Archivo histórico - La herencia cultural y racial de la provincia

“África en Córdoba”, algo más que un tostado en la piel

Se presentó en la Sociedad Educativa Argentina el libro homónimo de Marcos J. Carrizo y la muestra fotográfica “Los negros de Villa Nueva”, perteneciente al Archivo Histórico de la vecina ciudad
sábado, 10 de septiembre de 2022 · 08:41

“En Argentina no hay negros”, se escucha decir a menudo. Quienes lo afirman, suelen ignorar la existencia de antepasados venidos del África: bisabuelos o tatarabuelos esclavizados y liberados después. Otros (la inmensa mayoría) se niegan a aceptar ese linaje, aunque su ADN diga lo contrario. Camuflados bajo los amables adjetivos de “morenos” o “trigueños”, muchos intentan invisibilizar aquel legado que, por cierto, conlleva mucho más que un color tostado en la piel. Sin embargo, en los últimos años, se ha operado el proceso inverso. Y una incipiente porción de afrodescendientes ha cambiado la vergüenza por el orgullo, la negación por la aceptación, la “mentira piadosa” por la verdad objetiva. Acaso, porque nadie puede ser quien es sin aceptarse en su totalidad.

De estas especulaciones, pero también y sobre todo de la incontestable descendencia negra de su autor, nació “África en Córdoba - Esclavitud, resistencia y mestizaje”, el libro del historiador cordobés Marcos J. Carrizo (Ediciones UNC, 2018, 189 pág.). Y ese trabajo final de grado, que también fuera un intento por bucear los orígenes de una provincia, se presentó en la Sociedad Educativa Argentina de Villa María.

La apuesta de SEA fue abarcadora, ya que integró la muestra fotográfica “Los negros de Villa Nueva”, coordinada por el historiador Luciano Pereyra, director del Archivo Histórico de la hermana ciudad. Las imágenes expuestas (unas 15 láminas en gran formato) fueron tomadas, en su inmensa mayoría, por Joaquín Puente y su hija Ana, entre los años ´20 y ´40, y datan la potente herencia africana en muchos villanovenses; la inmensa mayoría, descendientes de soldados negros que desempeñaban sus tareas en el cuartel (la actual “Defensa”) del Ejército argentino. De hecho, y al decir de Pereyra, “a mediados del siglo diecinueve, la población afro ya estaba mimetizada con el criollo en Villa Nueva. Sin embargo, en 1846 se constituye el Escuadrón de Blandengues, formado íntegramente por milicianos de origen afroamericano. Y no todos murieron en las guerras civiles o en la del Paraguay…”

Las fotos expuestas mostraban a niños negros en viejos carnavales de la memoria o en encuentros del club parroquial; a guitarreros en siestas de boliches y trabajadores rurales en la construcción del parque; hinchas de Alem en borrosas tribunas del pasado y un futbolista del ya extinto club Belgrano muy parecido a Garrincha; llegando hasta nuestros días, con los vecinos María López, Antonio “Mono” Mazzini, Rubén “Puchino” Castellano y Héctor Palermo.

 

De la esclavitud a la libertad

Presentado por el historiador Jesús Chirino, miembro del Archivo Histórico de Villa María e investigador del Inescer “Dr. Ángel Diego Márquez”, Marcos J. Carrizo comenzó su ponencia contando la razón de su investigación: el “bullying” sufrido por su hijo mayor, de claro fenotipo africano, en un colegio secundario de Ferreyra.

El trabajo de Carrizo fue no solo de campo, con entrevistas realizadas a afrodescendientes y docentes especialistas, sino una maravillosa labor de archivo. Allí, el investigador pudo destejer una trama de cuatro siglos de presencia afro en la provincia, tomando el 27 de abril de 1588 como punto de partida. Y es que en esa fecha, y por primera vez, dos jóvenes esclavos provenientes de Angola fueron vendidos en la ciudad de Córdoba.

