EL LECHUZÓN
¡Guarda con la ola, la ola de caloooor!
(Edición impresa). “¿De qué hablamos cuando hablamos de calor?”, le dijo Romeo a Julieta frente al ventilador; a lo que la aludida respondió: “¡No se puede, no se puede, vivir con este calor!” y es así nomás la cosa, porque más allá de la nueva ola, la vieja ola, la ola folclórica y la ola pop, lo que se viene imponiendo como la selección nacional en Qatar, en este Festival Internacional, es la ola de calor. ¡No hay quién la pueda surfear ni quién la aguante! Y para colmo, en el festivalódromo, donde la gente se arracima como uva chinche en el recorrido que va desde el Puente Perón hasta el Anfiteatro, aportando cada uno sus décimas Farenheit o Celcius, la temperatura ambiente aumenta varios grados, y si a eso le sumamos, además, la contribución de los asadores, mecheros y hornos trabajando a troche y moche, el mercurio del termómetro trepa más que la inflación y el dólar blue, bailando amarraditos la danza sexy del reguetón. Perreo, perreo, perreo, y a quemar los michelines que hay que adelgazar. Y todo eso, por no mencionar la temperatura adentro del escenario durante el show de Lali, Lali, Lali, Lalita, no te enloquesá, Lalita, con el chape y el agite, que van a volar por los aires los transformadores de EPEC, que ya de por sí nos traen locos a todos cada vez que llega el verano y no dan abasto para alimentar los aires acondicionados y las heladeras. Como decía, el festivalódromo se convierte en una olla a presión que aporta considerablemente al calentamiento global y eso, desde el punto de vista de la ecología, no está nada bien. Los baños químicos se vuelven baños turcos, los baños del Anfi se vuelven baños secos, porque se quedan si agua y si seguimos así, Greenpeace nos va a querer suspender el Festival por antiecológico y entonces nos vamos a quedar todos sin laburo y después me van a contar cómo vamos a sobrevivir durante el verano. Porque, nos guste más o nos guste menos, el ya tradicional Festival de Peñas, ¿o era el Festival Nacional de Peñas?, ¿o era el Festival Internacional de Peñas? ¿o era el Festival de Festivales? bueno, el Festival, pongamos, se ha convertido en una atracción indiscutida y clásica del verano de la Villa, y atrae público de todos los puntos cardinales del país, gente ávida de música y parranda. Ayer, sin ir más lejos, desde muy tempranito en la mañana, ya había gente haciendo cola en el Anfi para sacar entradas para la velada cuartetera. Reposera y termo con coca “especial”, con un blend de Fernnando y un toque de Perito Moreno para mantenerlo bajo cero, y así combatir la calor. “Ya agarramos lluvia, sol, nublado, viento y calma chicha”, comentó una señorita que venia de Rosario para hacerle los honores al tunga tunga, muy acomodada en una reposera y con la carpita iglú armada prácticamente en la vereda, firme en la cola, esperando que abrieran las boleterías. Y eso también es una atracción del Festival, digo yo, poder atravesar todas esas experiencias climáticas en un solo día, una experiencia sensorial que es como un bonus track que se llevará de recuerdo cuando termine la fiesta cuartetera, si es que se acuerda de algo, porque, al ritmo que venía ferneceando desde bien prontito en la matina, quién sabe si ese software va a retener algún dato después de que se tilde y empiece a tirar error. Pero bueno, cada cual se divierte a su manera, mientras no le haga mal a nadie... Y parece mentira, pero “ayer nomás”, diría la canción, comenté que me parecía extraño que este año no hubiera venido pal Anfi ningún político, ningún candidato, nadie de ese palo y, como si los hubiera conjurado, como si me hubieran leído o escuchado, se apersonó por el coloso de la costanera, Natalia de la Sota, que venía a la ciudad para participar en una especie de Festival de Intendentes que se hizo el domingo y que se especializan en canciones y arengas en apoyo a la candidatura de Martín Gill para la gobernación de Córdoba. Y hoy, para no ser menos, está previsto que llegue a la Villa, Martín Llaryora, que es el candidato de Schiaretti a la misma gobernación, y que viene a apoyarse el solito nomás porque el gobernador anda por Galicia aprendiendo chistes de gallegos y no puede estar en dos lugares al mismo tiempo. Así que, festival mediante, Martín vs. Martín, martín pescador, salen competir y a pescar votos en este año electoral. Y ¡qué paradoja la de esta competencia!, porque en este caso, lo que importa no es cómo le vaya a Martín, o a Martín, sino cómo nos va a ir a nosotros con Martín, o con Martín. Hummm, me parece que no tendría que haber aceptado esos traguitos de coca “especial”, con un blend de Fernando y un toque de Perito Moreno para mantenerlo bajo cero que me ofreció tan gentilmente la señorita rosarina que esperaba en la puerta del Anfi para sacar la entrada para la noche cuartetera. Porque se me sube a la cabeza y digo cualquier cosa.
