Entrevista a Martín Sappia
El espectro de Jorge Bonino
Se presentó en la sala INCAA de nuestra ciudad, la película “Un cuerpo estalló en mil pedazos”, ópera prima de Sappia y que motivó interrogar una vez más la figura de quien fuera un verdadero inclasificable del mundo del arteLa definición de espectro puede referir tanto a un fantasma como al modo en que se distribuye la intensidad de una radiación de acuerdo a una cierta magnitud, como la energía o la longitud de onda. Y en un sentido u otro la figura del actor Jorge Bonino sigue tan inaprensible como destellante. Un espectro que se nutre de su propia leyenda.
Semanas atrás se presentó en la sala que lleva su nombre, del Espacio INCAA de nuestra ciudad, la película “Un cuerpo estalló en mil pedazos”, ópera prima de Martín Sappia y que motivó interrogar una vez más la figura de quien fuera un verdadero inclasificable del mundo del arte. Con los pocos rastros que quedan de quién es considerado, el “primer mimo sonoro del mundo”, Sappia construye un relato coral, que arman una figura prismática y al mismo tiempo, un espacio para una ausencia significativa. De la increíble trayectoria de Bonino solo quedan algunos afiches de sus espectáculos “Bonino aclara ciertas dudas” y “Asfixiones o enunciados”; unos minutos de grabaciones en las que se lo escucha hablar, cantar y gritar (a veces en castellano y otras en un idioma inventado que no significa nada, pero que todos entienden); un video de Marta Minujín en el que Bonino sólo gesticula y corre a los saltos por un parque, y una escena de la última película de Leopoldo Torre Nilsson, “Piedra libre”, en la que interpreta a un cura. Apenas con esos documentos, la película deviene en poema visual para lograr capturar ese espectro tan evanescente como huidizo. Bonino borró sus propias huellas cuando arrojó al fuego todo su archivo que registraba su increíble paso por el Instituto Di Tella, verdadera meca de las vanguardias argentinas en la década del 60 y 70, y su alucinante gira por Europa.
Creador de un lenguaje inventado y que se pretendía universal, Bonino recorrió los teatros del mundo. En el reportaje que le realizara Tamara Kamenszain, el actor responde: “Inventé un idioma incomprensible que no quería decir nada. O mejor dicho: decía lo que cada vez quería o podía decir. Era algo como enunciación pura, y no dependía solamente de mí, sino de los que estaban presentes. La gente siempre quiere saber lo que quiere decir todo: esto no quería decir nada, nada más que lo que a cada quién se le antojaba que dijera. Cuando lo planeaba, pensaba en un acto político, de aglutinación, único e irrepetible. Pero como fue éxito, el público se entusiasmó y tuve que representarlo una y varias veces, y hasta me invitaron a hacerlo en el Instituto Di Tella, donde también hacía un montón de cosas incomprensibles. Luego pensé que lo mío se trataba más bien de un acto religioso, esencialmente teatral: una ceremonia de reunión, de comunión. Allí, como en todas las ceremonias religiosas, nadie entendía mucho lo que pasaba, pero se sentían bien de estar reunidos; no me arrogo la condición de sacerdote, no; pero en ese lugar se producía una especie de discontinuidad con lo profano al que las personas acudían esperando encontrar explicaciones que yo no podía dar, por lo que inventé una liturgia diletante y variable, al punto de que alguien podía asistir a una, a dos o varias funciones sin sentir que ya había visto el espectáculo…Era un ritual que yo conducía con mas intuición de la angustia humana que vocación trascendente... un ritual en el que los asistentes se veían representados a sí mismos en una mera prosodia sin lenguaje real, o con un lenguaje reinventando cada vez”.
Cuando uno se adentra en la historia de este increíble actor, es imposible no quedar atrapado por la fascinación. Por ello hablamos con Martín Sappia y como fue el proceso de seguir la estela de un personaje inclasificable.
-¿Cómo fue que conociste la figura de Bonino?
-La primera vez que escuché sobre Bonino fue en el año 1994 en unas jornadas que se realizaron en el Centro Cultural España de la ciudad de Córdoba, allí me contaron quién fue. Mi madre, que es actriz de teatro también me habló de él. Por otra parte, mi padre lo había visto actuar cuando Bonino regresó de Europa. Pero como todos, solo había escuchado una parte de la historia. En el 2014 me encontré con un libro, editado por Caballo Negro donde se transcribe una entrevista que le realizara la escritora Tamara Kamenszain, también hay un texto de ficción de Marcelo Casarín donde hay una transcripción de los pocos minutos que quedaron de una grabación de una entrevista que le realizara Oscar Del Barco, y también un texto de Jorge Pistocchi, y allí quedé fascinado por el personaje. Cuando fui a buscar más información, me encontré con nada, me encontré con una especie de vacío, entonces me pregunté “¿qué pasa?, ¿por qué no quedan casi registros?”
