Un cable a tierra y una meta alcanzada

Su cuerpo y la danza, “el canal más genuino de expresión”

La bailarina villamariense Emilia?Gill fue convocada para participar del videoclip “La nena de Argentina”, de la artista María Becerra y, en este sentido, contó su experiencia
martes, 13 de diciembre de 2022 · 08:30

Ya pasó alrededor de un mes. La bailarina Emilia Gill no sabe exactamente qué estaba haciendo aquella vez, pero sí recuerda que sucedió un mediodía: le llegó a su Instagram -@emilitta14- un mensaje de Rocío Núñez. Ella es coreógrafa y Emilia la tenía vista en redes.

Le pidió su teléfono y la invitó a participar -bailar- en el videoclip de una chica de 22 años nacida en Quilmes, con la que trabaja.

“Creo que me contactó porque unos amigos de ella me conocen a mí”, dice por teléfono la villamariense de 21 años,  Emilia Gill una mañana de domingo desde Buenos Aires, adonde se fue a vivir este año.

“No me lo esperé”, cuenta, ella, que ya había trabajado antes con una rosarina de 22 años que se llama Nicki Nicole.

Sin embargo, dice que esto fue una sorpresa: no era para menos. Después de un solo ensayo, breve, de no mucho más de dos horas, una semana después del mensaje  de Núñez ya estaba rodando el videoclip con esa chica de 22 años nacida en Quilmes que compone y canta y baila y se llama María Becerra.

Se filmó un día: fueron doce horas, en el Hipódromo de San?Isidro -donde se realiza desde hace algunos años el Lollapalooza-.

Hubo momentos: por la mañana las maquillaron y peinaron.?Luego se vistieron. Grabaron por la siesta y se quedaron hasta la tardecita porque necesitaban que anochezca para algunas tomas.

El video, llamado “La nena de Argentina”, se estrenó hace cuatro días y cada vez está más cerca de alcanzar los dos millones de visualizaciones en YouTube.

“La verdad, superagradecida. Significó un montón para mí que recién me vine a Buenos Aires este año y las oportunidades se me están dando ahora. Un bailarín aspira a profesionalizarse y para mí fue todo un logro, una meta alcanzada. Esperemos que se vengan más”, dice.

 

Un recorrido

Emilia tenía 6, 7 años cuando empezó a bailar. “Hacía más ritmos latinos; me formé en Alma Latina, en Villa María, con Pao Quiroga”, menciona.

Así, pasaron los años. En 2018, cuando terminó el secundario, se mudó a Córdoba para estudiar Psicología. La carrera no duró mucho: la abandonó y se metió cada vez más en el “mundo del hip hop”. Tomó clases de estilos urbanos, de coreografía.

En la capital permaneció un tiempo, con la pandemia en auge, y con el virus aún instalado, se volvió a Villa María y se encerró en su casa, donde siguió entrenando.

Cuando la situación se alivió, regresó a Córdoba y, desde 2022, está en?Buenos Aires. Ella dice que, haciendo cuentas, hace cuatro años que se está dedicando “full” a esta disciplina.

“¿Qué encuentro en la danza? Es mi canal más genuino de expresión. Sinceramente, probé con un montón de cosas y la danza es lo que más me llena. Es mi cable a tierra. No me imagino mi día sin la danza. Suena un poco cliché. Es lo que me mantiene motivada”, explica.

Y, dice, este año lo comprobó aún más estando sola en Buenos Aires, que no es lo mismo que Córdoba.

“En Córdoba estuve más tiempo y pude hacer más amigos. Y en el ambiente es más amistoso. No hay tanta competencia como acá, en Buenos Aires. Acá hay muchas más personas, las clases son mucho más masivas y es competencia pura. En Córdoba hay otra mirada de la danza; compartir con el otro, cebarte con el otro, apoyar lo que hace el otro todo el tiempo. Y acá no tanto: es más competitivo, pero está buenísimo igual, te pone en otra sintonía”, describe.

Al principio le costó adaptarse porque en?Córdoba están todos sus amigos y en?Buenos Aires tuvo que “sociabilizar” otra vez. Y, dice, lo importante es mostrarse para que aparezcan trabajos.

“Porque podés tener todo el talento del mundo, pero si nadie te conoce no sirve mucho. Voy a las clases y sea donde sea lo doy todo: no importa dónde esté. Creo que no compito con el otro, sino que la competencia es más conmigo misma: lo dejo todo, lo doy todo y veo hasta dónde puedo yo misma”, señala.

Por último, comenta que a lo largo del año ha tomado distintas clases, dependiendo de lo que quería entrenar. El freestyle fue uno de los estilos, dice, que  más la ayudó a “formar su esencia”.

Y agrega:?“Hay distintas formaciones. Venís, pagás el pack de clases, doce clases al mes o veinte y tomás con los profesores que quieras”.

Así, dice, no tiene una rutina en el sentido estricto.

Es, si se quiere, la Emilia que quiere cuando quiere.

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