Se puede visitar en la galería virtual de la Usina Cultural

Historia del silencio

“Tiempo adentro” es el nombre de la serie que inauguró la fotógrafa Victoria Araujo. Ella, a través de once imágenes, aborda la maternidad
lunes, 5 de diciembre de 2022 · 08:23

Escribe Franco Gerarduzzi DE NUESTRA REDACCIÓN

 

En una sala aparecen dirigentes y se sientan a una mesa y conversan un rato entre ellos hasta que por fin se deciden y comienza la conferencia de prensa y?hacen el anuncio.

O de pronto, en la Cámara del?Crimen, en Tribunales, se abre una puerta y policías acompañan al acusado hasta su silla, donde lo espera su abogado.

O la gente alienta en las tribunas y el árbitro pita y entonces el jugador se acerca a la pelota y la patea y la pelota pasa por encima de la barrera, pero pega en un palo y los defensores despejan y pasó el peligro, y unos hinchas que se agarran la cabeza y no lo pueden creer, y otros que parecen desinflarse, y qué alivio.

O se inaugura una muestra o una escuela.

O una alumna obtiene el primer premio en una competencia de matemática.

O una bailarina fue convocada por tal productora para participar de tal obra en tal ciudad de tal país.

O un grupo de médicos se reúne en el hospital y corta la ruta y protesta porque falta personal y porque no se puede vivir con estos sueldos.

O simplemente hace un calor que parece mentira para este mes y cuánta gente en el río tomando mate, tereré, cerveza y comiendo asado, preparando una picadita.

Entonces, Victoria Araujo, una de las fotógrafas de El?Diario, agarra la cámara y llega a la conferencia, o a Tribunales, o a la cancha, o a la muestra, o a la escuela, o visita a la alumna, o a la bailarina, o va hasta la ruta o al río y mira: es subjetiva.

Casi todos los días, ella hace eso: va a lugares y mira. Fotografía, regresa al diario, descarga las imágenes y las edita. Los periodistas eligen la que prefieren y ya: está listo eso que se conoce como noticia, eso que algunos manuales definen como el «relato de un acontecimiento de actualidad que suscita el interés del público» y que debe contarse «con la mayor objetividad y veracidad posible».

Entre 2014 y 2020, en la Universidad Nacional de Villa María, Victoria Araujo acompañó como ayudante de cátedra a la fotógrafa y docente Candelaria Magliano, de quien se hizo amiga.?Ella no le habló de noticias: le habló de procesos más largos; le dijo que con las imágenes podía contar historias: que el trabajo no fuera para el diario del lunes; que, por el contrario, fuera, digamos, sin tiempo.

El problema era que Victoria Araujo no sabía exactamente qué contar: nada la atraía demasiado. Mientras tanto, hacía pruebas: esos intentos no los eliminó, pero tampoco los terminó de cerrar. De todos modos, quizá -o quizá no- hayan servido para lo que vino después, con su embarazo.

Pantanetti, la mujer fotografiada, trabaja como doula

Hacia fines de 2017, principios de 2018, cuando cursaba el tercer o cuarto mes, quería hacer gimnasia preparto. Encontró un sitio, pero además conoció a Antonella Pantanetti, una doula: una mujer nacida en Bell Ville que acompaña a otras mujeres -y sus familias- en esto de tener una cría en la panza, de parirla, de cuidarla. Hacía talleres grupales en los que, dice Araujo, todo era expectativa, ilusión, proyectos, alegría: todo eso que, dice también, se derrumba después, con el nacimiento, aunque una sigue contenta, por supuesto. Pero qué se le va a hacer, dice, las hormonas hacen lo suyo.

Se juntaban una vez por semana: las rondas de embarazadas se hicieron hasta marzo de 2018. Y poco después, en junio, esas rondas se convirtieron en rondas de puérperas. Eran diez: algunas eran primerizas, otras tenían mellizos, las menos ya tenían dos o hasta tres chicos. Charlaban sobre lo que sentían, sobre sus malestares, sobre lo que les pasaba y que nadie, ni los médicos, les explicaba. “Y encontrábamos las respuestas en estas reuniones. O no. Tratábamos. No es que siempre llegábamos a alguna conclusión”, dice.

A esta altura, Araujo -que tenía licencia por maternidad- y Pantanetti ya eran amigas. Ambas querían contar una historia: la de las madres, la de sus silencios.

Así empezaron las sesiones.

Así, Victoria Araujo inauguró “Tiempo Adentro”, la serie de once fotografías, en blanco y negro, que se puede visitar en la galería virtual de la Usina Cultural (ver viñeta en la parte superior de esta página).

Las tomas se hicieron en 2021, durante tres o cuatro meses, cuando el segundo hijo de Pantanetti tenía apenas días: pleno puerperio, plena pandemia.

“No nos podíamos extender demasiado, porque lo que queríamos captar eran los primeros momentos; pero a la vez tampoco se pueden hacer sesiones demasiado largas ni demasiado seguidas, porque la mamá se cansa, el bebé se cansa; hay que encontrar el momento y encontrar el horario”, dice Araujo.

A veces era a la mañana, a veces a la siesta y a veces no era, y otras veces había que improvisar o amoldarse si Pantanetti estaba descansando o atendiendo a su otra hija, que por esos días tenía dos años.

Había que ejercitar la paciencia, respetar los tiempos, los lugares, los olores, lo que pudiera afectar los sentidos del bebé, el ánimo de la madre. Había que esperar para volverse invisible, para pasar desapercibida, para que las cosas sucedan: para que la cámara no incomode, para que se genere confianza entre fotógrafa y fotografiada, para ver a Pantanetti con su bebé en brazos sobre el inodoro o para verla en la cama, con una sonrisa leve que recae sobre la criatura y con parte de la remera mojada -en la zona del pezón- porque tal vez recién la haya amamantado.

Victoria Araujo habla de una mujer deshecha: completamente deshecha. Que además cuida a la carne de su carne, que está ahí, frente a ella, indefensa. Habla de una vulnerabilidad sin bordes. “Lleva muchos meses volver a encontrar el límite, tanto físico como emocional. La mujer lo siente, pero no lo sabe plantear o no se anima, porque qué va a decir si en la publicidad vemos al bebé hermoso y a la mamá feliz, divina”, dice.

Y las madres, dice, están contentas. Pero, al mismo tiempo, puede que no. Y puede que ni siquiera sepan qué es lo que está ocurriendo. Pueden no saber qué sienten. Se trata, al fin y al cabo, de eso: de algo irremediablemente contradictorio.

 

Muestras para todos los gustos

El ensayo “Soy quien no ha de morir”, de Gonzalo Vega; “Biología y forma”, de  Melanie Deálbera; “Yendo de la cama al living”, de Carolina Ramírez; y “Versos cristalinos”, de Edith Vera, son otras de las muestras que se pueden visitar, además de la de Victoria Araujo, en la galería virtual de la Usina Cultural, a través del portal: https://usinacultural.unvm.edu.ar/

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