Libros en la Casa de la Cultura de Villa Nueva

Belloccio por dos

Una noche de versos e imágenes bajo la parra mágica de una casona magnífica. La presentación de dos libros juntos de un mismo autor no se da todos los días
sábado, 5 de noviembre de 2022 · 08:55

Eduardo Belloccio dedicó su primer poema a su mamá. Tenía apenas 6 años. ¿Precoz? No. Sucede que era zurdo y eso estaba mal visto en la época, por lo que tenía una maestra particular que le enseñaba a escribir con la derecha y, de paso, el abecedario. Es decir, que leer y escribir ya era lo suyo cuando ingresó a primer grado.

Varias décadas después, llegó ese momento tan profundo que cada uno vive como puede: el de desarmar la casa de nuestros ancestros. ¿Qué hacemos con la máquina de coser de mamá?, se preguntaron. Mientras miraba la Singer, Eduardo abrió uno de los cajoncitos que tenía a cada lado y encontró sus versos iniciales...

Al día de hoy, sigue escribiendo. Y la noche del jueves presentó no uno, sino dos libros:  “Amarte así”, que tiene ya 11 años, pero que nunca había tenido su noche, y la última obra de su producción, un compendio de imágenes y versos, “Postales de la memoria”.

El primero contiene un solo poema que se desliza por todas las páginas y denota su gusto por Hamlet Lima Quintana y Jaime Dávalos, y que además, fue musicalizado por Daniel Altamirano, el que invitó a cenar al creador. Ese libro explica también por qué los asistentes a la Casa de la Cultura de Villa Nueva, algunos provenientes de General Deheza, La Carlota, Buenos Aires, Córdoba capital, Catamarca y hasta desde España, mire, se sintieron por momentos en una peña, en una reunión de amigos, lejos de la estricta y pulimentada lógica que suele aplicarse en las veladas literarias.

Ayudaba ese patio y esa parra que fueron de la familia Pereyra. Claro que las palabras también. Y las imágenes...

“Postales de la memoria” incluye fotografías de Eduardo Pin, quien le pidió al poeta que le pusiera palabras. Y también poemas de Belloccio que le pidió al reportero gráfico Roberto Zayas que le pusiese imágenes. Y fotos que el propio autor captura, sobre todo esos “atardeceres ensangrentados” que ofrecen las dos Villas, cuando el sol se cansa de patear con los chicos en los campitos, de pasear con las chicas por la costanera.

Una orilla, la otra orilla, la ribera, la costanera, Villa María y Villa Nueva. Un poema, lo de Belloccio.

Zayas dijo que el poeta se sorprendía y le preguntaba cómo había sido capaz de captar en aquel lapacho, en ese jacarandá, lo que él había visto...

Y el vicepresidente de la SADE nacional, el villamariense Ernesto Fernández Núñez, explicó por qué esos versos remiten a una ciudad de los años 70, que “era un gran living, donde la gente se juntaba a dialogar”, donde la bohemia habitaba cómodamente y donde las risas y la felicidad solían ser contagiosas.

“Es un libro que apunta a un mundo que vivimos y que añoramos”, agregó.

Lo cierto es que muchos se sintieron llamados a intervenir desde el público, a preguntar y... a cantar. Fue a capella, porque las cosas iban fluyendo así, naturalmente. El micrófono fue de mano en mano, tango, valsesito, zamba... El mismo Fernández Núñez, Graciela Donatto, Carlos Noriega, Ricardo Kestli, Claudio Toro...

En ese patio que la secretaria de Cultura, Marcela Unzuetta, y sus colaboradores, Vanesa, Yoni y Gustavo, habían acomodado con esmero, nada podía salir mal: la casona también un poema y bajo la parra estaban Belloccio y sus amigos.

S.V.

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