El autor leyó algunos textos en la Medioteca
La oscuridad craneada, madura
El escritor Hernán Cuello presentó, tras un impasse de cinco años, «El día más largo del invierno», su segundo libro de cuentos. La obra, contó, se aleja de lo “políticamente correcto”En agosto de 2018, el psicopedagogo y docente de 38 años Hernán Cuello publicó «Un sillazo al oscuro en la cara», su primer libro de cuentos. Ahora, durante la tarde noche de un viernes de junio, a minutos de presentar su segundo, «El día más largo del invierno» (Apócrifa, 2023) él está sentado en el bar de la Medioteca y recuerda que después de aquellos textos se abrió “un impasse bastaaante grande”. Entonces dice: “Sentí que no podía volver a producir más nada. Estaba nubladísimo”.
En ese impasse, Hernán Cuello, conocido como “Ninio de Piedra”, se acercó a la poesía con la autora y editora de «A Pulmón» Alba Lunari. “Empezamos a transitar otros espacios, a conocer otros autores, a leer otras cosas y bueno, fue como fluyendo”, cuenta él, al que solo le gustaba algo de Alejandra Pizarnik. Sin embargo, aclara: “Hasta el día de hoy no soy muy lector de poesía. Volví a los cuentos; volví a la gente que escribe prosa”.
Regresó a ese género del que Julio Cortázar decía lo siguiente: “La novela siempre gana por puntos, mientras que el cuento debe ganar por nocaut”. Se identifica con eso: “Disfruto el estruendo, disfruto el golpe certero. No me gusta la pelea que dura doce rounds, reñida”.
En ese impasse aparece otro hombre: Juan Solá, el escritor nacido en enero de 1989 en La Paz, Entre Ríos y criado, desde pequeño, en Resistencia, Chaco. Ese hombre que publicó, por ejemplo, el libro de relatos «Microalmas» (Sudestada) y la novela «Naranjo en flúo» (Sudestada). Ese hombre al que el portal de “La Cooperativa de Trabajo para la Comunicación Social” presenta así: “Referente LGBT+ del mundo de las letras, crudo, sensible y desprejuiciado, construyó una obra que recorre este universo con creatividad y obstinación”.
Solá, dice Cuello, le dijo que había leído su primer libro y que le gustó: le propuso, si tenía material, hacer un libro. “Me dijo que iba a editar con él: editar con él era jugar en primera; es un tipo que es conocido en toda Argentina, se maneja en las ferias del libro”, comenta Cuello, que ha leído con Solá en Villa María, en Córdoba, frente a unas 300 personas.
“Me empecé a mover ahí, en un ambiente que estaba buenísimo y empezaba a crecer un montón. Esas ganas de crecer me dieron más ganas de escribir”, comenta.
Lo que ocurre después, dice Cuello, es de un día para el otro. “El muchacho este me dijo: ‘No, no se va a hacer tu libro, no se va a hacer porque no estás deconstruido’. Esa fue la palabra que usó”.
Por eso importa conocer las diferencias: entender que Hernán Cuello, el pedagogo, puede estar deconstruido. Pero que el narrador -la voz narradora, la que relata- no. Jamás. “Si yo voy a contar solamente las cosas que son políticamente correctas o lo que me pasa a mí, recortamos la literatura un montón. Qué se yo, no se hubiese podido escribir creo que el 80% de la literatura”, menciona.
Y dice: “De repente, que cuente que un asesino mata a su mujer y la descuartiza, no quiere decir que yo haya pensado en matar a mi pareja alguna vez y descuartizarla ni nada por estilo. Pero se ve que molestó que yo escriba de esa manera”.
No deconstruirse, explica Cuello, “significa no pertenecer a lo que es políticamente correcto”. Y agrega: “A partir de Juan han explotado muchos autores disidentes a los que quizá se los toma por la disidencia y no por lo que escriben”.
Hubo un nuevo impasse: Cuello no quiso saber más nada con la escritura hasta que se acercó a la escritora y editora de Apócrifa, Virginia Ventura (que trabaja junto con Darío Falconi) con quien coincidió: “El arte tiene que molestar, tiene que incomodar, tiene que movilizar”. Ella lo empujó para que el libro, por fin, tomara forma.
«Un sillazo al oscuro en la cara» era un libro, dice Cuello, “visceral”. Y, para describirlo, piensa en esta escena: en alguien que entra a un bar a las trompadas. Para «El día más largo del invierno», en cambio, piensa en otra: en alguien que se sienta en una esquina del bar a tomarse su cerveza y a observar cómo los demás se agarran a trompadas. Este libro es “más tranquilo”. Es, sobre todo, “más maduro”.
De todos modos, cuando habla del tono de su libro, habla de un tema que se mantiene en su obra: la oscuridad. Pero esta vez, la describe como una oscuridad “más craneada”: ya no es la de un asesino que sale de un callejón y apuñala a quien se cruza. Ahora es otra: es la de un psicópata; la de alguien que estudia a la víctima. Que sabe qué hacer. Cuándo. Cómo.
"Doblemente censurado"
Hernán Cuello, autor de “El día más largo del invierno” contó que además de lo que le ocurrió con Juan Solá (ver nota principal en esta página), con su libro, que salió por ordenanza de mecenazgo, debió atravesar otra cuestión: durante la selección los jurados se mostraron “muy en contra” y, en este sentido, le agradeció a Anabella Gill, responsable de la Medioteca, por trabajar para que se comprenda lo que se pone en juego en una narración. “Así que es un libro doblemente censurado”, sostuvo Cuello.
