Emotivo homenaje a dos referentes de El Diario
Calvo y Menardo, en la memoria colectiva
La actividad organizada por Cooperativa Comunicar, en el marco del 38º aniversario de la fundación de este medio, contó con notable asistencia y participación
La historiadora Milena Lucero, el dibujante y caricaturista Raúl Olcelli y el moderador de la charla-homenaje a Bernardino Calvo y Nino Menardo, Eduardo Belloccio, no fueron los únicos que evocaron y realzaron a las dos personalidades ligadas a la historia de este medio de comunicación.
Lucero pasó “tres años leyendo tres décadas de escrituras de Calvo”. Olcelli compartió la Redacción de El Diario con Dino y Nino. Belloccio fue amigo de ambos. Pero no estuvieron solos a la hora de recordar y poner en valor el aporte que ambos hicieron a la cultura de la ciudad y la región.
La noche del martes, desde el público surgieron las voces del expropietario de El Diario, Hugo Las Heras; el expresidente del Colegio de Abogados, Diego Sobrino; el radiodifusor Ricardo Kestli; el militante político Hugo Ferradans; el reportero gráfico Roberto Zayas; el dibujante Negro Díaz; docentes que fueron alumnos de Calvo, lectores de este medio... todo se sintieron llamados a realizar su aporte, a contar su anécdota, a compartir su conocimiento sobre los homenajeados. Entre los presentes estuvieron también familiares de los referentes de la cultura local que eran evocados, como Angelita y Estefanía Calvo, hermana e hija del historiador.
Dino falleció poco antes que este medio comenzara a ser gestionado por sus trabajadores y Nino poco después.
Luego de que las autoridades de Cooperativa Comunicar dieran la bienvenida a los presentes, Belloccio, titular de la filial local de la Sociedad Argentina de Escritores y secretario general del Centro de Empleados de Comercio, introdujo la charla rememorando sus viajes junto a Calvo a Cuba (para conocer la cuestión periodística, docente, médica, y sindical en la isla) y a Italia (par asistir a un curso de capacitación en la sede de la OIT, en Torino).
Luego recordó que el historiador fue perseguido tanto por la dictadura de Videla, como por la de Onganía, ya que cuando este militar se hallaba en el Gobierno, consiguió que el franquismo le prohibiera el ingreso a España y lo enviara a Portugal apenas bajó del barco en el que había cruzado el Atlántico.
Seguidamente cedió la palabra a Olcelli, quien destacó lo riguroso de Calvo a la hora de abordar temas desde el periodismo.
El dibujante explicó también la técnica de Menardo, quien con tinta china deslizada con plumín o pincel, y en ocasiones empleando el lápiz, abordó como pocos el género caracterizante de la caricatura, el más próximo al retrato. “Nino consideraba que las personas tenían pocas oportunidades de verse reflejadas en El Diario y que querían verse lo más parecidas posible a su imagen real”, comentó, para añadir que por eso de sus ilustraciones se emitían imágenes casi fotográficas.
Recordó, además, que el dibujante que paseó su arte también en medios venezolanos incursionó en los últimos años en la acuarela y el óleo (una obra realizada en esta última técnica es propiedad de Sobrino, quien en la sala comentó que la atesora).
Lucero, estudiosa y conocedora como nadie de la obra de Calvo, dijo que le resultaba difícil comprender cómo era que Calvo podía publicar cada semana durante años en nuestras páginas sus estudios de distintos pasajes de la historia y, al mismo tiempo, el comentario político del medio. Deslizó que solo una mente prodigiosa podía lograrlo con semejante calidad.
Destacó el hecho de que sus escritos no estuvieran impregnados de ideología, no bajaran línea de manera desembozada, aunque conseguía marcar su impronta con las letras; dejar el sello de su pensamiento, que siempre subyacía en el producto de su trabajo.
Las Heras situó a Calvo entre los fundadores de El Diario en 1984, junto a él, Cacho Bernaus, Carlos Sachetto y Oscar Garat. Recordó, además, que cuando estaban pergeñando el proyecto y no estaba listo ni siquiera el ejemplar “número cero”, apareció por la oficina en la que se reunían un joven Juan Carlos Seia y dijo: “Yo quiero trabajar acá”.
Seia, quien se hallaba también presente en el SUM la noche del martes, fue periodista desde el comienzo mismo y también fue presidente de Cooperativa Comunicar, ya en tiempos en que el medio comenzó a ser administrado bajo la órbita de la economía solidaria.
En definitiva, fue un reencuentro a través de la cultura tras los duros meses de la pandemia.
El espacio que lleva el nombre de otro de los íconos de este medio, Raúl José, vuelve a tener las puertas abiertas a las inquietudes que surjan en el seno de la comunidad.
Gracias a todos por venir, por escuchar, por aportar. Fue una noche plena de comunicación, a través del recuerdo de dos grandes trabajadores de la prensa y la cultura.
