Entrevista - La pasión por el baile, en especial las danzas españolas, la llevaron a cumplir un gran sueño
Alicia Rolfo, una vida sobre el “tablao”
La bailarina, coreógrafa y profesora villamariense presentará mañana a las 21, un espectáculo de flamenco en el altar de la Catedral junto al Ballet de la Nueva Andalucía, integrado por destacadas profesionales de esta ciudad y del interior provincialLa Saeta, en la versión de India Martínez y Salve Rosiera, serán las dos piezas que interpretará mañana a las 21, en el altar de la Catedral de Villa María, el Ballet de la Nueva Andalucía, dirigido por la profesora Alicia Rolfo, encargada también de la coreografía del espectáculo, que promete gran despliegue y colorido.
El cuerpo de bailarinas que acompañan a Rolfo en esta puesta ciertamente novedosa, está compuesto por la profesora Camila Gudiño, de Arroyito;?la profesora María Nélida Argüello, de Río Cuarto; Giovanna Mancini y Luz Guzmán, ambas también de Río Cuarto;?la profesora Melina Rossi, de Hernando; Yusmarys Bustamante Pons, Antonella Carranza Menardi, Julieta Losano, Tiziana Sisi, Lucero Balarin, Adamelys Bustamante Pons, todas de la misma localidad.
También integran el elenco las bailarinas villamarienses Macarena Rossi, Milena Tosello, Sofía Salas Picca,? Flavia Moreyra, Celia Méndez, Norma Giuliani, Paula Vicente y Liliana Cejas.
“Puede que suene un poco raro lo de bailar en el altar de la Catedral... yo fui a pedir permiso para hacerlo en el atrio, pero el padre Pedro se interesó mucho y me propuso hacerlo en el altar”, explicó Alicia Rolfo, visiblemente emocionada por la oportunidad, la puesta y la apuesta que significa lo que ofrecerán al público mañana por la noche, después de misa.
La llave a un mundo mágico
No todo es lo que parece. En el caso puntual de Alicia Rolfo, una leve malformación de nacimiento en su pie izquierdo, se convirtió muy pronto en la llave de una puerta que la condujo al mundo mágico del que no volvió a salir nunca, y no tiene intenciones de hacerlo.
“Empecé a bailar a los 3 años, por un problema en un pie; porque en aquella época, no había otra cosa para rehabilitarlo, que la danza. El pie no se me corrigió, pero yo sigo bailando. amo la danza. Nací con el pie izquierdo totalmente plano, sin arco. Y el médico les dijo a mis padres que la danza me iba a ayudar, y así empecé con la danza. Y todavía sigo, a los 70. Y cuando cumplí 5 años, ya me había enamorado de la danza para siempre y supe que esto es lo que quería hacer por el resto de mi vida. Para mí, la danza es un cable a tierra, algo que no tiene que ver con el dinero ni con el trabajo, sino con el espíritu y el alma. Comencé aquí, en Villa María, con Mirta Degiambatista, quien aún vive y está en San Luis. Es de la Escuela Superior de Danza, y me recibí en Buenos Aires en 1968, en el Teatro Lasaye. Tengo matrícula y todo. Y desde entonces, sigo estudiando, porque en esto, no se puede parar. Seguí tomando cursos, con grandes maestros. Me recibí de danzas clásicas, tap (zapateo americano) y danzas españolas. Pero lo mío es la danza española, yo me dediqué a la danza española; colgué las zapatillas de punta”, cuenta Alicia, entre sonrisas.
“En aquello años, nosotros no conocíamos el flamenco. La danza española se divide en cuatro ramas: escuela bolera, clásico español, regional y flamenco”, especifica Rolfo, haciendo gala de su perfil docente”.
Sueño cumplido
“Hace tres años, una alumna mía, Brenda Ricciero, se iba a España a tomar cursos y seminarios, y vino a verme para Navidad. Me dijo ‘el 7 de abril nos vamos’. Yo me alegré mucho, porque una alumna mía vaya a bailar allá es un honor. ‘No, no. Nos vamos’, me dijo. O sea, Brenda y su familia me regalaron el viaje y me cumplieron el sueño. Yo nunca había ido a España. Justo antes de la pandemia pude cumplir el sueño de conocer ese país maravilloso. Yo siempre hacía seminarios con maestros que venían de España, pagaba fortuna, pero nunca había viajado. Así que salimos las dos, de Córdoba, en un vuelo directo hasta Madrid, donde estuvimos 10 días, tomando clases en la escuela Amor a Dios, que es donde está el Ballet Nacional de España, con unas maestras impresionantes, en una escuela que, bueno, todos soñamos con algo así: cuatro pisos, cada piso con 14 aulas y una galería donde están los retratos de todas esa bailarina que yo había estudiado... algo increíble”, cuenta, visiblemente emocionada, Alicia, rememorando su viaje a su país de las maravillas.
Y después, Sevilla, Andalucía, los tablaos, las bailaoras y los bailaores, la Plaza de Toros, las corridas. “Yo había viajado tantas veces con la imaginación y a través de las películas por esos lugares, que era como si los conociera”, concluyó Alicia.
