EL LECHUZÓN

Adentro es afuera, flaco

domingo, 12 de febrero de 2023 · 12:00

Lo que digo siempre y no me canso de decirlo: el mundo está loco y patas para arriba, y lo que parece al derecho, está al revés, y así subjuntivamente: y el Festival es una clara demostración de que lo que digo es tan cierto como dos y dos son tres, o “si te digo la verdad te miento”, como sabía decir una tía mía que hablaba con los codos, no hasta por los codos, sino, literalmente, con los codos. Y bueno, ella era así, dicharachera e inclusiva y había aprendido el lenguaje de señas, que en el caso de los plumíferos, que carecemos de manos y dedos, como cualquier ornitólogo aficionado sabe, el lenguaje de señas, decía, se habla con los codos.  Pero yo no quería hablar acá de mi tía, sino del derecho y del revés, o algo más o menos así. Porque cuando el cantor, arrebatado por el frenesí de las guitarras y el repiqueteo del bombo, llena de aire el pecho y se arroma al micrófono para decir “¡Adeeentro!”, invitando a las palmas, el revoleo de pañuelos, el zapatear de las alpargatas, y la fiesta en toda su ley, lo que está diciendo, en realidad, es “Afuera”; quiero decir, que lo que en realidad quiere decir el tipo es que la pachanga, la milonga y el frenesí popular, está afuera, se vive afuera, sucede afuera del Anfiteatro. Y basta con darse una vuelta por las peñas y la costanera para comprobar que lo que afirmo puede apostarse a doble contra sencillo sin temor a la derrota. ¿Adentro? Un calor que insoportable y unos precios que te queman. ¿Afuera? Una mezcla de aromas y sabores que van desde la vainilla a la grasa chirriante; del autóctono locro hasta el exótico dulce de guayaba casero; payasos, bailarinas, músicos callejeros, entretenimientos y curiosidades y un incesante desfile de modelos que reflejan el amplio espectro de la especie humana, ávida de fiesta. Para todos los gustos, para recrear la vista y los demás sentidos y para, quién sabe, tirar la caña y por ahí algo pica, ¿quién te dice? Si señores y señoras, el verdadero Festival está afuera; aunque adentro, hay que reconocerlo, paran algunas cosas. Por ejemplo, en la carpa de prensa, el intendente Martín Gill andaba prometiendo que para el año que viene lo van a traer a Bizarrap y que estaban conversando con Fito Páez y que en una de esas los convencían a los Rolling Stones y que con lo que recaudarán del próximo Festival le iban a pagar al FMI y no sé cuantas cosas más... ¿cómo se nota que es año electoral, no? Mientras tanto, en el barrio Las Vizcacheras, todos los vecinos se quejaban de que la televisación del Festival no levantaba el oso y daba grima. Así que me volví para afuera a seguir la parranda en las peñas, que cada año están más lindas. Y para las peñas iba cuando pasé por el Reloj de Sol y me llamó la atención un chirimbolo extraño, un gran plato playo girando en el suelo y un nutrido grupo de personas muertas de risa; algunos disfrazados, y otros a cara lavada, muy entretenidos. El plato playo tenía una manija tipo monopié con un celular enganchado, fijo ahí, y un flaco que parecía manejar todo a control remoto. Me arrimé al del control remoto y pregunté ¿queloqué? Una plataforma 360 view, me dijo ¿lo qué? 360 view, ¿ah? 360 view... hummm... ¡Resulta que es el último grito de la moda, parece! Uno se sube ahí, al plato playo ese, se hace el pavote un rato mientras te giran y te filman. Y después te pasan la filmación a tu celular mediante un código QR y, claro, abonando los patacones correspondientes. Y después subís el video a tus redes, ¿entendés?  y recibís likes, o corazoncitos o lo que sea que se estile en estos casos. O sea, el último grito de la moda en tecnología,  para aggiornar el ritual más antiguo del mundo, que consiste en sacarse fotos haciéndose el pavo y mostrárselas a cuantos quieran verlas. ¡Divertidísimo! Y en las peñas, dale que te dale al baile, y a la espuma loca y a la chaya improvisada, meta harina y vino tinto y porrón y locro y empanada. Y si el presupuesto no te alcanza, también podés llevarte un par de reposeras, el mate, el termo y la yerba de ayer secándose al sol y disfrutar del espectáculo desde el costado de la vereda, gratarola. Hay para todos los gustos y todos los bolsillos. Esto ocurre afuera, con lo que queda demostrado, espero, que el verdadero adentro de la farra está en el mismísimo afuera. Claro que adentro del Anfiteatro también se puede decir que el show sigue y no para, y habrá a quien le guste, porque sobre gustos no hay nada escrito, claramente. Lo que pasa es que yo, en ese estilo Disneylandia tan mainstream (tomá, la palabrita esa ¿eh?, sacala a bailá)  no distingo muy bien entre un artista y otro, son todos tan fotocopias...

En cambio, afuera, a lo lejos, en la otra punta de la costa, allá donde el gaucho mira pal norte, estaba tocando el Bruno Arias. Guitarra, charango, violín, bajo y batería. ¡La hicieron chala! Y cantó con gente local también, y la Ángela Parodi hizo las delicias de la concurrencia. Y de yapa, había un pintor en el escenario y dale que te dale hasta que no den más las tabas. Vos dirás lo que quieras. Para mí, la cosa está afuera. Pues ¡Adentro!, entonces, y vamo pa’ fuera.

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