El adiós a Cuqui Carballo Ayassa

Con un proyecto frustrado, se fue una apasionada artista

En la medianoche del pasado jueves falleció Nélida Carballo, una villamariense que cultivó las artes y la historia, así como la amistad

“Fue una mujer con una pujanza impresionante, una persona apasionada, honesta y frontal, que sin dudas deja una traza en nuestra sociedad”.

Así recordó una de sus amigas a Cuqui Ayassa, quien dejó de existir en la medianoche del jueves.

Adriana Romero Grau la frecuentó hasta sus últimos días y ahora da testimonio de la influencia notable que tuvo en ella la polifacética villamariense, quien sufrió el sábado 11 una caída en su casa, cuyos efectos agravaron el cuadro de salud que venía sobrellevando desde tiempo atrás.

Adri Romero Grau es formoseña y conoció a Cuqui hace una década. “Soy 40 años menor que ella, pero a ninguna de las dos nos importó. Fui su amiga y de alguna manera otra de sus hijas, o de sus nietas. Nos reíamos mucho, sobre todo cuando le hablaba en guaraní y ella me enseñaba alemán”.

“Era muy minuciosa, anotaba todo, y también generosa: ‘Cuánto aprendo de vos’, me decía”, evocó.

Durante varios años, Nélida Carballo viuda de Ayassa, sostuvo una galería de arte en su domicilio, donde también abrió un café.

Junto con su quehacer en la pintura desarrolló interés por el cine y el ballet, así como por los museos, graduándose en esta especialidad en la ciudad de La Plata.

“Creo que su mayor dolor fue no poder armar un museo con temática ferroviaria a su manera, una deuda que tenía con su padre, quien trabajó en el ferrocarril. Tenía una valija llena de recortes y objetos para exhibir”, cuenta Adri.

Ana Ayassa, una de las hijas de la artista fallecida, afirmó a su vez que su madre “trabajó incansablemente por los valores culturales de su amada Villa María, pero no pudo ver concretado el museo tan soñado por ella”.

“No hay herida ni resentimiento de mi parte, pero sí el dolor de hija, porque este proyecto no concretado la llevó a herir de muerte. Fue parte de su dolencia”, agregó.

“Su legado es tan vasto como la pintura que deja, acervo de arte sacro, colección de innumerables objetos de nuestra cultura”, dijo Ana.

También El Diario consultó a Risieri Bettiol, promotor del museo ferroviario desde 2004. El exmaquinista de la línea Mitre explicó que “con Cuqui nunca estuvimos de acuerdo en que se creara el museo donde está, porque es un espacio muy pequeño. Siempre creímos que el lugar ideal es la propia estación ferroviaria, porque Villa María no es un punto más de la red de trenes. Era un centro neurálgico para toda la provincia. Ahora, parece que van a restaurar la estación y el túnel, esperemos que se traslade allí el museo y se lo amplíe”.

Como pintora, Carballo Ayassa se especializó en transparencias con óleo. Realizó además restauración de obras de arte.

También incursionó en la filatelia, formando dos colecciones, una con estampillas que evocan a artistas plásticos argentinos y otra llamada “Nacimiento, desarrollo y decadencia de la pintura”, la que abarca desde los motivos rupestres en las cuevas hasta la actualidad, pasando por la Antigüedad y el Renacimiento.

Cuqui tenía una severa opinión acerca del arte: “En los últimos años -dijo cierta vez a la prensa- ha habido una decadencia en la pintura, motivada por las bienales que aceptan cualquier cosa como obra de arte. Sé que los artistas que hacen instalaciones tienen mucha creatividad, pero esas cosas no son arte para mí. Un arquitecto de Buenos Aires dice que el resultado de todas las bienales va a ir a parar al tacho de basura, y coincido con él. A lo mejor esto que digo es polémico, pero a mi edad ya soy inimputable”.

En cuanto a los sellos postales, los había definido como “un mundo paralelo”. “Es mi modo de viajar gratis a todas partes y a todos los tiempos. Con una serie, por ejemplo, me voy a Cracovia. Con otra, me voy a un museo de Moscú o a las cuevas de Altamira. Porque los sellos también son eso, una fabulosa galería de arte. Sé que mi colección no tiene mucho valor en lo económico, como el de las llamadas estampillas clásicas, pero me han llevado a países y culturas que no habría podido visitar ni con todo el oro del mundo”.

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