Fabián Lencina creó una escultura sobre uno de los árboles de la casona de don Ata
Artista local intervino un algarrobo de Yupanqui en Cerro Colorado
A pedido del hijo de Atahualpa, Roberto “Kolla” Chavero, el hacedor villamariense elaboró un obra en forma libre durante cinco jornadas de 12 horas de trabajoAyer se hubiese cumplido un nuevo aniversario del natalicio de Héctor Roberto Chavero, conocido universalmente y para toda la eternidad como Atahualpa Yupanqui.
El referente de la música folclórica argentina que naciera el 31 de enero de 1908 en Pergamino y falleciera el 23 de mayo de 1992 en Nimes (Francia), fue recordado en la víspera con distintos homenajes en las redes sociales.
Aprovechando el motivo especial de tributo, El Diario dialogó con el artista villamariense radicado actualmente en Oncativo, Fabián Lencina, quien concretó una pieza escultórica en la célebre casa serrana de Cerro Colorado, que el propio Atahualpa construyera en 1946, cuando se había afiliado al Partido Comunista y era perseguido por el peronismo.
Sobre un ícono cultural
La llegada de Lencina a ese paisaje nutrido de árboles autóctonos como talas, chañares y algarrobos, se debe a un hecho un tanto fortuito. Encontrándose de vacaciones por la zona (Tulumba, el Cerro y alrededores), donde nunca dejó de despuntar el vicio y la pasión por las artes plásticas, un buen día le presentan a Roberto “Kolla” Chavero, hijo de don Ata y continuador del legado musical sobre los escenarios. Gustoso del trabajo pictórico que exhibiera (incluso se quedó con uno de los cuadros elaborados por Fabián en la región), Chavero lo invita a plasmar una intervención especial en la legendaria casona.
“De ese modo, coordinamos para que yo volviera a los días y trabajara sobre un algarrobo muerto, uno de los primeros que acompañó y que le diera sombra a Atahualpa en su estancia en ese lugar. Para mí significó un orgullo enorme, un sueño cumplido y un desafío, porque era la primera vez que intervenía artísticamente en un árbol. Y también un gran compromiso, porque él tuvo plena confianza en mí para que laburara con total libertad. Aunque, por supuesto, debía de hacer algo representativo por la importancia de Yupanqui para Argentina y como ícono cultural que trascendió nuestras fronteras. Por suerte, estuvo muy conforme con lo que pude hacer”, señaló Lencina a este medio.
De ese modo, se abocó a su obra desde el miércoles hasta el domingo de la semana pasada, con jornadas laboriosas de 6 de la mañana a 6 de la tarde. “Trabajé con público siempre, ya que a ese lugar arriban visitantes de distintas partes del país y del mundo. Terminó siendo una escultura, ya que es una obra tridimensional y no simplemente un tallado. Lleva por título Hagamos otro mundo para los niños, que fue una de las últimas frases emblemáticas que mencionara Atahualpa en su vida (forma parte del tema El forastero, cantada en su último recital en Zúrich, poco antes de morir). El se preocupaba mucho por los niños y falleció en 1992 cuando yo, justamente, era un chico”, acotó el artista.
