Otra medida para seguir rompiendo esquemas
Un cementerio, de puro nicho a pura literatura y con biblioteca propia
Julio Melián es el hombre que pensó y consiguió que se construya el espacio en el cementerio San Jerónimo, ubicado en el barrio?Alto Alberdi, de CórdobaA mediados de los 60, una casa del barrio Alto Alberdi de Córdoba recibía -por lo general, los fines de semana- visitas desde Rosario, o desde Buenos Aires. Los domingos, después de almorzar, el destino era el mismo: desde la casa, hombres y mujeres y niños hacían unas cuatro cuadras hasta el cementerio San Jerónimo, en Pedro Chutro 551, para estar con sus finados.
A mediados de los setenta, uno de los hijos de la familia, nacido en la capital, tenía diez años y acompañaba a los suyos. Los sábados -al igual que los domingos- también solía ir con sus tías, que vendían flores en su puesto: aquellos sábados, por otra parte, tan impregnados por el olor de los crematorios. Y para el día de la madre y el padre aprovechaba, porque se llenaba: él cuidaba autos y juntaba el mango.
A mediados de los 60, ese chico, llamado Julio Melián, que a pesar de tener tanto cementerio sentía miedo, no sabía, aún, que mucho tiempo después sentiría tan distinto: que el cementerio dejaría de ser puro nicho, pura muerte.
Ahora, una siesta de sábado, él, que llegó a Villa María para un encuentro de Bibliotecas Populares desarrollado en la Medioteca -cuyo eje fue la innovación tecnológica-, está sentado afuera, en una de las mesas de la cafetería.
Hijo de una ama de casa y de un futbolista y trabajador de la FIAT, Melián se cuenta a sí mismo. Menciona, apenas, el Profesorado de Francés que debió abandonar por “cuestiones económicas”. Y luego, todo lo que dice se remonta a la Bibliotecología, carrera de la que egresó en 2006 de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).
Si bien no lo asegura, los cuentos de los hermanos Grimm, de la colección juvenil “Robin Hood”, quizá hayan definido un horizonte: una de sus tías, profesora de Literatura, se los regaló. Ella leía y leía, y él, cuando la iba a ver, le miraba la biblioteca, curioso. Así, tal vez, el futuro haya tomado forma y él se haya convertido en este hombre “muy lector” que disfruta de las novelas históricas, que prefiere la literatura infanto-juvenil, que ama los libros, que por estos días está trabajando en la biblioteca del Museo en Ciencias de la Salud con colecciones de los siglos XVI y XVII del bibliófilo Pedro Enrique Aznarez, que quiere “revalorizar los libros”, que lleva adelante un proyecto para recuperar textos escolares en el Instituto de Enseñanza Superior Simón Bolívar, que capacita a docentes, que sigue formándose, que cursa la Licenciatura en Museología en la Universidad de Avellaneda y que hace visitas guiadas al cementerio San Jerónimo.
Antes de recibirse como bibliotecólogo, en 2004, Melián también cursaba semipresencial Museología en el Instituto Superior de Formación Docente y Técnica Nº 8 de La Plata y, por aquellos años, aparecieron las inquietudes, las relaciones con su pasado con su vida. Para uno de los trabajos prácticos de la carrera pensó al cementerio San Jerónimo como un museo a cielo abierto, y esa idea fue, en realidad, el principio. El museo todavía espera. “Hay que pasar por varias instancias para que puedan aprobarlo”, comenta, con cierta resignación.
De todos modos, mientras tanto, decidió crear una biblioteca en el San Jerónimo. Y pasaron los años. Pasaron gestiones, hasta que en 2019 consiguió establecer un convenio entre el Museo en Ciencias de la Salud y el cementerio. En 2020 llegó la pandemia: sin embargo, el proyecto tomó forma como biblioteca virtual con su página y su blog, y una oferta de servicios a nivel nacional e internacional a través de los catálogos colectivos de la universidad, de las redes de bibliotecas y de la Asociación Bibliotecarios de Córdoba (ABC), a la que pertenece.
Algunos no confiaban: le preguntaban a Melián cómo era posible que funcionara el proyecto. “Decían: 'Pero si las bibliotecas están desapareciendo'. Esa era la visión”, recuerda. El espacio físico, que cuenta con unos seiscientos ejemplares, se inauguró en abril de 2022, después de recibir donaciones de la Federación de Bibliotecas Populares de Córdoba, de la Biblioteca del Congreso de la Nación, del Plan Provincial de Lectura, del Instituto de Enseñanza Superior Simón Bolívar y del Ministerio de Educación de la Provincia de Córdoba.
El barrio se apropió: los jardines, las escuelas primarias y secundarias se acercaron. Se hicieron actividades de promoción a la lectura en la plaza central del San Jerónimo y se trabajaron leyendas para las distintas edades. Se presentaron libros como, por ejemplo, el de una autora que escribió sobre la historia del tango. Aquella vez, cuenta Melián, incluso se bailó.
De pronto, él parece no querer hablar de otra cosa: del doctor español Pedro Ara Sarriá, conocido por embalsamar, entre otros cuerpos, a los de Manuel de Falla y Eva Perón. Melián cuenta que entre los cuerpos con los que trabajó el médico -que se desempeñó en la capital en el Hospital de Clínicas- estuvieron el de un mendigo y el de Aurora Leoni, la hija de 15 años de un médico. A esa chica, cuenta el bibliotecólogo, como estuvo “expuesta dos años en el museo, le pusieron la bella durmiente”. El cuento que lleva ese nombre, que tiene versiones de Charles Perrault y de los hermanos Grimm, es una de las obras con las que se aborda la promoción a la lectura.
La mirada sobre el cementerio cambia: es, ahora, “cultural”. Y se buscan incorporar al cementerio colecciones con “libros de personajes muy importantes que formaron parte de la historia de Córdoba”: gobernadores como Mariano Fragueiro y Pedro Frías, médicos, personalidades de la religión como “la Hermana Purita” -nacida a finales del siglo XIX como Secundina Guadalupe Olmos- y de la aristocracia, como Rita Warcalde, cuyo mausoleo fue traído por su marido, José del Viso, desde Génova, Italia.
Los cementerios, dice Melián, son “como libros abiertos”. Y añade: “Muchas veces, cuando viajás, te dicen: 'Si querés conocer la historia del pueblo andá al cementerio'. Están los escritos en las lápidas, la arquitectura, la botánica, por qué los cipreses, por qué una rosa roja, por qué una negra... Los significados”.
El cementerio es transformado: allí se recuperan las historias locales, pero también, a la vez, se vuelve un espacio que se expande, que rompe sus propias fronteras, que quiebra los esquemas establecidos.