Pasando por la “trata de esclavos” del encomendero Luis de Abreu hasta los sacerdotes jesuitas que compraban “negros” para sus estancias (tras su expulsión en 1767, según el autor, “la orden contaba en todas sus propiedades con un total de 17.275 esclavizados”), Carrizo cita documentos estremecedores, como este fragmento del español Alonso Concolorcorvo (“El lazarillo de los ciegos caminantes”, de 1773), quien esto escribe: “A mi tránsito se estaban vendiendo en Córdoba dos mil negros, todos criollos de las Temporalidades, solo de las dos haciendas de los colegios de esta ciudad”.

También, Carrizo expone el resultado de varios censos provinciales, como el de 1822, donde los “nobles” constituían el 11% de la población, mientras que los “afromestizos, pardos y negros”, el 17,72%; los “indios y chinos” conformaban el 25,49%, y los “sin especificar”, el 50,58%. Se cita, también, el “Censo Infantil de 1889”, con el porcentaje de niños afro-indígenas según los distintos departamentos de la provincia. Capital tenía el 32%; Sobremonte, el %60; San Alberto y Río Primero, el %50; Río Cuarto, el %30; y nuestro “Tercero Abajo” (actual Departamento San Martín), el 34%. “¿Será que esta pampa, acaso, no sea tan gringa?” dijo Carrizo, haciendo una broma acerca de nuestra pretensiosa toponimia.

 

Del Negro Bamba a “la Mona” Jiménez

Y ese fue, precisamente, otro de los ítems del libro. Los nombres que aún se conservan de aquel pasado negro. Nombres como Bamba o Tulumba; Candonga, Cabalango y Calabalunga. Y en la capital cordobesa, el Barrio del Congo, la Bajada del Negrito Muerto, el Arroyo de los Mulatos, La Quinta del Negro (por Bamba) y el Monte de los Negros, todos espacios donde el afro dejó su impronta.

En cuanto a la herencia cultural, Carrizo señaló que no solo las palabras, sino los ritmos y espíritus como los del “tango”, “malambo”, “zamba” y “milonga”, provienen del África. “Y en el Martín Fierro, nuestro poema nacional, hay muchos más personajes afros que los de cualquier otra etnia, incluidas las aborígenes”.

Traídos a Córdoba por el agotamiento de la “mano de obra” indígena, los obreros afros fueron empleados en los trabajos más penosos; desde las quintas y plantaciones, al monte, como “leoneros”, es decir, como cazadores de pumas.

En el plano cultural, la impronta afro tiene, actualmente, algunos referentes ineludibles. Carlos “la Mona” Jiménez, actual ícono del cuarteto cordobés, es sin dudas el afrodescendiente más famoso; e incluso en 1994 lanzó un disco titulado “Raza Negra”. También fue muy importante el aporte del artista plástico Ramón “el Negro” Villafañe, quien pintó los suburbios de Córdoba a mediados del siglo veinte. En deportes, el fútbol tuvo brillantes exponentes; desde Amable López (la “Saeta Negra” de Córdoba Central, en tiempos del amateurismo) a Luis “la Araña” Amuchástegui (del Racing de los ´80) o Claudio “Capé” Sarría, en el Instituto de los ´90.

A modo de conclusión, Carrizo escribe en su libro: “Las culturas regionales de nuestro país se han visto reconfiguradas por la presencia afro, que ha estimulado y enriquecido un eje imaginario entre Córdoba y Perú  (…) En Córdoba, lejos de haberse extinguido, esta cultura afroamericana se manifiesta en la musicalidad popular, en la religiosidad, el lenguaje, la toponimia, la cultura culinaria y el arte”.

Y finaliza su conclusión afirmando que “entre los aportes que africanos y afroamericanos hicieron a nuestra sociedad, quizás el mayor de ellos haya sido el acto de sobrevivir, así como también de legar principios y valores del mundo desde donde fueron arrancados. Y también, la posibilidad de resiliencia ante esta etapa cristiana, capitalista y bárbara de la humanidad”.

 

Iván Wielikosielek

-Especial SEA-

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