El homenaje a la señorita Nilda Gamacchio

Es muy grande el reconocimiento a esta docente, puesto que proviene de quienes estuvieron a su lado en los establecimientos educativos que dirigió en Villa María y Las Perdices
viernes, 29 de julio de 2022 · 07:30

La señorita Nilda Gamacchio, tal como la conocieron alumnos y docentes, falleció el lunes último a los 91 años de edad. Desde ese momento, comenzaron a llegar a nuestra Redacción sentidas palabras de quienes se sintieron llamados a evocar su figura.

Ese fenómeno de tantos años que llamamos “Los lectores también escriben”, nos permite brindar hoy este merecido homenaje.

La docente estudió en el Profesorado de Matemática Gabriela Mistral, del Instituto Terciario de las Hermanas Rosarinas.

Luego comenzó a dictar clases en el Nivel Medio.

En los primeros años de la década del 70 viajaba todos los días a dar clase en un establecimiento de Las Perdices.

La Congregación de las Hermanas Terciarias Misioneras Franciscanas, con sede en el barrio San Vicente, de Córdoba, atravesaba en esa época una situación muy triste y difícil: muchas religiosas dejaron sus hábitos y se retiraron.

Los cargos directivos de sus establecimientos, que siempre fueron ocupados por religiosas, tuvieron que quedar en manos de laicos, con el acompañamiento de la Congregación.

Fue así  como en el año  1978 la señorita Nilda asumió el cargo de rectora del Nivel Medio del Instituto San Antonio.                         

Durante el período en el que trabajó, Nilda hizo muchísimo con el personal docente.

Además, en esos años el colegio avanzó en construcciones (aulas, gimnasio, techo cubierto, etcétera).

Y fue ella, como directora, la que más bregó ante el Obispado para que la institución dejara de ser solo para mujeres y pasara a recibir también a estudiantes varones.

En el año 1993 el Nivel Medio, que dependía de la Nación, pasó a depender de la Dirección de Institutos Privados  de Enseñanza (DIPE), de la Provincia de Córdoba. 

En el año 1999 Nilda se acogió a los beneficios de la jubilación, pero muchas promociones la seguían convocando para sus fiestas de reencuentro.

Como decíamos, recibimos decenas de expresiones a partir de la noticia de su fallecimiento. Una de ellas es la de Roxana Camacho, profesora y exalumna del San Antonio: “Gracias por todo señorita Nilda... Gracias por la confianza de darme horas de clases siendo tan joven y con tan poca experiencia... Gracias por poner límites y enseñanzas a mis rebeldías adolescentes durante mi secundaria... Gracias por permitirme trabajar en mi escuela, en mi casa... Me llevo los recuerdos más entrañables... Nuestras discusiones políticas,  nuestras eternas charlas telefónicas, tus consejos, tu carácter bravo y combativo, tu elegancia sublime, los viajes en tu auto yendo por los barrios a promocionar al San Antonio para que tuviera más alumnos porque  nuestro San Antonio estaba a punto de desaparecer”.

Tal vez esas palabras sean el mejor prólogo para estas páginas.

 

"Gracias...”

“La señorita Nilda fue, es y  será para mí, un ejemplo de tenacidad, compromiso, generosidad, confianza y actitud positiva frente a la vida.

Fue una mujer decidida y visionaria.

Puedo afirmar, desde lo personal, que sabía dar oportunidades a la gente y más aún a aquellos que lo necesitaban.

Gracias, Nilda, por ayudarnos a mí y a mi familia cuando lo necesitábamos. Gracias por tu siembra en el Instituto San Antonio. Gracias por mantener los valores franciscanos en alto.

Que Dios te reciba en sus brazos. Descansa en paz.

Siempre en mi corazón ”.

Gisela Ambroggio

 

"Todos fuimos beneficiarios de su actuar”

“En estos días recibimos la triste noticia del fallecimiento de una persona que ha sido muy importante y que ha regido también el destino, la educación e hizo historia en nuestra querida Las Perdices. Estoy hablando de la señorita Nilda Nelly Gamacchio, directora fundadora con muchas personas más, de nuestro colegio secundario.

