Acerca de la película “El robo del siglo”

El tramposo argentino

Escribe Víctor Hugo Alvez

ESPECIAL PARA EL DIARIO

Una anécdota cuenta de un número 9 del fútbol local de baja performance, que había tirado a rodar el comentario de que estaba contagiado de una enfermedad venérea para lograr una “ventaja deportiva”.

Al partido siguiente, los centrales contrarios abrían su defensa, cuando Juan Domingo se metía sus manos en la entrepierna. Lo cierto es que ese domingo no concretó ningún gol, y sus detractores agregaron que convirtió un gol en contra, cuando en un saque lateral se la entregó a su arquero, que al temor del contagio dejó pasar el balón hacia la red.

En este caso la “viveza criolla” no dio su fruto, pero subyace en la cultura argentina el tratar de lograr un atajo a través de la trampa o el engaño y lo complicado es que se festeja. Ese comportamiento societario caratulado como una picardía es uno de los componentes distintivos del gen argento.

 

Haciendo historia

Argentina es un país que nació para ser violado, una amplia boca del Río de la Plata escenifica una vagina gigante. En un principio sin importancia, solo servía de camino para sacar el oro del Alto Perú, para luego de la Guerra de la Triple Alianza y la Campaña del Desierto, dar el certificado de defunción a indios, mulatos y criollos.

La Generación del Ochenta, con la idea de licuar la sangre autóctona propició la inmigración: un extranjero que cansado de las guerras coloniales, la Primera Guerra Mundial y las hambrunas, buscó nuevos horizontes dejando el alma en sus puertos y depositando su cuerpo en nuestro país para hacer la América; este hombre disociado, apto en oficios para recrear París en Buenos Aires, y arrendatario de la oligarquía vernácula, desplazó económicamente al criollo, que solo sabía de trabajos camperos (arrear ganado o la doma). De esta segregación económica nace la burla o cachada y la trampa, ante un inmigrante de poco conocimiento de las costumbres locales, una “vendetta” del originario para resarcir su discriminación económica.

 

Un hombre partido

Tendríamos entonces al inmigrante con una visión, material - extractivista, que quiere obtener la riqueza rápido para volver a su patria y recuperar su alma perdida, haciendo lo imposible para sortear la ley, explota al autóctono y evade cualquier requerimiento fiscal (el gringo pijotero); y el originario que desplazado de la economía es buscado solo para combatir al indio; el originario que para tratar de sobrevivir hace todo tipo de trampas y estafas, como escupir el asado para que nadie comiera como el “Viejo Vizcacha” (el negro vago). En esta mixtura tenemos habitantes de una geografía que sienten que no les pertenece, un habitante de un “no lugar”, y por lo tanto estafa, miente y hace trampa.

Un individuo partido que resume en una frase típica: “Este es un país de mierda”. Estos mismos, hoy ciudadanos, también eligen a sus dirigentes y como tal así salen.

“Los argentinos son una manga de chorros del primero hasta el último”, dijo el presidente uruguayo Jorge Luis Batlle (2002). Frase a la que se suma la de José Mujica: “¿Para qué queremos 100 mil cag... argentinos”, toda una definición que no necesita aclaración. Una imagen reforzada por hechos distintivos como “la mano de Dios”, con el justificativo de que si bien el primero fue con la mano el segundo valió por dos.

 

El arte como espejo

Los anteriores son apuntes del “medio vaso vacío” y de una descripción de la matriz iniciática de una singular característica nacional, costumbre arraigada de generación en generación, que fue mutando. La literatura ha dado cuenta de esta particularidad y últimamente el cine se tomó de ella para reflejarla. Eduardo Sacheri, un escritor de la cotidianidad con “Papeles en el viento” y “La noche de la usina” (trasladada al cine como “La odisea de los giles”), así también “Nueve reinas”, de Fabián Bielinski, da cuenta de este detalle desde la ficción, pero más real es “El robo del siglo”, que festeja esa accionar delictivo.

Si hasta Víctor Hugo Morales (uruguayo), ideologizándolo, lo hizo. La Argentina es un país joven, pero con los distintos avatares sufridos la han enfermado, estando en una premenopausia. Está seca y eso duele.

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