Historias sin la urgencia de la noticia
Sacchetto, con el humanismo que el paso del tiempo nos inculca
Hay un libro. Hay motivo suficiente para un acto, una juntada, una charla, un debate. Hay un libro que merece ser leídoEl periodista que le estrechó la mano a Mijaíl Gorbachov en Moscú, el que exploró minuciosamente el Salón Oval de la Casa Blanca mientras más allá dialogaban Geroge Bush y Fernando de la Rúa, el que fijó su mirada en los ojos oscuros de Farah Diba, la viuda del último Sah de Irán, Mohammad Reza Pahleví... Ese periodista, el mismo que dirigió nuestro querido diario Noticias, el que nos contó desde la radio y la tele cordobesa cómo era la capital provincial y cómo fue que desde la matriz del pueblo se parió el Cordobazo, el que regresó a la ciudad con el proyecto de un diario (este diario) bajo el brazo, el que luego llegó a seleccionar los contenidos del Grupo Clarín, el que se retiró de la actividad después de más de medio siglo..., vino a la ciudad a contarnos las cosas desde otro ángulo; casi como espiándose a sí mismo, mirándose desde el asiento de al lado y también espiando hacia su interior.
Su libro, “Realatos. Historias sin la urgencia de la noticia”, lanzado por la Editorial Universitaria Villa María (Eduvim), fue declarado de Interés Cultural por el Concejo Deliberante. El edil Luis Caronni hizo entrega de la resolución, que fue leída a los presentes en el Auditorio de la Medioteca, donde se dieron cita comunicadores, exconcejales, poetas, cooperativistas, referentes de los Derechos Humanos, compañeros de Sacchetto en la secundaria... “Un encuentro de amigos”, dijo el autor, aunque fue más que eso.
En el volumen, el lector encontrará un relato diferente de acontecimientos relevantes; apreciará los detalles que la crónica urgente suele dejar para más adelante; nunca, tal vez.
Pero en esas páginas aparecen también historias cercanas que a uno le entran por los ojos como esquirlas y van a las profundidades. Le ocurren a una mujer de acá a la vuelta, que trabaja en la Fábrica Militar de Pólvoras; le suceden a un pibito de un poco más allá, de la región, que va a combatir en Malvinas... y Sacchetto lo borda con una carga de humanismo de esa que solamente el paso del tiempo y la quietud del pensamiento nos proporciona.
Hay que leer ese libro para terminar de conocer ciertas historias verdaderas.
Para él, escribirlo “significó disfrutar con la memoria de un recorrido por esos años en los que no había tiempo para detenerse en pequeños pero valiosos detalles”. Sobre el periodismo de antaño y el actual, sostuvo que “son muy diferentes”.
“No estoy entre las personas que dicen que todo tiempo pasado fue mejor, pero para ser breve, señalo que la rigurosidad en el tratamiento de la información y la calidad que los medios ofrecían a sus audiencias se han deteriorado mucho”, sostiene.
Y explicó que ya existen robots “trabajando” en las redacciones. Aunque está claro que nunca la inteligencia artificial podrá ocuparse del corazón de Sara ni de las heridas de un excombatiente ni... Como lo diría su amigo Xabier Vidal-Folch: “¡el periodismo no se va a acabar por un puto algoritmo!”.
