La grabación se realizó en una estancia en las afueras de la ciudad
Los pasajes de una sesión íntima
La compositora y vientista Milena Lippl estrenó el resultado de “Pensamiento”, un trabajo que incluye tres canciones: un huayno, una vidala y un candombeUna tarde noche de lunes, por teléfono, la música rosarina Milena Lippl habla de azar: dice que cuando era chica heredó, de una bisabuela, una guitarra. Ese, quizás, fue el comienzo. O tal vez no: quizás el comienzo estuvo antes porque si bien no viene de una familia de músicos, en su casa sí escuchaban muchas canciones. Estudió ese instrumento de cuerda -al que se refiere como occidental, europeo- hasta que, por medio de una profesora del secundario al que iba, le llegó otro instrumento; esta vez, de viento: la quena. “Me fascinó, fue un antes y un después conocer los aerófonos no solo por la novedad, sino porque también me abrió un mundo conceptual de cosmovisión que hasta el momento no tenía”, cuenta. Y agrega: “Recibí con mucho amor este conocimiento nuevo”. Entonces, ella, que venía formándose en distintos lugares -entre ellos un conservatorio- tomó una decisión, se quedó del lado de las vientistas y siguió estudiando a los aerófonos andinos: en este caso, flauta, zampoña, sikus.
Después, averiguando, se enteró de que en Villa María dictan la Licenciatura en Composición Musical con Orientación en Música Popular y se vino. Ahora, que tiene 22 años y después de cinco de haber llegado a la ciudad, explica que los aerófonos están poco sistematizados: la bibliografía es poca, la discografía es poca. Las grabaciones que hay, comenta, son austeras y se escuchan mal. Sin embargo, eso la motiva. “Es una mochila que, la verdad, celebro cargar: la de seguir difundiendo”, dice ella, que sigue investigando el sonido de las cañas y que habla de la creatividad propia y del flujo de música que encuentra dentro de sí.
Una nueva forma de relacionarse
Los aerófonos, dice, le permitieron relacionarme de otra manera con los demás y, también, con la naturaleza, con los animales: con todo lo que convive a diario. Y cuenta que a pesar de no haber nacido en una familia “de raíces originarias” sí tuvo mucho contacto con gente de pueblos originarios que realiza rituales -como la challa, por ejemplo, que se hace cada primero de agosto cuando se celebra el Día de la Pachamama-. “Nos enseñan mucho de cómo deberíamos relacionarnos con nuestro entorno”, comenta y añade que los instrumentos de viento, a la vez, permiten controlar el “propio ser desde la respiración, yendo hacia lo más emocional”.
En el plano académico, la compositora señala que, como cada instrumento, estos tienen “un montón de dificultad técnica” y áreas diferentes en las que uno puede especializarse, como la música andina o la clásica. Sin embargo, destaca que con los aerófonos no está tan diversificado el repertorio que se puede tocar, a diferencia de lo que ocurre, claramente, con la guitarra. “Entonces, está bueno empezar a escuchar música que quizás no es de tradición andina con un instrumento que viene de ese bagaje”, explica.
La sesión
En octubre de 2021, Lippl se comunicó con el productor Simón Pérez - de la productora Hogareños, en cuyo canal de YouTube se estrenó la sesión- y empezaron a hablar: la idea era plasmar tres canciones, a las que le gusta decirles “pequeñas suites”. Ella ya se había presentado al mecenazgo de la Municipalidad de Villa María, pero aún no tenía novedades. De todos modos, saliera o no el mecenazgo, lo concretaría. Poco después le llegó la noticia de que había quedado seleccionada y eso fue un aliento porque se pudo dar, digamos, algunos gustos y armó un equipo: Ezequiel Matcovich en Dirección de Fotografía y Cámara, Sofía Scalzo en Escenografía, Leila Mohammadi Nejad en Arte y Estilismo, Pérez en Dirección de Sonido. A ellos se sumaron, además, otros músicos que viven en Córdoba. La capital fue un nodo: allí debió trasladarse para los ensayos. “Fue un proceso que re disfruté pero de mucho movimiento”.
Ese fue el origen de “Sesión Pensamiento”, compuesta por tres canciones: un huayno, una vidala y un candombe. Se grabó, por otro lado, en La Mestiza, una estancia en las afueras de la ciudad, cerca de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM). Después de pensar el concepto, decidieron trabajar en tres habitaciones distintas de la casa. La música que suena pertenece a géneros tradicionales latinoamericanos: sin embargo, dice la vientista, están tratados, respecto de la composición, desde un lenguaje “más contemporáneo, actual, de fusión”, en el que hay “influencias variadas”. De esta manera, comenta, la sesión es “un gran agradecimiento a los aerófonos y a toda la música tradicional”.
El nombre de la sesión -“Pensamiento”-, explica, surgió de ver no solo a la sesión sino también a la música en general como “algo un poco circular: de pasaje por varios sentimientos y sensaciones”. Describe que hay momentos “muy movidos” y otros “muy lentos”: hay intimidad, reposo, silencios, impulsos, avances, idas y vueltas. Y habla de una “idea espiralada” en la que hay mixturas: orden y desorden. Y de ambos se aprende porque, en muchos casos, dice, del caos sale orden.
Por último, se refirió al autor salteño Sandro Rodríguez, que vive en Córdoba, porque una poesía suya aparece tras la segunda canción. “Cuando la leí, pensé que resumía todo el concepto de la sesión: esta cuestión de algo muy individual que se termina resolviendo en una cuestión más colectiva”, dice. Y concluye: “Esta poesía de Sandro que habla sobre los pájaros y sobre ese movimiento de las aves, representa mucho esta búsqueda que fue muy individual desde un inicio, pero que sin la colectividad no se podría haber concretado”.
