Bitácora de una experiencia espiritual - Habrá una instalación artística
“Sincronicidad” o las respuestas inconscientes
La obra, de la escritora Mildred Martínez será presentada el jueves 19 de mayo a las 19 en la Biblioteca y Medioteca Municipal y Popular Mariano MorenoEscribe: Normand Argarate
“Sincronicidad”, el libro recientemente escrito por Mildred Martínez, es la bitácora de una experiencia espiritual que narra el viaje solitario hacia el norte del país, desplazamiento físico y metafórico por geografías terrestres, jalonado por exploraciones anímicas y cuyo propósito es la reinvención de un nuevo modo de vivir. Como lo estableció Carl Gustav Jung, las sincronicidades son un fenómeno psicológico y filosófico que devienen de la simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido pero de manera acausal. A partir de duelos y despojamientos, la autora recorre un camino de conocimientos que la llevará a descubrir nuevos sentidos de la existencia, a rastrear señales y conectarse de manera plena con el espacio, el tiempo y la conciencia de un fluir gozoso del presente. El libro organizado en pequeños capítulos dan cuenta de esa experiencia: “El mapa del mago”; “La danza es una meditación”, “Nomadland”, “Todo síntoma es un mensaje a descifrar” son algunos de los títulos, entre otros, que narran la aventura de expandir la conciencia de sí. En una mesa de café, Mildred narra con serena pasión los momentos en los que decidió abandonarse al camino y simplemente dejar que la sincronicidad la guiara en una secreta armonía.
-¿Cuáles fueron las motivaciones que te llevaron a escribir “Sincronicidad”?
-Las motivaciones son inconscientes, dirían los psicoanalistas… En mi caso, supongo que escribí los relatos que conforman el libro por la necesidad de escribir como actividad en sí misma. Siempre tuve una fuerte conexión con la escritura y con los temas que conforman el libro, como las vicisitudes del deseo que nos liga a la vida, la magia, el arte... Cuando me jubilé emprendí una serie de viajes. Por un lado, para sondear qué nuevos sentidos encontrar en esa nueva etapa y, por otro lado, con una intención más “socioantropológica” digamos… centrada especialmente en explorar la manera en que chamanes y mujeres sanadoras abordaban el sufrimiento psíquico de acuerdo a sus antiguos saberes. Luego sobrevino la pandemia y decidí organizar esa experiencia. Narrar el efecto que el contacto con esos nuevos saberes provocó en mí. A propósito, dice Ricoeur: “La comprensión de sí es narrativa de un extremo a otro. Comprenderse es apropiarse de la propia vida de uno. Ahora bien, comprender esta historia es hacer el relato de ella. Así nos hacemos lectores de nuestra propia vida”. Entonces, otra de las motivaciones fue explorar las maneras de convertir las notas de los registros en material narrativo, alumbrar un sentido que pudiera conmover o interesar a otros. Transmitir una experiencia para crear a su vez una experiencia en un lector.
-¿Cómo podrías definir que esa sincronicidad opera en nuestras vidas?
-Creo que hay una armonía poética en el concepto de “Sincronicidad”. Además de algunos tópicos que comienza a investigar la ciencia, intuimos que detrás de cierto caos de la realidad hay algún ordenamiento. Las sincronicidades, en los relatos que componen el libro, deberían entenderse como mensajes que aparecen en forma de casualidades o coincidencias, para dar respuesta a lo que nos estamos preguntando, buscando o necesitando... Estar al acecho, como dicen los toltecas, aprender a leer las señales que aparecen en nuestro cotidiano. Cuando nos proponemos algún proyecto, una meta, un sueño, el universo elegirá con nosotros, dicen los místicos. Entonces necesitamos atender a esas sincronicidades, leer en nuestras repeticiones, en los mensajes de nuestro cuerpo, en las señales que pueden aparecer en nuestros sueños, en conversaciones, que aparezca súbitamente el dato que necesitábamos para poder avanzar, o la persona que necesitábamos ver, escuchar casualmente lo que trae una respuesta a un interrogante. Si estamos atentos, hay información constante en nuestro campo de percepción.