Me parece que así como muchos hemos rendido homenajes a muchas personas de  Las Perdices, que también rigieron sus destinos, a través de fotos, recuerdos, comentarios, anécdotas y demás, como por ejemplo a señores intendentes, policías, médicos, maestros, enfermeros y muchos cientos de personas más que con su actuar nos dejaron algo y nos marcaron en nuestras vidas y comunidad.

Creo que no podemos dejar de rendir homenaje a quien fuera hacedora fundamental en la búsqueda, puesta en marcha, en la tremenda responsabilidad y mucho, mucho esfuerzo para que los jóvenes adolescentes y adultos también puedan capacitarse, educarse y a través de ello llegar a ser profesionales o empresarios y seres humanos con una buena cultura sin importar lo que la vida nos dio a cada uno. Eso hizo nuestra querida Nilda. ¡Cuántas horas, cuántos viajes, cuánto esfuerzo y sacrificio, cuántas alegrías, cuántas lágrimas derramadas cuando le costaba poder resolver algo que afectaría a su tan amado colegio, a sus alumnos, a sus pares y, en fin, a la comunidad toda.

Me tocó en lo personal, como a muchos otros, estar a su lado como alumno, trabajando y también como amigo, y encontré en ella una persona íntegra, llena de extraordinarios talentos y valores, tremendamente solidaria, alegre y participativa y también muy recta.

Sus objetivos fueron siempre tan claros respecto a la educación y formación de las personas, que muchos de nosotros deberíamos mirarnos en ese espejo. Terminó su  tarea en nuestro colegio y siguió su apostolado en su ciudad natal Villa María por muchos años más.

La verdad, no tengo la capacidad de poder expresar todo lo que Nilda merece que le digamos y agradecerle cuánto hizo por todos nosotros, por nuestro pueblo, porque aunque muchos no hayan asistido al colegio, todos fuimos beneficiarios de su actuar y consecuencias.

Nilda emprendió su viaje a otro plano en el que seguramente ha sido recibida con todo esplendor, ya que su fe fue muy firme y muy profunda.

Gracias, muchas gracias Nilda Nelly Gamacchio.

Ennio Bettiol, desde Las Perdices

 

"La vida me dio la oportunidad de conocer su mejor faceta“

“Referirme a ‘Nilda’, como la conocí hace más de cincuenta años, o a la ‘señorita Nilda’, como la llamábamos en nuestra comunidad educativa, me provoca una agradable sensación de haber compartido muchas cosas con una gran persona, porque fundamentalmente eso era.

Empapó mi niñez por ser tía de un hermano de la vida, siempre cuidadosa y buena, invadíamos muchas veces su casa con nuestros juegos. Era la tía Nilda.

Hace unos treinta y cinco años me propuso hacerme cargo de horas cátedras en el Instituto San Antonio, del cual como se sabe era la rectora. Ante mis reiteradas negativas por cuestiones de labor profesional, insistía constantemente destacando la necesidad de contar con mi aporte (sus halagos me resultaban inmerecidos). Es así que, por el gran cariño que le tenía y porque sabía de sus valores, finalmente acepté. Allí la vida me dio la oportunidad de conocer su mejor faceta, la de “señorita Nilda”.

Estaba empeñada en hacer del Instituto San Antonio uno  de los mejores ámbitos educativos y a fe que lo logró, con una tenacidad, como la que tuvo para convencerme de dar clases, que en pocas personas he visto.

 Capaz, responsable, recta, honesta, líder, conductora, persuasiva, cariñosa, amiga de sus amigos/as, defensora de sus alumnos y de sus profesoras/es. Su presencia era imposible que pasará desapercibida.

Su palabra generaba silencio, convencimiento y respeto. Los alumnos la escuchaban con una atención que en el ámbito educativo no es tan fácil lograr. Pero ella, con su mirada y sus palabras lo lograba. Ese amor por los alumnos/as lograba sus frutos permanentemente. Al igual que a los profesores/as, a los que con su pasión contagiaba de entusiasmo por ser cada vez mejores.

