Recuerdos, en memoria de Perla Iris Baccari de Buteler
Exótica y refinada como una Perla
Tras el fallecimiento de la primera directora y una de las fundadoras del Conservatorio Superior Felipe Boero, aparecen necesarias reflexiones desde el interior de la instituciónLa comunidad del Conservatorio Superior de Música “Felipe Boero” recibió en las últimas horas la triste noticia del fallecimiento de Perla Iris Baccari de Buteler, su primera directora. En representación de la comunidad de la institución, Germán Ruiz, referente de este espacio, ofreció un escrito que resalta la figura de quien fue una de las fundadoras, que reproducimos a continuación:
En abril de 1966, Perla junto a otras tres profesoras, una secretaria y una auxiliar de mantenimiento abrió las puertas del Conservatorio Provincial (así fue su primitivo nombre).
No es el objetivo de este espacio declamar las virtudes y logros de esta institución, pero sí es apropiado decir que sin la obra de estas pioneras miles de jóvenes de la ciudad y región, en estos 55 años, no habrían tenido la oportunidad de una formación musical pública, de calidad, gratuita (solo se solicita colaboración voluntaria de Cooperadora) y con título oficial. Al mismo tiempo, el Conservatorio es fuente laboral de más de 50 agentes, razón que redobla el sentimiento de gratitud hacia Perla y sus colegas.
Repasando brevemente su currículum vitae podemos decir que Perla Iris Baccari de Buteler, nativa de nuestra ciudad, inició su formación musical a muy temprana edad. Primeramente en institutos privados que existían por entonces en Villa María y en su entorno familiar puesto que provenía de una familia de músicos. Posteriormente estudió en Córdoba, egresando con el título de Profesora de Piano del Conservatorio Provincial de dicha ciudad. También estudió en la Universidad Nacional de Córdoba de donde egresó como Profesora de Armonía. Realizó estudios de perfeccionamiento pianístico con el maestro polaco Jorge de Lalewicz en Buenos Aires. En la esfera laboral se desempeñó como docente de Cultura Musical en el Instituto Secundario Bernardino Rivadavia y fue directora del Conservatorio desde su creación hasta 1992.
Su devoción por el conocimiento le cinceló una especial afición por las denominadas Bellas Artes siendo una profunda conocedora de pintura y escultura lo que la llevó a vincularse con lo más selecto del acontecer artístico de nuestra ciudad y fruto de ello fue la creación de la pinacoteca del Conservatorio durante su gestión. La misma está integrada por obras de maestros de la pintura local y provincial.
Apasionada de su “criatura”, el Conservatorio, no escatimó horas ni esfuerzos para hacerlo crecer a pasos agigantados. Cuando abrió sus puertas en el Conservatorio solo se podía aprender piano y al momento de su jubilación ya existían las cátedras de guitarra, violín, violoncello, clarinete, saxofón, flauta traversa y canto además de coro, orquesta y diversos conjuntos instrumentales y vocales. El puñado original de alumnos fue creciendo y, muchos años antes de su retiro, Perla logró que el Conservatorio fuese catalogado como de “primera categoría” por el número y sostenimiento de su matrícula.
Tal crecimiento hizo necesario espacios cada vez más amplios. Es así que el primer lugar que ocupó en la calle Entre Ríos 749 rápidamente “quedó chico” y se trasladó en 1968 a la “casa de los leones” ubicada en Mendoza y Mariano Moreno. Años después fue necesaria una nueva mudanza y en 1981 se trasladó a la Casona del Doctor Sobral de Avenida Sabattini 51. Esta fue la primera casa propia, fue algo así como el “regalo de los 15 del Conservatorio”. Un gran equipo de gente integrado por profesores, Asociación Cooperadora y vecinos, trabajó para dicho logro. A la cabeza del mismo estaba la infatigable Perla.
En la faz pedagógica siempre fue activa, curiosa y buscaba la excelencia en todo lo que hacía. Se lo exigía a sí misma y con su ejemplo pretendía lo mismo de los demás. Crítica de los planes de estudio, integró innumerables comisiones provinciales para lograr una adecuación de éstos a las demandas de la sociedad.
Una vez jubilada su presencia, sutilmente, se hacía notar cada Día del Maestro con delicadas flores e inspiradas dedicatorias o en los conciertos a los que era infaltable. Para el acto del cincuentenario, en 2016, deslumbró con un extenso discurso que dio cuenta de su lucidez y actualidad de pensamiento ya que en sus palabras no se limitó a referenciar lo histórico sino, y fundamentalmente, a trazar líneas de acción y objetivos a largo plazo para lo que ella consideraba un potencial beneficio para la educación artística en los tiempos que corren. ¡Parecía que nunca se hubiera retirado!