-En el viaje como forma de exploración interna, y en tu experiencia, ¿cuáles pensás que fueron momentos de revelación?
-Para responder esta pregunta se me viene a la memoria lo que me dijo una trashumante que encontré “casualmente” en Tilcara. “Uno viaja. Sale de ciertas reglas y miradas del sistema. Vuelve a lo primitivo. Empieza a tener tiempo. Mucho tiempo. Tanto tiempo que se aburre. Piensa. Se pierde. Piensa mucho. Se aburre de pensar. Empieza a moverse. En eso de moverse se da cuenta de que algo le gusta. Empieza a actuar y hacer eso que le gusta. Lo hace cotidianamente hasta que le sale. Le sale una vez, dos veces, quince. Sin darse cuenta, aburriéndose, viajando, perdiéndose, abre los ojos...”. Tal vez en un viaje uno está más alerta, sale de ciertos automatismos… Momentos de terrible aburrimiento o de soledad y también de encuentros y hallazgos en los que uno dice “ah, es por acá…”. Entonces comenzás a registrarte y hacer conciencia en dónde pulsa tu deseo, por dónde va la cosa…
-¿Qué te interesa de los conocimientos ancestrales?
-Creo que desconocemos la riqueza simbólica de nuestras culturas originarias, una sabiduría nunca enseñada, aplastada por la colonización. Cosas tan valiosas como la importancia de una relación íntima con la naturaleza, así como con todo lo que nos rodea. Relación de respeto con la tierra y toda forma de vida, tan requerido en estos tiempos en los que estamos atravesando una crisis en las formas de ver y resolver los problemas que nos atraviesan como Humanidad en forma colectiva. Sus métodos de sanación están sustentados en una cosmovisión holística del ser humano. Sus rituales son concebidos como una especie de construcción metafísica, algo actuado primordialmente en clave simbólica, capaz de ser entendido por nuestro psiquismo, que también funciona en clave representativa simbólica. Los códigos andinos encierran una gran sabiduría, son muy profundos y a la vez muy prácticos, nos orientan acerca de cómo tener una vida más plena, más próspera y más digna. Permiten vivir en equilibrio con nuestro entorno. Pasar de la vida mecánica a la construcción de una existencia propia. Por ejemplo, el código “Ayni” o de reciprocidad en el intercambio, lo inferían de la observación de la naturaleza. Si de lo que recibimos no devolvemos nada, la energía no circula y se agota (esto aplicado a todo tipo de relaciones); o el Código Kausay por citar algún otro. Este código nos habla sobre el reconocimiento de nuestra propia existencia. Una cosa es la vida biológica, nuestros programas biológicos con los que nacemos y otra es existir. Existir es una elección, tenemos que inventarnos. Yo soy. Me empodero de mí. Voy al médico a sanarme con él, no a que él me sane. Hago lo mismo, pero cambio el sentido. Al reconocer mi existencia trasciendo la vida mecánica. Todo lo que vibra está vivo y puedo modificarlo. Todo comienza a existir cuando me relaciono. Cuando me relaciono con mis órganos, con la tierra, con los alimentos, con el cosmos…
La presentación
Mildred Martínez es doctora en Psicología, animadora sociocultural, investigadora y escritora. Ha coordinado y asesorado programas de investigación y formación docente en distintas universidades nacionales y extranjeras. Tiene artículos y libros publicados sobre Educación y Culturas Juveniles. El libro “Sincronicidad - señales para reinventarse” fue editado por El Mensú Ediciones y será presentado el jueves 19 de mayo a las 19 en la Biblioteca y Medioteca Municipal y Popular Mariano?Moreno.
La presentación se realizará a través de una instalación artística con un recorrido por diferentes estaciones: musicales, audiovisuales, artesanales y mancias, donde se podrá experimentar sobre los temas que trata el libro.