De su alta capacidad generó una fundación que sostuvo con su entusiasmo contagioso y hasta se logró comprar un campo con fines sociales. Todo lo que podía hacer lo hizo.

También podría hablar de la Nilda golfista, pero ese es otro tema, más personal y que se remonta a los primeros renglones.

Ella representa una persona imposible de olvidar, dejó una profunda huella en el camino de la vida, no como mera testigo, sino como protagonista buscando mejorar la educación, que los alumnos terminaran la secundaria, comprendiendo el cabal sentido de la importancia de  “ser ciudadanos” comprometidos, con todo lo que ello significa.

Doy gracias por haberla conocido en distintas facetas y por todo lo que me enseñó con su ejemplo. Siempre estará presente en un dulce recuerdo”.

Dr. Carlos Rodolfo De Falco, exprofesor del Instituto San Antonio

 

"Entre tía protectora y madre enojada”

“Verla entrar era una sensación rara entre esa tía protectora y esa madre enojada, pero ella nunca te soltaba, siempre estaba... Muy avanzada para los  años 90 en que cursé mi secundaria, solo oír sus tacones ya sabías que ella llegaba, impecable no solo en su estética sino en cada una de las palabras que empleaba. Supo ponerse al hombro un colegio donde ya empezábamos a revolucionarnos con la autoridad, donde era difícil poner el límite o siempre estábamos ahí, casi pasando la raya. Tantas charlas, tantas miradas sin palabras donde solo sabías que debías callarte y estabas equivocada.

Yo amé y amo mi escuela y si alguien tuvo que ver en esto fue ella.

Señorita Nilda, mujer poderosa, de presencia firme, de carácter fuerte y de corazón noble, gracias por haber sido tan importante en una etapa de mi vida que me marcó para siempre.

Nos enseñaste hasta dónde se podía y la importancia de ser buena gente.

¡Que tu luz nunca se apague! La Promo 97, nunca te olvidará”.

Melisa Venturato, Promoción 1997 del ISA

 

"Fue piedra fundamental”

“Recuerdo a la señorita Nilda con un gran cariño y respeto por su trayectoria en el Instituto San Antonio. Tuve la fortuna de haberla tenido como profesora de Matemática, directora en el secundario, y luego ‘colega’  cuando me convocó para sumarme como profesora de Educación Física recién recibida, depositando una gran confianza en mi persona.

No tengo para ella más que palabras de agradecimiento, fundamentalmente por ejemplo, por su visión y  tenacidad para cumplir los objetivos, por esa exquisita combinación entre rectitud y gran corazón y por su acompañamiento y respaldo siempre.

Si quienes pasamos por las instituciones vamos aportando y dejando nuestros granitos de arena. Ella fue  piedra fundamental y pilar en momentos claves de la institución”.

Daniela Dubois, decana del Instituto Académico Pedagógico de Ciencias Humanas UNVM

 

"Agradezco a Dios el haberla conocido”

“Nuestra querida señorita Nilda; qué difícil se hace expresar en unas pocas líneas el agradecimiento que siento hacia usted.

Agradezco a Dios el haberla conocido, haber compartido proyectos, sueños, viajes de estudio, largas charlas, muchos consejos.

Agradezco también la confianza que usted depositó en mí cuando me dejó, al jubilarse, la conducción del Nivel Medio del Instituto San Antonio, su ‘primera casa’, como usted decía y a la que le dedicaba todo su tiempo.

Gracias, señorita Nilda, por haber educado en la búsqueda de la verdad; por sus años de trabajo, esfuerzo y dolor, de esperanza y fortaleza; por ser perseverante, coherente, justa y muy valiente; por ser compañera, amiga, consejera; por servir, compartir, brindarse sin medir las consecuencias; por su paciencia, dedicación, entrega, autenticidad; por su alegría y entusiasmo.

Fueron muchas las huellas que ha dejado en todos los que compartimos con usted y sabemos que ahora, desde el cielo, nos guiará y nos marcará un rumbo que nos identifica. Siempre la llevaré en mi corazón...”.

Noemí Pierobón de Tejeda, exprofesora y exdirectora del Instituto San Antonio

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