Juan Carlos Baglietto y Lito Vitale, en el Verdi
Treinta años de deleite musical
La destacada dupla celebró tres décadas con bellas obras del repertorio popularAsistir a un concierto de Juan Carlos Baglietto y Héctor Facundo “Lito” Vitale es, saber de antemano, que el menú musical será pródigo en bellas perlas del repertorio popular latinoamericano.
Pero el deleite en la escucha también se correspondió, en este caso, con una apreciación visual adornada por una sencilla pero exquisita puesta lumínica y una gestualidad escénica, a merced del rosarino, que bien se agradece en este regreso franco a la presencialidad en los recitales.
El domingo por la noche, y en el Teatro Verdi, la destacada dupla, acompañada por Julián Baglietto en batería y voces, celebró 30 años de la edición de su primer álbum conjunto: “Postales de este lado del mundo”.
La anécdota, contada varias veces por Baglietto, que sirve de preludio a ese disco es bastante peculiar: al filo de la década del 80 y a principios de los 90, con la “hiperinflación” pisándoles los talones y con un sello que decidió no proseguir con el proyecto musical del cantante que ya había agendado un estudio de grabación, Baglietto llama a Lito y le propone: “Hagamos un disco para chicos”. El nacido en Villa Adelina le responde: “Mejor hagamos un disco para grandes”.
Hasta el momento despacharon juntos siete placas más, que componen un recorrido personal, creativo y variopinto que oscila entre la trova rosarina, pasando por sus amados tangos hasta desembocar en pinceladas de la canción americana, como “Parado” del panameño Rubén Blades, “Qué he sacado con quererte” de la chilena Violeta Parra y la ranchera “Vámonos” del mexicano José Alfredo Jiménez.
Obras entrañables
En este concierto echaron mano a páginas entrañables de cada disco. Arrancaron con “Dios y el diablo en el taller” de Abonizio, para seguir con “DLG” de Fito Páez, ambos incluidos en “No olvides…” del año 2000. De esa producción también rescataron “Ese amigo del alma”, la célebre pieza instrumental de Vitale, “Historia del mate cocido” de Abonizio, “Tonada de un viejo amor” de Falú y Dávalos y “Nostalgias” en el segmento del “dos por cuatro” (ambos ya integraban el álbum debut), más la poderosísima versión de “El témpano” al final y “Las cosas tienen movimiento” de Fito, en el primer bis. Ya, de regalo, ofrendaron finalmente "Gricel".
El bloque de música ciudadana contó con una introducción de Lito, advirtiendo que contaba con apasionadas “intervenciones” sobre las piezas de arrabal y con un corolario de Baglietto hablando de la reconciliación transgeneracional de los otroras jóvenes con aquella música inculcada por “los viejos”. Las interpretaciones no solo despertaron aplausos de pie en “Los mareados”, sino una exclamación de la platea: “¡Grande, Gardelito!”.
Los puntos más relevantes en la performance vocal y casi teatral del rosarino resultaron en: “Renaceré, preludio para el año 3001”, esa demencial invención de Piazzolla y Ferrer, “Dorotea, la cautiva”, aquella legendaria musicalización de Ramírez para los poemas épicos de Félix Luna, y la versión rockera de “Piedra y camino” de Yupanqui, para la esperada explosión de los aplausos.
Hasta hubo momento para el “enroque” de roles entre los Baglietto: el hijo ejecutó guitarra y voz en “Contigo a la distancia” mientras su padre golpeaba los parches de la bata.
“Por lo agradecidos que somos por el acompañamiento que han tenido en estos 30 años, deseamos que nos acompañen durante 30 años más”, soltó el cantante a modo de acotación risueña. Probablemente, los que estuvieron presentes harán caso de dicho anhelo con todo gusto.