-A partir de esa pregunta y como señalaste en la presentación, el proceso de filmación se asemejó al rastreo a un fantasma. ¿Es Bonino, un gran fantasma?
-Cualquier personaje mítico, porque Bonino es también un mito, y por lo tanto no deja de ser un fantasma. Tenemos mitos vivientes, y otros que han muerto, pero tenemos una biografía donde anclarlos, pero en este caso es un mito en el cual no hay registro, no hay registro donde uno pueda ver que se da cuenta de su existencia, entonces al no haber eso, se convierte en un fantasma, en un espectro. Seguir un espectro es fascinante, porque cualquier dato que aparece ilumina, y sobre todo cuando los datos son contradictorios, porque hacen surgir una ficción más. Es un trabajo permanente entre el documento y la ficción, y donde siempre termina ganando la ficción, pero en el sentido de la más bella imaginación.
-Sin contar con demasiada documentación, lograste reconstruir la fugacidad de una vida que brilló. ¿Fue el lenguaje poético el que te permitió resolver esta situación?
-Debía escuchar al personaje, cuando uno hace una película sobre un personaje uno debe tener un diálogo con él, ficticio o real. En este caso como el real estaba vedado, debía construirlo, y esa construcción me llevaba a la conclusión que no podía hacer una película como si fuera un Wikipedia visual. Entonces busqué la formas, y que esas formas dialogaran con el personaje, fue así como fueron apareciendo espacios, recorridos, que tenían que ver con su profesión de arquitecto, su andar en la ciudad. Comenzó a formarse la posibilidad de diseñar una ciudad Bonino, hecha de todas las ciudades que transitó y habitó, y todo ese proceso modeló las formas que a priori no era hacer una película poética. Se convierte luego, en poética por cómo se entrelazan las formas elegidas.
-¿Por qué el título “El cuerpo estalló en mil pedazos”?
-Surgen de las mismas entrevistas donde advierto algunas cosas que comienzan a repetirse. Así como también muchos testimonios se contradicen entre sí, hay que tener en cuenta que hice mas de cincuenta entrevistas. Así como se contradicen, también hay coincidencias, palabras que se repiten o frases como “Jorge era un estallido, un fulgor, una luz”. Definiciones que se repiten y además Bonino, aparte de poseer un lenguaje inventado, era fundamentalmente un cuerpo en escena, un cuerpo en acto. Entonces la presencia del cuerpo y su estallido en todos esos Boninos que cada uno recrea. El documental no buscaba una idea de certeza, sino que era como jugar con partes, armar con todo lo que iba surgiendo, lo que aparecía en el camino, y el estallido como idea de composición. Y también me gusta pensar que cada espectador puede unir esos destellos como cada uno quiera.
-Si tuvieras que definir a Bonino...
-No me animo y no me gustaría definirlo. Me gusta pensar en él como un personaje fascinante, fascinación por lo que él genera, porque yo no lo conocí. Es maravilloso como una persona ausente desde hace varios años genere comunidad.
-Esa capacidad de reunir a las personas, de lograr empatizar a un nivel profundo.
-No me gusta hablar en términos grandilocuentes, pero si hay un legado de Bonino es la comunidad que ha generado en torno a su trabajo.
Sobre Martín Sappia
Desde 1995 trabaja como editor. Pero desde el año 2005 ha alternado proyectos tanto como editor de imagen como de sonido. Radicado en España durante 12 años, además de su trabajo como editor de imagen y sonido dictó clases en la Maestría de Cine Documental de la UAB de Barcelona. Comenzó como editor en Córdoba y Canal A. Luego desarrolla la carrera como editor en Barcelona. Allí trabajó en más de 50 documentales para TVE Española, TV3 Cataluña y Barcelona TV. De sus trabajos para cine destacan Sibila de Teresa Arredondo (Chile), Los Pasos de Antonio de Pablo Baur, La casa del meu pare de Francina Verdés (España). Como editor de sonido Escuela de sordos de Ada Frontini, La laguna de Juncos y Bottaro, El grillo de Matías H. Córdoba, Iván Z de Andrés Duque, La tierra en Marte de Isaki Lacuesta. Para TV edita la serie Vuelo de Cabotaje con Marcos López. Dicta el seminario montaje y documental en el Postgrado de Cine Documental de la Universidad Nacional de Córdoba.
