que se realizó en Carlos Paz. Allí ganó.
En enero, ya en el Festival, bailó a la 1 de la mañana, abriendo el rubro “pareja de danza”. Y el sábado siguiente vieron la publicación de que eran finalistas.
“Ahí ya nos sentimos felices, porque no es fácil”, destaca Torres. Y después vino la consagración, ante 30 mil personas, aproximadamente.
Previamente, la pareja se había presentado en otras cuatro oportunidades, una de las cuales también llegó a la final, precisamente, el año pasado.
“Hacerlo a pulmón es complicado; es pagar a los músicos, la casa, todo lo que uno pone del bolsillo... Hemos salido a buscar sponsors y no tuvimos la posibilidad. Hemos golpeado la puerta en la Muni y tampoco tuvimos respuestas. Pero como la danza está superdirigida y, si no entrás en ese canal, no estás, es difícil. Tampoco se sabe salir a vender lo que uno hace, entonces nos costeamos con los talleres y cursos que hacemos”, cuenta.
A pesar de todo, Torres está orgulloso como un verdadero artista que hace lo que le gusta.
“Vivo de la danza, gracias a Dios. Y?muchas veces me han dicho ‘ahí va el loco del bombo, de la danza’, pero estoy orgulloso porque es lo que amo”, afirma, aunque reconoce que “hoy es difícil sostenerlo como una carrera de profesión artística”.
-Cuando todos salen de vacaciones, ¿ustedes van a festivales?
-Sí, ahora nos hablaron para ir a varios. Nos llamaron del Festival de Malargüe y, desde ahí, iremos al Festival de la Cueca. Estuve también trabajando en un proyecto para Vendimia en San Rafael, como coordinador artístico. Estuvo buenísimo.
-¿Y en Villa María?
-Acá no sé con quién hablar de Cultura, la verdad. Para la gente quizás nadie sabe que soy de acá y quienes me conocen no dan lugar. Quizás es porque nadie es profeta en su tierra, como dice la frase.
Tuve la suerte de trabajar con grandes maestros. Por ejemplo, los directores del Ballet Nacional. Tengo la oportunidad de colaborar con ellos.
“Conozco mucha gente de Buenos Aires. En 2002 ganamos el Pre-Cosquín con la Agrupación, en el rubro conjunto, con el profe Raúl Godoy. Con Raquel fuimos campeones nacionales de la jota cordobesa. En festivales grandes nos ha ido muy bien, pero siempre trabajando mucho”, afirma Torres, un ejemplo de artista.