En reiteradas ocasiones tuve oportunidad de estar en su casa, un lugar mágico, colmado de obras de arte, fotos con autógrafos de artistas, fotos del Conservatorio y partituras. Allí, siempre con su voz suave, me preguntaba por el Conservatorio y, pidiendo mi consentimiento, daba sugerencias y consejos. El ambiente de su hogar compendiaba su personalidad: fina, exótica, excepcional. Como una perla.
En ocasión de escribir el libro sobre la Historia del Conservatorio entrevisté a varios docentes y egresados que, entre otras cosas, dieron testimonio de su recuerdo de Perla. A modo de ejemplo citaré el de sus compañeras fundadoras, el de una egresada de la primera promoción y concluiré mencionando sus propias palabras.
Esther Amblard: “Cada una tenía una personalidad muy marcada. Perla tenía una manera de ser muy formal. En lo que todas coincidíamos era en el amor por la música. Nosotras no íbamos por el sueldo. Era el amor a la música lo que estaba por sobre todo y nos motivaba”.
Gladys Ruiz: “Perla era muy formal, su sola presencia imponía mucho respeto”.
Irene Timacheff: “Perla era muy creativa, muy culta, muy fina, una señora, yo la adoraba. Ninguna íbamos por el sueldo. A todas nos encantaba lo que estábamos haciendo. Con exactitud no recuerdo el año pero lo que cuento ejemplifica cuán tesonera era Perla. La “casa de los leones” era divina pero nos quedaba chica. Me acuerdo que un día fui a visitar a Perla y al pasar por la casa de Sobral pensé: “Qué casa linda” y cuando llegué a su casa le dije: “Che Perla, ¿esa casa no podrá ser para nosotros?”. ¡Era un sueño! Perla fue a hablar con alguien, le dijeron que había posibilidades y finalmente se consiguió la casa”.
Susana Vittone: “Era una persona muy culta y muy vinculada aquí y en Córdoba y eso nos abría puertas. Era muy perseverante para lograr objetivos algo muy valioso ya que creo que el Conservatorio es una institución hecha a puro pulmón, porque el Gobierno era poco lo que nos daba. ¡Se hizo todo con esfuerzo, será por eso que lo queremos tanto!”
Liliana Felipe: “Lo que más me gustaba era tocar con Irene. Quería mucho a mis compañeras y a mis maestras. Luego continué en la Universidad de Córdoba estudiando Composición, hasta que los militares la cerraron. Ahí abandoné el piano unos años, pero gracias a Jesusa volví a tocar. Cada vez me gusta más tocar el piano y eso se lo debo a mi maestra del barrio Rivadavia, a Irene, y al Conservatorio. ¡Qué bueno que se abrió el Conservatorio en Villa María! Gracias a Esther, Perla, Gladys, Irene, Susana Vittone, la Bambi y a mis compañeras por acompañarme en aquella aventura”.
Perla Baccari: “Además de mis funciones en el Conservatorio, durante varios años fui profesora en el colegio Rivadavia. Recuerdo que una vez fui a llevar unos papeles, era un día tórrido de diciembre, ya habían terminado las clases y no había nadie del personal excepto el doctor Sobral. “¡Doctor qué hace aquí con este calor!” le pregunté asombrada y él serenamente me respondió: “Es que cuando todos se van yo me quedo a cuidar la casa”. Fue un grande. Siempre procuré relacionarme con gente que fuera referente en lo suyo y eso es algo que te recomiendo Germán”.
Sean estas palabras un breve esbozo de lo que fue en vida esta educadora ejemplar y un humilde y eterno agradecimiento por su legado que, como dije al inicio, enriquece la cultura, iguala las oportunidades de acceso a una educación musical de calidad y es fuente laboral para decenas de trabajadores de la educación.
Gracias totales, Perla Iris Baccari de Buteler.
Irene Timacheff la recuerda desde Francia
“Tengo aún la imagen de Perla, cuando la vi por primera vez, a raíz de la creación de nuestro querido Conservatorio Felipe Boero: una verdadera PERLA por su delicadeza e imagen angelical; por su pureza e integridad; por su perseverancia, sinceridad y búsqueda de la perfección.
Todo ese sentimiento tuve en mi primer encuentro con ella. Al cabo de todos los años trabajados junto a ella pude corroborar todas esas cualidades, a medida que avanzábamos en el proyecto que se hizo realidad. Perla, mi amiga, mi directora, mi consejera, mi colega, mi compañera musical. ¡Cuántas experiencias vividas! Hoy queda en mí un inmenso vacío. Que Dios la llene de bendiciones”.
