Recital - Ribera Vivo abrió temporada con el concierto del cordobés ante gran asistencia en el predio de la costanera
Juan Ingaramo es música y baile
No importa que te supieras todos los temas al pie de la letra o fueras un curioso que tan solo quiso ir a un evento libre y gratuito, con luna llena de eclipse parcial, pero el sábado a la noche, el músico que fue nominado a un Grammy Latino hizo cantar y bailar a todosComienza el verano
Todo parece indicar que comenzó el verano. O por lo menos, los prolegómenos de una temporada que, a pesar de las elecciones y la incertidumbre que generan, a pesar de la crisis económica y lo que quieran, pinta que explotará a ritmo de música, calor, sol (y también lluvia), así como un sinfín de eventos similares que las y los villamarienses seguro disfrutarán, como disfrutaron la noche del sábado con baile, DJ y, sobre todo, el recital de Juan Ingaramo, que no dejó indiferente a nadie, a tal punto que el predio de Ribera Vivo, literalmente, reventó de buenas vibras, fiesta, entusiasmo, y sobre todo, música y baile.
Felicidad y largas colas
Con este evento se da el puntapié inicial a lo que serán varias noches de música los próximos meses. Desde muy temprano, frente al río Ctalamochita, en Sarmiento y Libertador San Martín, el lugar estaba casi lleno. Gente joven, gente grande, niños y niñas, había de todo. El único detalle, quizá, y que varios de los asistentes hicieron notar, era la lentitud para comprar una bebida o algo de comer en las de por sí muchas cajas dispuestas para hacerlo. Las largas colas eran interminables y no había quien no fuera a tomar una cerveza al Ribera Bar original, en la barra, o ir a un quiosco cercano a saciar la sed con una birra en una noche idealmente cálida, y no porque no quisieran consumir dentro del predio, sabiendo que es un evento en calidad de libre y gratuito, pero es que de verdad era mucho tiempo para hacerlo por las interminables colas.
Importante asistencia
Sin embargo, ni esto hizo decaer los ánimos y las ganas de la gente de volver a vivir esas noches mágicas (y con esa Luna llena impresionante, testigo en todo lo alto, y más de eclipse parcial) que ya nos tiene acostumbrados Ribera Vivo a vivir, sobre todo desde el verano pasado, e incluso también el anterior, aun en pandemia.
Dicen que había más de 2 mil asistentes, el público enstusiasta y fiel, quienes desde mucho antes de las 22, hora en que se tenía previsto que saliera a cantar Juan Ingaramo, aunque lo hizo casi cerca de las 23.30, ya se movía acompasadamente en un sutil baile multitudinario, como un grupo de chicas veinteañeras que no paraban de reír y tararear todo lo que el DJ de turno ponía, e incluso una de ellas expresó: “Las noches de Ribera ya son un clásico, ¡cuánta falta nos hacían, vamoo!”.
Un gran acierto
“Creo que este tipo de eventos, libres y gratuitos, en paz y en armonía, sin problemas (bueno, salvo la tardanza para poder comprar una cerveza, je), le hace muy bien a Villa María y a toda la comunidad. Me parece un gran acierto de los chicos de Ribera y de la Municipalidad de darles el permiso de utilizar este espacio para todas y todos”, dijo un hombre sonriente y lleno de emoción, de alrededor de 60 años, que parecía mucho más joven por la onda que tenía y las ganas de pasársela tan bien como todos y cada uno de los presentes lo hacían.
Cordobés para todos
Muchas chicas, muchos chicos, señoras y señores, de todas las ondas y todas las tribus, de todos los ámbitos sociales, entremezclados en una masa casi uniforme que cantó a coro (incluso lo intentaban quienes no se sabían las letras) los temas que Juan Ingaramo, el cachondo cordobés -pareja de la actriz Violeta Urtizberea, con quien tiene una hija llamada Lila-, de gran simpatía, amo y señor del escenario, cantó con fuerza, personalidad y mucha empatía con la gente.
Historias y más
Infinidad de celulares en todo lo alto sacando fotos, haciendo videos que seguramente inundaron las redes sociales, muchos de los cuales se pudieron ver en las historias del Instagram de Ribera Vivo. Y ahí estaba la que le envió una carta de amor a Juan y él la leyó, agradeciendo sus palabras, y el que abrazaba a su pareja, seguramente sintiéndose identificados con los temas de amor que cantó, o el grupo de amigos y amigas bailando una bachata o un cuarteto. Hasta el hombre flaco y de barba que reía y lloraba al mismo tiempo, como en trance, más allá del bien y del mal. Y ante la pregunta de qué le sucedía, no tuvo reparo de decir: “Es increíble lo que está pasando acá. La verdad, jamás había oído a Ingaramo, pero está buenísimo esto que se ha logrado, esta armonía y comunión entre todos. Y te lo digo yo, que acabo de ver a mi exnovia, a quien sigo amando, de la mano de otro hombre, seguro su nueva pareja, y con sus hijos, a quienes quiero como míos”, y luego levantó su cerveza para brindar con el aire, el sonido, con todos, con ese canto colectivo de temas que hicieron latir corazones y mover caderas.
Amor y desamor
La noche voló a la par de la música y las sonrisas que las notas dibujaron en todas y todos. Fueron cerca de dos horas de una playlist que, si me preguntan el nombre de las canciones que la conformaron, sinceramente, ni idea. Solo me queda una, “Dos extraños”, cantada con especial énfasis por Juan Ingaramo. Porque ese tema, el nombre y lo que decía, contrastó que lo que ahí sucedió, en donde todos parecían conocerse, todos parecían ser lo mismo, por más diferentes que fueran, por más historias de amor nuevas surgiendo o del desamor que sigue doliendo.
Y sí, la música y la reunión humana que provocó ese ritual, como solo ocurre en algún rincón argentino semejante, con acento propio, por más chico o grande que sea, volvió a sentirse a través de los sentidos del Ctalamochita, su espía. En una noche de Luna llena, medio eclipsada, de fines de octubre.
Por fortuna, la ansiada y necesitada lluvia llegó el día previo, permitiendo que este concierto, que abrió el grupo Danza vida y cerró con la Fiesta Ribera y los DJ que le dieron vida, pudiera suceder. Ah, y también dicen que se festejaron lo 100 años de Valfré, no es poca cosa. Pero lo que ahí se festejó, de verdad, fue aquello que llaman “vivir”.
