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Dentro del debate sobre si el folclore sí o el folclore no, el Coloso villamariense quedó atrapado. Si teníamos a Cosquín con la música nativa y sus nueve lunas, luego Jesús María que le sumaba la doma, con el tiempo el “Anfi” debía diferenciarse, así que quedó encerrado en la lógica del mercado, convirtiéndose en “Villa del Mar” o “Viña María”.
Esto no es una crítica a la decisión tomada, pero era el camino, porque los números no cerraban y en esos casos el culpable siempre es el municipio.
Con buen tino, desde la Secretaría de Turismo y Deportes, se tomó la decisión de abrir las puertas del Anfi a la iniciativa privada, lo que demuestra una búsqueda de darle vida a ese monstruo que se duerme después de febrero.
Así pasaron Ricky Martin, el primer “Festival Nacional de Cuartetos” y, este finde, el “Folk Fest”.
No debemos olvidar a ese grupo de “corajudos” villamarienses que, un año antes, lo intentaron también con el género del folclore, en un evento que se superpuso con “La Fiesta de la Cerveza Artesanal”, en Villa Nueva, (con bandas de rock de primer nivel, que le restaron asistencia).
También debemos mencionar la “Fiesta de San Patricio”, a la que se le fue “buscando la vuelta”, hasta que dio sus frutos (con solo un cambio en la disposición y ubicación de las mesas, la gente se sintió más cómoda y concurrió en mayor número).
¿Y el Folk Fest?
Con una buena difusión y producción, la asistencia del público no colmó las expectativas, pero el resultado musicalmente hablando fue excelente.
Desde las 21, con el arribo al escenario de “Cuerda y Cuero”, hasta la espera del Día de la Independencia, todo se mantuvo a un muy buen ritmo y calidez. Se sucedieron el dúo tradicional de San Juan Saypa, un folclore de proyección con Milena Salamanca, de la mano de la conducción excelente de Raúl Monti y su partener, conocida como “La Bicho”, quienes fueron ocupando los espacios en el armado entre banda y banda con mucho profesionalismo. Realmente muy ocurrente la comediante; la verdad… “feroz”.
Pero lo más descollante sucedió luego, cuando a las 23 hizo su aparición Juan Fuentes, el ex-Huarya, a quien hasta Luciano Pavarotti hubiese aplaudido. El acogedor público se paró tres veces para hacerlo de pie por varios minutos, y no tan solo su voz, sino también al coro, las segundas voces, los arreglos musicales y el look de negro de sus integrantes -muy cool-, quienes dejaron para el cierre su hit “La noche sin ti”.
La gente se descolgaba de las tribunas para “amucharse” con calor autóctono y nos hizo recordar aquel recital de León Gieco en el antiguo Cine Rex, cuando el de Cañada Rosquín dijo “somos pocos, pero buenos”.
El calor, más algunos “Fernandos”, entraban en ritmo de peña, para darle paso al Chaqueño Palavecino, vestido de gaucho y con sus nueve músicos ocupando la totalidad de la puesta (tres violines, un bandoneón, guitarrista eximio y percusión). Con su “Villerita” y otros clásicos hizo lo suyo, muy conocido. Ya pasadas las 3.30 Sergio Galleguillo llegó con su Chaya Riojana y fue cuando la harina empezó a cubrir la atmósfera. El cantautor no se calló. Lo dijo: el Hernán Figueroa Reyes “nunca tendría que haberse convertido en nuestra Viña del Mar”.
Tal vez “chauvinista”, pero el planteo podría ser que el género tendría que ir aggiornándose, algo que no es sencillo, ya que tiene que mantener las raíces y adaptarse a las reglas del mercado. Por lo pronto la gente de Salta, Jujuy, Santa Fe, Río Cuarto y otras latitudes lo disfrutaron muchísimo.
