EL LECHUZÓN
Una que sepamos todos
¡Al fin, al fin, al fin, llegó el duende saltarín! y metió la cola, justo cuando yo ya estaba a punto de rendirme y de tirar la toalla, y menos mal que no la tiré porque con los calorones que está haciendo transpiro más que testigo falso entre la muchedumbre que se agolpa noche a noche en el festivalódromo buscando algo fresco para la garganta seca, como jubilado el día 15 de cada mes. Pero decía que estaba a punto de rendirme y dejarme caer en la grieta generacional, abierta a fuerza de pop edulcorado para preadolescentes, hip hop (estilo musical a base de hipo y puteadas) y reguetón elemental como la tabla del 2, estaba a punto de hundirme en la melancolía del charango que extraña ser armadillo o quirquincho, cuando una luz apareció en el escenario del Anfiteatro y se propagó entre la platea, contagiando emoción vernácula. Y no era una luz de escena, no era un follover robótico led, sino la luz de un estribillo. Y es que el tal Tiago PZK cantó “Amor salvaje” y toda la monada acalorada de las gradas coreó con él ese breve, pero sentido homenaje al folclore nacional. Y yo, que estaba verde de la bronca porque me había pasado una hora dando vueltas para encontrar un lugar adonde estacionar mi monopatín eléctrico patrocinado por Greenpeace, me puse más verde todavía, pero verde esperanza, porque, aunque la canción del Chaqueño no sea propiamente un clásico telúrico, como “Luna tucumana” o “Zamba de mi esperanza”, algo de esperanza me dio. Los pibes se sabían “Amor salvaje”, que no es ni más ni menos que “una que sepamos todos”, como demanda el clamor popular en los fogones y los asados y la peñas que se precien de serlo. ¡Así que, mirá por dónde vienen los changos al final a entrar por la huella y a soplar la brasa que mantiene vivo el cancionero telúrico! Del reguetón al carnaval cruceño hay un puente que cruzar y por ese puente “te llevé sin preguntarte ni tu nombre, con mi brazo encadenado a tu cintura”, porque al fin y al cabo, casi todo se reduce a eso, al amor, más salvaje o menos salvaje, eso es asunto de cada quién, es una cuestión de elección. Y hablando de elecciones: qué pocas caripelas de políticos se han visto en el Festival ¿eh? Otros años estaban todos al lado del palco, aunque sea para las fotos, gobernador, intendentes, ministros y candidatos; nadie se quería perder los flashes de los periodistas, ni las cámaras de la televisión. Pero este año, hicieron mutis por el foro. ¿Tendrán miedo que les ovacionen a la madre? O será que ya no alcanza con unas fotos y una sonrisa para engrupir al soberano. Y digo soberano y pienso en el soberano bolonqui que se armó cuando llegaron los inspectores de la AFIP a fiscalizar el tema del estacionamiento. Hay quien comentó que se puso áspero el entrevero y se registraron escenas de pugilato, incluso, pero eso es harina de otro costal. Yo tengo los impuestos al día, así que me voy chistando bajito pal lado de las peñas a ver si alguien me convida una empanada exenta de IVA.
