Una mirada sobre la obra teatral “Cápsula”
Quien mira hacia adentro despierta
La propuesta del Teatro de Herejes trae consigo un baño de realidad. Un sinnúmero de trabajadores del arte en escena nos invita a viajar por nuestros sentimientos y también a ejercitar la empatía?Tal vez sea injusto y todo lo contrario a lo que aconsejan los sabiondos del periodismo, pero hay una frase del pionero de la psicología profunda Carl Jung que dice: “Quien mira hacia afuera sueña, quien mira hacia adentro despierta”; pero es que no existe otra expresión más sintética respecto a lo acontecido en uno mismo cuando el arte ataca.
Subir y bajar escaleras por el Chalet Hereje (gracias al teatro) es habitar doblemente los tiempos que vivimos. Con 14 actores en escena, además de un gran equipo de producción por detrás, el Teatro de Herejes presentó el pasado fin de semana “Cápsula”, una obra que, mediante un gran ramo de textos, metáforas y movimientos, expone al COVID-19. Así, sin más.
El coronavirus es la situación que todos atravesamos y allí también nos parecemos. La vida está condicionada y las actividades diarias se hacen por o gracias a la infección. En medio de esta nueva jerga donde abundan las palabras como “hisopado”, “distanciamiento”, “contacto estrecho” y donde ahora el término “positivo” es lo más negativo que podamos encontrar, el arte supo mutar, transformarse, cuidarse, transformarse, sobrevivir y movilizarnos.
Con ese marco, y en una obra-viaje que promedia 45 minutos, la realización dramática de vanguardia dirigida por Andrés Brarda invita al espectador a recorrer (bíper en mano) un chalé de 1930, habitación por habitación. Tras cada umbral o bambalina, uno se encuentra con distintos intérpretes (que es distinto a decir “personajes”): presidiarios, médicos, enfermeros y enfermos, adultos mayores, mujeres violentadas y personas con un celular en sus manos. En realidad, uno no se encuentra con ellos, uno termina encontrándose con uno mismo, siendo esto una especie de autodescubrimiento.
En cada cuadro del gran álbum de la selva social hay voces de todos nuestros protagonistas a través de un ejercicio actoral impecable. El aislamiento, el contexto social, los silencios ensordecedores y la catarsis son una constante que nos interpela. A través de cada ventana (nos) observamos en una mujer que atiende una feria mientras se ocupa de sus hijos y sus tareas; escaleras arriba, dos personas adultas mayores realizan una travesía introspectiva que se transmite con humor, pero lo gracioso o grotesco no evita que el mensaje llegue y nos interpele.
Definir cada “cápsula” que el espectador debe recorrer sería inapropiado para definir la experiencia teatral, por eso la invitación y las puertas están abiertas para ingresar, tomar el aire suficiente en los pulmones y sumergirse en lo más profundo que nos habita por estos momentos.
Con textos premiados y reconocidos a nivel nacional, las tablas volvieron a sonar y es la más maravillosa música. Y el mérito es doble, bien saben en tal escenario de metamorfosis... si hasta hubo venta de churros y feria de prendas para poder sostener la dignidad de aquellas personas que necesitaban tragar saliva y poder continuar. En realidad, nosotros los necesitábamos más que ellos a nosotros y la respuesta está en cualquier situación en donde den sala, el telón se abra y los sentidos acompañen.
