Desenlace de una relación turbulenta

domingo, 21 de abril de 2019 · 00:00
El viernes pasado - Se presentó “Atracción fatal” en el Verdi Escribe Juan Ramón Seia DE?NUESTRA?REDACCION “Cada uno es su propio demonio y crea su propio infierno”, dice Esther Goris en un momento en el papel de La Muerte, parafraseando una célebre frase de Oscar Wilde. Goris hace las veces de narradora activa de la versión teatralizada por el prolífico y variopinto director José María Muscari de “Atracción fatal”, aquel recordado thriller de los 80 protagonizado en la pantalla grande por Glenn Close, Michael Douglas y Anne Archer. El viernes pasado se montó la pieza en el Teatro Verdi ante 340 espectadores con un gran elenco de primeras figuras, como Pablo Rago, Sofía Gala, Laura Novoa, Ana María Picchio, Nicolás Pauls y la propia Goris. Aquí, la turbulenta relación que mantienen el hombre casado que engaña a su esposa y una joven, quien decide seguir el embarazo de un hijo suyo, se vuelve igual de caótica que en la película, pero con un final distinto y con algunas cualidades diferentes, producto del entendible aggiornamento de la figura femenina en la actualidad. Fiel al estilo Muscari, la trama se estructura sobre los cimientos de una comedia de enredos, dado que se permiten trazos de humoradas en diversos pasajes, pero pronto se cubre del manto envilecido de la desilusión y la perversión. También, la obra incluye un par de detalles característicos del director, como alguna escena de alto voltaje (Gala queda por unos instantes con el torso desnudo) y la ruptura de la “cuarta pared”, en especial cuando el personaje de Gala brama ante los plateístas: “¡Todos los hombres son iguales!”. La culpa termina horadando por separado a los miembros de la pareja: al hombre casado, por haber engañado, y la esposa, por creerse aburrida. Por añadidura, la culpa es lanzada como red sobre los espectadores. Mientras que la joven, ciega de ira, comienza a irrumpir de cuerpo presente en la vida del matrimonio. Pero su dolor no proviene de la indiferencia recibida por parte de su amante, sino de la soledad, el mal supremo de nuestra era. Al final, la esposa mata a la amante por meterse con su familia, recrudeciendo el melodrama. Como dato singular, en medio de la trama, el esposo plantea la posibilidad de un aborto y la creencia de que la joven “se cuidaba”. Allí se opone la visión del hombre en querer “zafar” de la situación y de la joven de tener el poder de decisión. Incluso, el personaje de Rago suelta en un momento:?“¿Mi palabra no cuenta en este caso?”. Con los lentes de la coyuntura argentina, se entiende como un debate que se ha instalado abiertamente en nuestra sociedad.
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